SI LOS CONSULADOS NO ABREN ES PORQUE ESTÁN CERRADOS
NADA MÁS SIMPLE QUE ESO
USTED, ¡NO VOTA!
Si los consulados no abren es porque están cerrados. Nada más simple que eso. No hace falta un doctorado en Ciencias Políticas, una encuesta de opinión ni una bola de cristal para entenderlo. Si la puerta está cerrada, el ciudadano no entra; si el trámite electoral depende de esa representación y no puede realizarse, el elector queda afuera.
Y allí comienza una de esas paradojas venezolanas que, de tan absurdas, terminan pareciendo normales: millones de venezolanos viven fuera de las fronteras nacionales, pero apenas una fracción mínima ha podido quedar inscrita para votar desde el exterior.
ENTRE EL VOTO Y LA MUTACIÓN
Hay palabras que nacieron para una cosa y terminan explicando otra. Votante y mutante parecieran no tener absolutamente nada que ver. Una pertenece al lenguaje político; la otra, al cambio, a la transformación. Pero cuando se observa con detenimiento la tragedia migratoria venezolana, ambas terminan encontrándose en una esquina incómoda de nuestra realidad.
Un votante, en política, es mucho más que una persona que deposita una papeleta. Es un ciudadano que cuenta. Tiene valor en una encuesta, aparece en un registro electoral, suma en una primaria, llena una concentración y puede determinar quién asciende o quién cae. Al votante se le busca, se le habla, se le promete, se le agradece y se le moviliza.
El mutante, en cambio, es la palabra que utilizo aquí como licencia política y literaria para describir al ciudadano que tuvo que cambiarlo todo para sobrevivir. El venezolano que un día fue profesional y al siguiente tuvo que comenzar desde cero; el que tuvo casa, trabajo, documentos y pertenencia, y después cruzó una frontera para convertirse en inmigrante, solicitante, expediente o número de caso.
No mutó porque quiso. Lo mutaron las circunstancias. Y allí aparece la pregunta que da origen a esta columna: ¿cuándo deja un venezolano de ser votante y comienza a ser tratado políticamente como mutante? Porque nadie sabe qué le toca hasta que te toca.
EL SILENCIO TAMBIÉN HABLA
María Corina Machado posee hoy una dimensión política que trasciende las fronteras venezolanas. Su liderazgo, su papel en las primarias opositoras, la persecución que enfrentó y su Premio Nobel de la Paz 2025 la convirtieron en una referencia inevitable de la crisis venezolana. Precisamente por eso resulta legítimo preguntarse por los temas sobre los cuales decide hablar y aquellos que reciben una atención pública mucho menor.
Aquí debo hacer una precisión indispensable: no sería correcto afirmar que Machado jamás ha hablado de la diáspora. En diciembre de 2025 pidió a países como Chile y Perú mantener respeto y acogida hacia los venezolanos; y en enero de 2026 habló de las migraciones, del retorno y de la necesidad de democracia y seguridad. Por tanto, mi crítica no puede descansar en la afirmación de un silencio absoluto.
Mi cuestionamiento es otro: frente a la gravedad de las detenciones, las deportaciones controvertidas, la pérdida de protecciones migratorias y la incertidumbre jurídica que padecen venezolanos en el exterior, ¿ha tenido ese drama una defensa sostenida, frontal y proporcional desde el liderazgo opositor? ¿Dónde está la campaña permanente por el debido proceso, la protección contra devoluciones prohibidas y el derecho de quienes alegan persecución a que sus casos sean examinados individualmente?
No se trata de pedirle a una dirigente venezolana que gobierne otro país ni que dicte su política migratoria. Se trata de pedir coherencia moral a quien posee una tribuna internacional excepcional. Una líder puede no tener poder para detener una deportación, pero sí tiene poder para pedir humanidad, legalidad y garantías.
AYER VOTANTES, HOY MUTANTES
La metáfora no busca deshumanizarlos; denuncia precisamente lo contrario. El ciudadano no dejó de ser venezolano por haber cruzado una frontera. No mutó su dignidad. Mutó la forma en que los sistemas políticos y migratorios lo miran.
MIAMI NO PUEDE BORRARSE DE LA MEMORIA
Hay una cifra que debería impedir cualquier amnesia. En las primarias opositoras del 22 de octubre de 2023 -no de 2022-, María Corina Machado obtuvo en Miami 11.425 votos de 11.971 votos válidos, alrededor del 95,4 %, según cifras divulgadas por el Comité Local de Primarias y medios de la época.
Once mil cuatrocientas veinticinco expresiones de confianza política. Aquellos venezolanos eran votantes, ciudadanos y parte del capital político que dio legitimidad a un liderazgo nacional. Hoy muchos de ellos, o sus familiares, viven pendientes de un asilo, una audiencia, un permiso de trabajo, un pasaporte vencido o una decisión migratoria. ¿Vale menos políticamente el ciudadano cuando deja de poder votar?
CONSULADO CERRADO = ELECTOR AFUERA
USTED, ¡NO VOTA!
UNA VENEZUELA QUE NO CABE EN EL MAPA
Venezuela ya no termina en Maiquetía ni en sus fronteras terrestres. Está también en Miami, Madrid, Bogotá, Lima, Santiago, Buenos Aires, Panamá, Ciudad de México, Orlando, Houston y Nueva York. Está donde haya un venezolano que haya tenido que comenzar de nuevo, sostener a su familia, enviar remesas, defender un asilo, renovar un permiso o esperar que algún día pueda volver.
Esa diáspora sigue siendo Venezuela. Son ciudadanos que opinan, protestan, se organizan, hacen política y siguen pendientes de cada movimiento de su país. Pero cuando llega la hora de transformar la nostalgia en participación electoral aparece una frase seca, burocrática y demoledora: usted, ¡no vota!
No porque haya dejado de ser venezolano. No porque haya renunciado a sus derechos políticos. No porque no le importe el destino nacional. El problema es que el diseño legal, registral, consular y administrativo puede convertir la distancia geográfica en una muralla política.
LOS NÚMEROS SON MÁS DUROS QUE EL DISCURSO
Para la elección presidencial del 28 de julio de 2024, el Centro Carter estimó que más de 7,7 millones de venezolanos residían fuera del país y que alrededor de 5,5 millones tenían edad para votar. Sin embargo, el total de venezolanos inscritos para sufragar en el exterior rondaba apenas los 69.000: poco más del 1 % de quienes potencialmente podían ser elegibles.
El propio informe final del Centro Carter señaló requisitos excesivos, interpretaciones restrictivas sobre la residencia legal, horarios limitados y otras barreras en embajadas y consulados. Durante el período especial de registro, apenas 508 nuevos votantes en el exterior fueron incorporados. Eso no es un detalle técnico: es una amputación de la representación política de la diáspora.
MÁS DE 5,5 MILLONES EN EDAD DE VOTAR AFUERA
? 69.000 INSCRITOS EN EL EXTERIOR EN 2024
Por eso esta columna plantea una tesis política -no una conclusión jurídica automática-: si millones de venezolanos que viven fuera no tienen una vía real y accesible para registrarse y votar, resulta difícil sostener que el país está listo para unas elecciones plenamente inclusivas sin resolver antes esa exclusión.
EN EL PAÍS DE LOS CIEGOS…
El refrán es viejo, pero la política venezolana se empeña en rejuvenecerlo: en el país de los ciegos, el tuerto es rey. Cuando casi todos tienen una limitación, basta con que uno vea un poco para parecer visionario. Cuando las instituciones funcionan a medias, cualquier gesto mínimo se vende como una proeza. Cuando la participación está cercenada, una elección puede presentarse como solución aunque millones de ciudadanos estén mirando desde afuera.
Y no se trata de negar las elecciones. Todo lo contrario. Se trata de exigir elecciones de verdad: con reglas claras, árbitro confiable, registro electoral amplio, garantías, observación, libertad política y una arquitectura efectiva para que la Venezuela que emigró pueda participar.
MARÍA CORINA, EDMUNDO Y LA VENEZUELA DE AFUERA

María Corina Machado, Premio Nobel de la Paz 2025, y Edmundo González Urrutia. Fotografías suministradas por el autor.
María Corina Machado posee una tribuna internacional excepcional. Edmundo González Urrutia representa, para la oposición venezolana, la alternativa surgida de la elección de 2024. Precisamente por el peso político de ambos, la diáspora no puede ser un apéndice de sus discursos ni una multitud útil solamente cuando llena actos, aporta recursos o expresa respaldo.
A ellos corresponde colocar en el centro de cualquier propuesta de transición una política concreta para los venezolanos del exterior: reapertura y funcionamiento efectivo de servicios consulares, documentación, actualización del Registro Electoral, centros de votación suficientes, reglas razonables para acreditar residencia y garantías para que el ciudadano pueda ejercer el sufragio sin obstáculos arbitrarios.
No basta con decir que algún día habrá elecciones. Hay que explicar quiénes podrán votar, dónde, con qué documentos, bajo qué registro y mediante qué representación consular. De lo contrario, la palabra elección corre el riesgo de convertirse en una promesa geográficamente mutilada.
LOS CONSULADOS TAMBIÉN SON DEMOCRACIA
La inscripción o el cambio de domicilio en el Registro Electoral para venezolanos residentes en el exterior se tramita a través de embajadas y consulados. Es allí donde la teoría democrática se encuentra con la ventanilla. Si esa ventanilla no existe, no funciona o resulta inaccesible, el derecho escrito puede terminar siendo un derecho imposible de ejercer.
Un consulado no es simplemente una oficina donde alguien estampa un sello. Para quien vive fuera puede significar identidad, pasaporte, registro civil, poderes, documentos y, en materia electoral, el puente entre la ciudadanía y la urna. Por eso los consulados también son democracia.
La situación es particularmente sensible para los venezolanos en Estados Unidos, donde la ausencia de servicios consulares operativos durante años ha dejado a personas con pasaportes vencidos o sin documentos de viaje utilizables. Incluso en 2026 se han documentado casos de venezolanos en Miami que querían salir de Estados Unidos y no podían hacerlo por problemas de documentación. Hablar de voto exterior sin resolver primero la documentación es comenzar la casa por el techo.
DEL VOTANTE AL EXPEDIENTE
Ayer muchos venezolanos en el exterior eran buscados como votantes. Se les pedía organizarse, participar, movilizarse y respaldar una alternativa. Hoy una parte de esa misma población aparece en otro lenguaje: migrante, solicitante de asilo, beneficiario de protección temporal, persona con permiso vencido, detenido, deportable o número de caso.
Ese cambio de lenguaje importa. La política no puede amar al ciudadano cuando vota y olvidarlo cuando necesita un pasaporte, una defensa pública, una representación consular o una oportunidad real de volver a inscribirse. La verdadera prueba de un liderazgo comienza cuando el ciudadano ya no tiene nada inmediato que ofrecerle a cambio.

Imagen suministrada por el autor: traslado de personas migrantes bajo custodia, como referencia visual del drama de las deportaciones.
¿ESTAMOS PREPARADOS PARA UNAS ELECCIONES?
Aquí está el corazón de la discusión. Decir que «los venezolanos no están preparados para unas elecciones» puede sonar injusto si se interpreta como incapacidad del ciudadano. El venezolano ha demostrado durante años que quiere votar. Ha hecho colas, ha participado en primarias, ha defendido actas y ha convertido el sufragio en una forma de resistencia.
El problema no es que el venezolano no esté preparado. El problema es que las condiciones institucionales pueden no estar preparadas para garantizarle a todos una participación efectiva. Esa diferencia es fundamental. No culpemos al elector por la puerta que otro mantiene cerrada.
Por eso la tesis debe formularse con precisión: la exclusión masiva del voto exterior es una prueba contundente de que antes de convocar otra elección que pretenda cerrar la crisis venezolana hay que reconstruir las condiciones para que esa elección sea realmente nacional. Nacional significa también incluir a la Venezuela que vive fuera.
NO ES QUE EL VENEZOLANO NO ESTÉ PREPARADO.
ES QUE UNA ELECCIÓN SIN MILLONES DE VENEZOLANOS NO ESTÁ COMPLETA.
EL DÍA DEL REFUGIADO Y EL DÍA DEL ELECTOR AUSENTE

Día Mundial del Refugiado – 20 de junio. Ilustración de stock suministrada por el autor (iStock / Vectorgraphics). Su publicación requiere la licencia correspondiente.
Cada 20 de junio el mundo recuerda a quienes fueron obligados a huir. Para Venezuela esa fecha tiene una resonancia especial: detrás de cada silueta que cruza una frontera hay también un ciudadano. Y detrás de muchos de esos ciudadanos hay un elector ausente, no porque haya dejado de interesarle su país, sino porque el sistema no le abrió una puerta efectiva para participar.
La diáspora no puede ser recordada únicamente en el Día Mundial del Refugiado, en una campaña electoral o cuando conviene mostrar músculo internacional. Tiene que formar parte permanente del diseño institucional del país que se pretende reconstruir.
USTED, ¡NO VOTA!
Esa frase resume la contradicción. Se habla de soberanía popular, pero millones están fuera del circuito electoral. Se habla de reconstrucción nacional, pero una parte gigantesca de la nación está dispersa por el mundo. Se habla de futuro, pero todavía no se ha construido un mecanismo creíble para que esa Venezuela exterior participe en decidirlo.
Si los consulados no abren es porque están cerrados. Nada más simple que eso. Pero detrás de esa simplicidad hay una consecuencia política enorme: sin consulado accesible, sin documentación y sin Registro Electoral actualizado, el ciudadano queda mirando la elección desde la acera.
Así están las cosas. Y en el país de los ciegos, el tuerto es rey. Pero Venezuela no necesita tuertos que vean un poco más que los demás. Necesita instituciones que abran los ojos, abran las puertas y reconozcan que un venezolano no deja de ser ciudadano porque un avión lo haya llevado a otro país.
Los millones que están afuera no son una estadística. No son una carga. No son un expediente. No son una fotografía de campaña. Son venezolanos.
Y si ayer fueron suficientemente importantes para pedirles el voto, hoy tienen que ser suficientemente importantes para garantizarles el derecho a ejercerlo.
A calzón quitao.
NOTAS DE VERIFICACIÓN Y CRÉDITOS
• En las primarias opositoras del 22 de octubre de 2023, María Corina Machado obtuvo 11.425 de 11.971 votos válidos en Miami (95,4 %), según el Comité Local de Primarias y reportes de Univision y medios venezolanos.
• En diciembre de 2025, Machado pidió a Chile y Perú mantener un espacio de respeto y acogida hacia los migrantes venezolanos hasta su retorno; esta edición evita, por ello, caracterizar su posición como un silencio absoluto.
• El Centro Carter concluyó que la elección presidencial venezolana de 2024 no cumplió estándares internacionales de integridad electoral y señaló que la mayoría de los venezolanos en el exterior no pudo participar.
• El informe final del Centro Carter estimó más de 7,7 millones de venezolanos fuera del país en junio de 2024, alrededor de 5,5 millones en edad de votar y aproximadamente 69.000 inscritos para votar en el exterior. Durante el período especial se añadieron apenas 508 nuevos votantes fuera del país.
• Las representaciones venezolanas describen la inscripción o cambio de domicilio en el Registro Electoral como un trámite para residentes en el exterior que desean votar en elecciones presidenciales desde embajadas o consulados.
• La referencia a que millones de venezolanos están fuera del país no equivale a afirmar que todos tengan derecho automático a votar: edad, ciudadanía, inscripción y requisitos legales determinan la elegibilidad. La columna cuestiona la magnitud de las barreras y la baja inscripción exterior.
• Fotografías e imágenes de esta edición suministradas por el autor. La ilustración de iStock / Vectorgraphics conserva su marca visible y debe publicarse conforme a la licencia correspondiente.
• Fuentes principales: The Carter Center, Final Report: Observation of the 2024 Presidential Election in Venezuela (2025); páginas oficiales de representaciones venezolanas sobre Registro Electoral en el exterior; reportes de prensa de 2026 sobre documentación consular de venezolanos en Estados Unidos.
* Corresponsal en el Sur de la Florida.
«Las opiniones aquí publicadas son responsabilidad absoluta de su autor»