Por José Antonio García
Durante la Gran Hambruna irlandesa, las autoridades británicas compraron toneladas de maíz importado para venderlo en el mercado y contener los precios, en lugar de reparar el sistema agrícola destruido. La medida contuvo el pánico por un instante, pero al agotarse los fondos, el hambre regresó con más fuerza porque la capacidad de producir alimentos seguía rota. Lo mismo ocurre hoy con el uso de la renta petrolera en Venezuela. Quédate por aquí; te vamos a explicar cómo nuevamente el uso del superávit petrolero es pan para hoy y hambre para mañana.
LA HOGUERA CAMBIARIA.
Según el monitoreo de portales especializados como Banca y Negocios, entre enero y julio de 2026 el Banco Central de Venezuela (BCV) vendió al mercado cambiario un estimado de 7.890 millones de dólares: 5.550 millones más que en el mismo periodo de 2025. Sí, así como lo lees, más de 5.000 millones.
Estimaciones independientes señalan que Venezuela podría recibir un superávit petrolero de hasta 12.000 millones de dólares este año. Por ahora, se hace evidente que la quema de divisas en el sistema cambiario se ha incrementado en más de un 230%. Aunque, por la opacidad con que el gobierno de EE. UU. entrega los recursos al gobierno venezolano, es posible estimar que a esta hora miles de millones de dólares del excedente petrolero ya se hayan evaporado para contener el alza del dólar.
Con esta política, el Estado termina sacrificando un recurso real, extraordinario y finito solo para «comprar tiempo» y sostener la moneda estable de manera artificial por unos días más. En lugar de orientar esas divisas a proyectos que fortalezcan la economía a largo plazo, como recuperar el sistema eléctrico, reactivar la capacidad productiva o crear empleos. Es el equivalente a tener una gotera en el techo y, en vez de usar el dinero para reparar, decides usarlo todos los días en comprar baldes y trapos para secar el piso cada vez que vuelve a llover.
El CICLO ETERNO DE LA BONANZA: De la euforia petrolera al abismo
En 1973, los países del Golfo Pérsico realizaron un embargo petrolero a todo Occidente; casi de inmediato, el precio del crudo se triplicó. En 1979, la guerra entre Irán e Irak volvió a disparar los precios del crudo. La bonanza petrolera en Venezuela fue utilizada para subsidios, incremento en la asignación de divisas e incremento del gasto del Gobierno.
En la década de los 80 y en los 90, el precio del crudo se vino en picada. El colapso no se hizo esperar: tras el Viernes Negro de 1983, la pobreza se incrementó al 70% y el poder adquisitivo cayó en más de un 60%. Hoy hay que advertir que estamos por chocar nuevamente con la misma piedra, y que el fin de la guerra en Irán ocasionará que los precios del crudo disminuyan drásticamente. Según análisis de Trading Economics / FXEmpire, el precio del crudo oscilará entre $60 y $65. Esta caída y los descuentos de hasta el 22% otorgados por la nueva ley de hidrocarburos ocasionarán, por sí solos, una caída de hasta el 40% de los ingresos petroleros en Venezuela.
EL COSTO DE OPORTUNIDAD: El verdadero valor del excedente
De acuerdo con estudios del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Mundial sobre multiplicadores de inversión en América Latina, cada millón de dólares invertido en construcción e infraestructura genera en promedio entre 40 y 97 empleos directos e indirectos. Si $2.000 millones del excedente petrolero se redirigieran a la construcción de obras y servicios, podrían crear entre 80.000 y más de 120.000 puestos de trabajo formales, dinamizando además industrias locales como el cemento, ferreterias y el transporte, e impactar en el consumo y la demanda en todo el país. Cada dólar sacrificado en la mesa cambiaria es un empleo que se pierde en la economía productiva y para el consumo real.
El DÍA DESPUÉS DEL CRUDO CARO: La urgencia de la economía real
No fueron las sanciones ni los factores externos los que hundieron la economía en las décadas del 80 y 90, sino el uso del superávit petrolero transitorio en gastos y no en el desarrollo de valor ni de la producción real. La evidencia empírica muestra que miles de millones han sido usados para contener el alza del dólar en estos momentos. Quemar divisas de manera indiscriminada es repetir los errores del pasado. Es claro que la lógica actual de la distribución del excedente petrolero del Gobierno no gira por ahora en torno a la producción ni al incentivo de la demanda, sino a medidas que evaporan los ingresos.
Venezuela aún padece una crisis económica y no puede permitirse nuevos errores. Con la caída inminente de los precios del crudo, la única salida sostenible es detener la pira cambiaria y redirigir cada dólar hacia la infraestructura, el sistema eléctrico y la capacidad productiva. Seguir comprando baldes para la gotera ya no es una estrategia económica, es una crónica anunciada de un nuevo colapso cuando el precio del crudo caiga en picada.
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