Por Aquiles A. Prieto
Tal día como hoy, el 21 de marzo de 1957, hace 67 años exactos, el Tarugo reunido con Vallenilla Lanz y Rafael Pinzón en el Salón Japonés del Palacio de Misia Jacinta, habían decidido acabar con las elecciones presidenciales previstas ese año.
Según el artículo 104 de la constitución de la época, hecha a la medida del “Gobierno Nacional de las Fuerzas Armadas”, tal cual como el paroxismo militarista lo apodaba, señalaba que las elecciones presidenciales de 1957 serían libres, universales y secretas.
Como quiera que Marcos Pérez Jiménez mantenía un enorme rechazo en la población, intentó darle una voltereta a esa situación mediante movilizaciones de empleados públicos encorbatados con sombreros panameños, y estudiantes uniformados de blanco en lo que se denominó “La Semana de la Patria”.
Durante los primeros días del mes de julio de 1957, un gentío seria obligado a desfilar por la avenida Urdaneta frente a una tarima cubierta de fotos del teleférico y de la autopista Caracas-La Guaira, desde donde el autócrata y su gabinete forrados de medallones oxidados saludaban a la agotada multitud.
El aire marcial de las bandas militares que retumbaban por las calles continuaban de noche, celebrando ejercicios antiaéreos en medio del estruendo de las baterías y el paso rugiente las cuadrillas de caza-bombarderos con la ciudad a oscuras y los potentes reflectores cruzando el cielo asombrando temerosa a la población.
Todos los partidos políticos estaban ilegalizalos y los dirigentes inhabilitados, con excepción de COPEI y Caldera, este último propuesto como candidato de la unidad nacional que enfrentaría al monócrata en las elecciones previstas para el 14 de noviembre de 1957, fecha que había aprobado el Congreso Nacional integrado por sólo miembros allegados a la dictadura.
Desde Nueva York, Jóvito Villalba exiliado, dio unas declaraciones en las oficinas de la UPI resaltando que la constitución era categórica al imponer al gobierno el deber de llamar a la nación a elecciones durante el año en curso y la obligación del Congreso y del gobierno, de velar por el cumplimiento de tal mandato constitucional.
En nombre del pueblo exigió la libertad de todos los detenidos políticos, y que se permitiera el retorno de los exiliados, que se suprimiera la censura de la prensa, y que se reintegrara a los partidos políticos la libertad de organización y participación.
Nada de eso se cumplió, el Tarugo le daría un golpe a la lámpara y convocaría a un Plebiscito, encarcelando a Caldera en la cárcel del Obispo el 21 de agosto junto a Rodolfo Cádenas, Pedro Pablo Aguilar, Hilarión Cardozo y Eduardo “canito” Tamaño Gascue, este último terriblemente torturado.
El gigantesco fraude se ejecutaría el 4 de noviembre de 1957 mediante el plebiscito, lo cual si bien desconoció la voluntad popular de cambio, dos meses después surgiría el glorioso 23 de enero de 1958.
Ayer, la Furia Bolivariana arremetió y encarceló a los miembros del comando de MCM, repitiendo al caletre la conducta militarista del Tarugo de 1957.
El atormentadito Mayor Rojo pretende implosionar el 28J, ante la descomunal derrota que se canta por todos los rincones del país, voto a voto, que lo hace desvariar y atropellar la voluntad de la nación.
No pisemos la concha de mango que pone en el camino electoral y sigamos adelante, en este día de un nuevo compromiso mayor de continuar, pase lo que pase, en la ruta electoral, pues estamos más unidos que nunca con la UNIDAD UNIDA…no hay tiempo que perder…en Venezuela es la cosa!…
Fotografía: Semana de la Patria, Avenida Urdaneta.
* Escrito el 21 de marzo 2024.