Por José Hernández
En alguna parte de la cosmogonia griega y de los relatos de los filósofos, hay alguna historia donde un Dios lleva a la humanidad en un carro tirado por dos caballos contradictorios. La sabiduría era conducir este carro y a la humanidad hacia el lugar correcto. Los caballos jalaban hacia donde querían pero el conductor los unía y los hacía llegar a un lugar común.
Lo sabio es ir concertando una fuerza común que nos lleve hacia adelante. En nuestra muy limitada mitología en todo el Siglo XX, Bolivar le fue útil a Gómez, López Contreras, Medina, los adecos del 45, Gallegos, Pérez Jiménez, la República Civil y el chavismo.
Usemos ese mito, “Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía”, Simón Bolívar, ante el Congreso de Angostura.
Usemos el conocido, Bolívar, alcanza para mucho y nos sirve para ir guiando el carro en el sentido correcto.
En Latinoamérica hay dos naciones que llegaron a ser desarrolladas: Argentina y Venezuela. La Argentina de 1920 era una nación rica, un lugar donde ir. La Venezuela de los sesenta del siglo pasado, tuvo la capacidad de procesar un brutal terremoto en meses, sola, ni siquiera se fue la luz. No es imposible. Ha ocurrido. Ha, que nos empobrecimos, si, pero los caballos se pueden jalar en el sentido correcto.
Hay que encontrar esas fuerzas convergentes. Donde no se excluya a nadie y se pueda dar cauce a esos grandes caballos que hoy representa el pueblo. Caballos que merecen un sabio conductor. Un conductor que incluya el alma venezolana y ponga los caballos en la dirección que tiene que estar.
“Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía”.
También decía nuestro raro Zeus, Simón Bolívar, democracia, divinidad y libertad, tenemos que ir hacia allá nuestros caballos, el pueblo, está jalando para allá. Hay que guiarlos.
* Corresponsal en Miami, Editorialista.