Venezuela, donde se envejece sin derecho a ser viejo

Por Eduardo Martínez

Ser viejo en Venezuela no es un delito. Pero está fuertemente castigado ser viejo. Hace cuarenta años o más, la seguridad social funcionaba. Los trabajadores estaban afiliados a un Seguro Social al cual cotizaban, y a cambio, tenían la contraprestación de servicios médicos, hospitalarios, medicinas y una pensión para las mujeres mayores de 55 años y para los hombres de más de 60.

Hoy en día, luego de 23 años régimen revolucionario, nadie cuenta con la asistencia médica del seguro social, la pensión -equiparada al salario mínimo- no alcanza para nada.

En el 2021, y hasta febrero del 2022, los pensionados y jubilados debieron resistir con una pensión de 1,5 dólares. Un poco más de un paquete de harina-pan. Muchos, no lograron resistir y muriendo de inanición y enfermedades.

En el caso de médicos y educadores, que excepcionalmente gozan de una pensión del IVSS y una jubilación del ministerio de Salud o del ministerio de Educación, su ingreso fue el doble: 3 dólares al mes. Lo que por ser el doble, no necesariamente sirve para más.

Todos los trabajadores, que hace 40 años ingresaron al mercado de trabajo, tuvieron la promesa de jubilarse con una pensión suficiente luego de alcanzar la edad requerida y/o los años de servicio.

Hoy en día, ni los que se jubilaron antes, ni los que se están jubilando ahora, tienen una jubilación o pensión digna.

Las nuevas generaciones

Las nuevas generaciones, que han entrado en los últimos años al mercado de trabajo, prestan atención a esta realidad. Tiene que trabajar, para tener una vida independiente. A la vez, no están convencidos de que trabajando en Venezuela van a tener en su vejez una pensión que les permita enfrentar los problemas de esas edades.

Tal vez, sean los jóvenes al servicio del Estado sean quienes tienen más claro la disyuntiva. Esos muchachos, de menos de 30 años, cuando se enteran que es jubilado el ciudadano que tienen enfrente, no tardan en preguntar: ¿y a usted le alcanza la jubilación?

Es como para tomarles una foto cuando le decimos que no, que de ninguna manera. Ponen cara de sorpresa, de quienes confirman lo que sospechan, y los ojos casi se les salen de las órbitas.

La verdad, es que deben rebotarle una y otra vez en sus cabezas, las condiciones de esos viejos que tienen enfrente. Deben sentirse retratados. Y que tarde o temprano, se darán cuenta que ser viejo en Venezuela es estar condenados a la miseria.

editor@eastwebside.com

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