Luis Bravo Jáuregui: Terminó la economía de bodegón

Por Luis Bravo Jáuregui

«Mi hijo murió tras comer basura del botadero»: la muerte de un niño de 12 años que se convirtió en un símbolo de la pobreza extrema en Venezuela. BBC Mundo/ La Ceiba/El pizarrón de Fran
Los mismos que llevan 25 años acusando falsamente a Teodoro Petkoff de haberse robado las prestaciones sociales, las eliminan. Alnavio.es
Este ajuste de sueldo es más bien un desajuste, dijo Edgar Silva/Oscar Acuña/Fran Tovar/Costa del Sol FM 93.1

Terminó la economía de bodegón donde tenía que terminar,  dada su naturaleza, anegada en el hiper-escándalo de corrupción.  La economía Chevrón no termina de cuajar, porque los paladines  de estatus quo no pueden avanzar en la apertura petrolera razonable y mucho menos en materia de derechos humanos y electorales. No pueden y no quieren. Tampoco pueden ni quieren desembarazarse de la culpa mayor del colapso generalizado en que estamos, pese en su habilidad para señalar a otros de los pecados propios.

Nadie pensó que quienes criticaron a Teodoro Petkof hasta el hartazgo por algo que no hizo en realidad, fuesen capaces, ellos sí,  de reducir al absurdo las remuneraciones más elementales y apreciadas por los trabajadores  como son el salario y las prestaciones.

En ese escenario va a ser muy difícil que el Gobierno atienda racionalmente la cuestión educativa oficial, fuera de su intención de gobernar para siempre.

Difícil que entienda, atrapado en ideologías baratas de diverso signo (diciéndose socialista radical pero aplicando medidas  políticas rabiosamente neoliberales)   lo que puede y debe hacerse para que la escolaridad de los más vulnerables no sufra tanto como está pasando. Sobre todo lo que concierne a la posibilidad de que se vaya superando brecha entre la educación pública oficial frente a la también pública de administración privada que hoy tenemos a niveles desconocidos en el pasado,  luego de la pandemia que todo lo trastocó.

Por todo ello, hay que pensar en el  país que surgirá de los cambios que tendrán que ocurrir por la vía electoral. Pensar en el financiamiento de los servicios públicos es hoy obligante, si queremos legítima y democráticamente sacar a nuestra sociedad del hoyo en que se encuentra. Porque es ahora cuando tenemos que vislumbrar el qué hacer cuando  finalice lo que muy pocos soportan.

Y el financiamiento de la obra pública, principalmente en Educación y salud (sin desmerecer otras tareas estatales de igual importancia) son prioridades para cuando se abran nuevos horizontes para la gestión y la política pública, en escrupulosa atención a la Constitución que tenemos. Es impensable un futuro de la educación universitaria sin que sus  instituciones ejerzan la autonomía y diversifiquen sus fuentes de financiamiento.

En educación básica sólo el mejoramiento de la administración de la educación oficial y la maximización del rendimiento de  la disponibilidad fiscal podría ser la fórmula para mejorar las condiciones de vida del trabajo y recuperar los niveles históricos de escolaridad de los sectores peor situados en la estructura social.

Por supuesto que bien podrían multiplicarse y mejorar los convenimientos internacionales, por ejemplo con el Fondo  de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y con el Programa Mundial de Alimentos que ya permite que 450.000 escolares coman gracias a las donaciones de la ONU-PMA, tal y como se informa en la sección de Educación Básica de este boletín Nº 951.

Hay infinidad de instituciones públicas y privadas a las cuales podíamos acudir si se garantiza la rectitud supervisada por factores independientes de los recursos y que judicialicen la corrupción cuando exista. Otra opción para mejorar la base para el financiamiento de la educación oficial  es definir un espació concertado y cooperativo para la educación institucionalizada como  Fe y Alegría y otras experiencias de la misma calidad, aunque en menos cantidad  como es el caso del programa de becas D. Jesús Enrique Losada de la gobernación del Zulia.

* Profesor universitario UCV.

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