Por Henry Escalona Meléndez
The New York Times en español, llamado El Times por sus administradores electrónicos, llegó a la pantalla de mi notebook anunciando una serie de entregas sobre el tema que menciono como título de estas letras.
Traduce la primera parte de un ensayo que el poderoso medio de Times Square tituló Se Acerca un Nuevo Orden Mundial, y No Estamos Preparados, publicado el 2 de septiembre de 2026 con la firma de Margaret Mac Millan.
Historiadora y exdirectora del St. Antony’s College de la Universidad de Oxford, Mac Millan advierte: “… una nueva realidad ha llegado a una velocidad sorprendente. El orden mundial que se mantuvo unido durante la mayor parte de nuestras vidas comenzó a erosionarse cuando quienes formaban parte de él se volvieron demasiado cómodos y complacientes, y cuando hubo demasiada tolerancia —incluso aprobación— de las malas conductas…Hemos llegado a una nueva era de desorden. Debemos prepararnos, lo que empieza con ser honestos sobre la gravedad del momento que estamos viviendo y aceptar que nuestro frágil sistema se está tambaleando. Que los países ya se están adaptando, para bien y para mal. Y que cualquier futuro de cooperación tendrá que verse diferente”.
Y continua la historiadora canadiense afirmando que “Las potencias revisionistas desafían las reglas y normas con total impunidad. Los votantes están enojados y son volátiles. La diplomacia lenta, deliberada y necesariamente discreta, que construye confianza y entendimiento, ha dado paso a un estilo performativo y descarado más adecuado para los lapsos de atención atrofiados por TikTok o para el patio de recreo.
Muchos percibimos que el orden mundial actual ya está viejo y no se adapta a las nuevas realidades que van surgiendo de su desfase. Es una herencia de los desencuentros europeos de finales del siglo XIX, que generaron los dos grandes conflictos bélicos del siglo XX.
La Primera Guerra Mundial, conflicto armado que se inició el 28 de julio de julio de 1914 – generado mayoritariamente por la competencia colonial, el auge industrial y el nacionalismo extremo en Europa- y que concluyó el 11 de noviembre de 1918. Del que derivó la firma del tratado de Versalles, el 28 de junio de 2019 y que comenzó a aplicarse el 10 de enero de 1920.
Dicho tratado, o más bien catálogo de sanciones de guerra impuestas a Alemania, que debió asumir todas las culpas del conflicto bélico, creó una profunda inestabilidad política, económica y social en Alemania que facilitó el ascenso de Adolf Hitler y el nazismo al poder, lo que aunado al hecho de que la Sociedad de Naciones, el organismo creado por el tratado para mantener la paz fue débil y no pudo detener el rearme alemán ni las invasiones de los años 30.
Podría asegurarse que Versalles dio origen al dominio del nacionalsocialismo en la política alemana y, la tolerancia de Europa a la toma del poder por los nazis (derivada de unas elecciones que le daban legitimidad democrática y fundamentada en una combinación de trauma de la posguerra, crisis económica y el temor al comunismo). Permitió que el régimen hitleriano apaleara sindicalistas y políticos de izquierda, miembros de minorías y judíos, violara las prohibiciones armamentísticas y moviera sus fronteras con el anschluss, para anexarse a Austria en una medida política sin gasto militar alguno.
Así las fuerzas de países fascistas intervinieron en la guerra civil española apoyando a sus colegas franquistas y enfrentándose a la Unión Soviética y sus aliados españoles en el campo diplomático y el de batalla.
Luego la Europa democrática, en un gesto de excesiva prudencia, entregó los Sudetes a Alemania. De allí en adelante los nazis no respetaron ningún límite para vulnerar la paz continental. Mientras, en Asia, el colapso de los viejos imperios, el auge del nacionalismo y las rivalidades coloniales crearon un clima de inestabilidad creciente en gran parte del continente asiático. La expansión militarista de Japón, la fragilidad de la China republicana y la competencia de las potencias europeas en la región transformaron Asia en un escenario de confrontaciones latentes.
Esta actitud de exagerada prudencia de los gobiernos de Francia y Gran Bretaña al no contradecir las conductas de la dirigencia germana, totalitaria en lo interno y expansionista en lo externo, derivó en un conflicto armado peor que el que lo precedió.
La Segunda Guerra Mundial, llamada Gran Guerra Patria por el comunismo soviético, se inició 1 de septiembre de 1939 con la invasión de Polonia por parte de la Alemania nazi y no concluyó hasta agosto de 1945 con la rendición de Japón, luego de la destrucción física y militar de Alemania y el lanzamiento desbastador de dos artefactos nucleares en ciudades japonesas.
Antes de que concluyera la Segunda Guerra Mundial y ante el fracaso de la sociedad de naciones, las potencias aliadas se prepararon para la paz.
Antes de finalizar la Segunda Guerra Mundial con la rendición japonesa, y en un aparente anhelo de paz que sustituiría a la fracasada Sociedad de Naciones, cincuenta países se reúnen en la ciudad de San Francisco del 25 de abril al 26 de 1945 para celebrar la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Organización Internacional que sentaría las bases para el nacimiento oficial de la ONU el 24 de octubre de 1945 (El proyecto se gestó en reuniones previas como Moscú (1943), Teherán (1943), Dumbarton Oaks (1944) y Yalta (1945) en las que las tres grandes potencias aliadas ya se habían repartido los restos del mundo derrotado. Sin olvidar la reunión de Bretton Woods en la que USA impuso las bases del sistema económico financiero).
Ese orden mundial de posguerra, se mantuvo con variantes leves hasta 1949, cuando los soviéticos desarrollaron y probaron su primera arma nuclear y los comunistas de Mao Tse Sung (ahora Mao Zedong) tomaron el poder en China.
Esos dos factores afectaron las intenciones originales de las Naciones Unidas y contribuyen a que el poder de veto de los cinco miembros permanentes de su Consejo de Seguridad se convirtieran en un arma abusiva contra las decisiones mayoritarias de la Asamblea General, creando así el ambiente para que los intereses estratégicos de esos miembros privilegiados de la organización privaran sobre los propósitos de la intención planetaria.
Esto dio origen al uso de un término antiguo derivado de un episodio de la historia española, la Guerra Fría, para referirse a la etapa signada por el enfrentamiento de dos polos de poder, el estadounidense y el soviético, que se mantuvo así hasta 1989 en que se produce la disolución de la URSS. Así entramos en la fase, que el politólogo estadounidense Francis Fukuyama describe en su obra El Fin de la Historia y El Último Hombre de 1992, un mundo liderado únicamente por los Estados Unidos.
Esta etapa que no llega a cumplirse, nuevos países reclaman espacios en un nuevo orden mundial multilateral, y así estamos definiendo la nueva historia en una época de predominio de los intereses estratégicos de las grandes potencias por sobre los intereses globales. Unna etapa definitoria en la que Asia desplaza a Europa en lo económico y tecnológico y la opinión global queda a merced de ese nuevo artificio electrónico que llaman Inteligencia Artificial (que parece que si marcará un fin de la historia muy diferente al predicho por Fukuyama).
Aquí destaco nuevamente la opinión de Margaret Mac Millan en The New York Times: Este verano se han roto récords de temperatura, la tierra ha sufrido sequías y los incendios forestales han ocasionado estragos. La deuda en las economías avanzadas se acerca a máximos históricos. Los recortes en la ayuda médica y alimentaria, principalmente por parte de Estados Unidos, han causado muertes innecesarias y contribuido a la propagación de enfermedades, una de las cuales tarde o temprano podría convertirse en otra pandemia. La inteligencia artificial continúa su rápido avance sin regulación, amenazando empleos, la seguridad y, en proyecciones más sombrías, la existencia humana.
Mientras el mundo define su futuro, mi país, miembro fundador de la ONU y participante en la conferencia organizativa de San Francisco de 1945, salta de aliado confiable de las potencias occidentales hasta 1998 a firme proponente del multilateralismo desde la llegada al poder de un gerente local del castro comunismo continental, Hugo Chávez, que enceguecido por la personalidad de Fidel Castro, y quizás con la esperanza de ser su sucesor, metió a Venezuela en las estrategias del Foro de Sao Paulo cuando cambió su indumentaria de verde militar de conspirador castrense en ropaje escenográfico de socialista castrista.
El experimento de la Revolución Bonita despeñó al país a un abismo de ruina, violación de derechos fundamentales y libertades y a un cambio de estructuras que no han funcionado y parece que no funcionarná.
Digo esto último porque el 3 de enero de 2026, el gobierno de Trump clausuró la fábrica de sueños chavista y se llevó preso al gerente y a su esposa, en una aparente maniobra de intervencionismo estratégico con fines electorales en el país del norte.
Mientras la estrategia de la maniobra trumpista se define, Venezuela no lo hace. Parece suspendida entre volver a ser aliado de USA, o peón de un multilateralismo mal entendido.
Mientras tanto, los presos políticos siguen privados de libertad en cárceles insalubres y peligrosas, los servicios públicos siguen en crisis y empeorados por el terrible sismo del 24 de junio, las libertades democráticas no aparecen, los recursos y las riquezas no se sabe quien o como se administran, las elecciones justas y democráticas se ven lejanas, los liderazgos no se renuevan, los responsables del desastre siguen impunes y de la administración psuveca solo se ha movido una ficha importante. Eso me hace recordar una vieja cuña radial basada en un dicho popular: “el que espera, desespera”.
* Abogado, escritor
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