Cuando el silencio mata

Por Eduardo Martínez

Hay momentos para callar y momentos para hablar. Y entre ambos momentos, siempre los espacios son ocupados por “el silencio”.

No todos los silencios son iguales. Hay silencios, que hablan y que gritan. Pero cuando el silencio lleva detrás ruidos, son silencios que matan.

Algo así ha ocurrido en los últimos diez días con el secuestro del Teniente Ronald Ojeda. Un oficial del Ejército venezolano refugiado en Chile, y que no fue rescatado con vida, y que lo único que conocemos es que apareció su cadáver enterrado a menos de 6 pies, y según filtraciones de la prensa chilena, descuartizado y colocado dentro de una maleta, con algunas piezas de concreto encima en la zona de Maipú.

Mientras la angustia por su desaparición impregnaba a Chile y Venezuela, un silencio mortal de las autoridades venezolanas causaba malas impresiones y hasta sospechas. Como quien evita involucrarse con un suceso de esta naturaleza.

No es extraño este desinterés, en quienes no se caracterizan por cuidar a los venezolanos en Venezuela, no interesarse por la diáspora que va a camino a los 10 millones de venezolanos, y mucho menos por quienes viven penurias en todos los continentes.

Este ha sido un silencio que mata.

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@ermartinezd

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