Por José Hernández
Trump sobre el retiro de Venezuela de la lista de países patrocinantes del terrorismo: “Gracias a la detención y remoción, por parte de mi administración, del antiguo dictador ilegítimo y narcotraficante NM. Ya estamos viendo los resultados de una creciente cooperación con el gobierno interino del país contra los carteles”.
Leer esto tiene interpretaciones de acuerdo al lugar. Por ejemplo, en Doral Florida. La ciudad tiene una inmensa planta industrial y de negocios que atrae trabajadores de todo el sur de Florida.
Desde Weston hasta Florida City hay seres humanos que vienen a trabajar a Doral. Eso son unos 180 kilómetros de diámetro. No hace falta vivir en Doral para sentir la tragedia. La ciudad, en un apoyo difícil de entender, decidió apoyar al gobernador y al gobierno federal en lo de sacar “indocumentados”.
Basta rodar por Doral para entender la desgracia, negocios cerrados o en venta, o, en el mejor de los casos vacíos. Una ciudad pujante y fuerte que mostraba su rostro con fuerza y fe, parece escondida y apagada.
¿De dónde saldrá el montón de riqueza que se está perdiendo? ¿Qué trabajadores harán el complejo de 600 unidades que el presidente Trump, aspira a construir al norte de sus campos de golf?
La alcaldía que, como alcaldía, no le dice nada de los atropellos a quienes podían ser los trabajadores de su complejo, presurosa aprobó los permisos para la propuesta de construir 600 unidades de lujo con marca Trump.
Es cierto que la alcaldesa Fraga y el concejal nacido en Venezuela, Pineyro, mandan cartas a los congresistas, que a su vez mandan cartas, pero la cámara municipal, la misma que recibía los impuestos de los hispanos, que captura el ICE, se resiste a actuar como cuerpo.
Es decir, como ciudad se niega a ayudar a la gente que generó su riqueza. Todo esto en una hermosa ciudad llena de parques vacíos y de ausencias.
¿Tiene sentido ese despliegue de “seguridad”, en un lugar de gente trabajadora y excelente?
Pero el gobierno federal nos dice ahora que tiene armas en el espacio, pero en la tierra parece tenerle miedo al voto de noviembre. No es porque los hispanos perseguidos del ICE sean capaces de voltear una elección, es porque los americanos, esos blancos anglosajones, son gente compasiva y buena que adoraba a sus vecinos que ahora no los acompañan.
Hay que escribir de Doral, hoy un pueblo repleto de ausencias. Y mientras, Trump nos dice, que en Venezuela, la vida es bella. Y, de paso, nos dice que es por culpa de él.
* Editorialista, Corresponsal en Miami.