Por Eduardo Martinez
Las aglomeraciones de personas, en bulevares y calles céntricas de Caracas, así como la congesión vehicular en autopistas y avenidas a toda hora diurna, llama nuestra atención por las implicaciones económicas que dichos eventos pudieran tener. En otros tiempos, esos bululús de personas y carros erán usuales en dos momentos: Navidades y campañas electorales. Dos circunstancias que no están presentes en los actuales momentos.
Para quienes hemos estudiado la teoría de la economía, estaríamos en presencia de una especie de fenómeno que no logramos descifrar. Pareciera que en el análisis nos faltaría un eslabón, algo así como un engranaje diminuto -pequeño como para no verlo- que conecte ese movimiento de lo que parece ser una gran masa, con el estado de cosas reflejado en los índices económicos.
Las estadísticas señalan que la economía del país ha retrocedido a los niveles de hace varias décadas atrás. El 1º de octubre del 2019, la agencia Reuters reportó que la producción petroleras venezolana había caído a niveles de 1945.
Desde entonces, la producción en momentos ha subido hasta un máximo de 800 mil barriles diarios, para luego caer hasta niveles cercanos a los 600 mil barriles. Esa situación, no ha sido superada hasta el momento.
De acuerdo a las estadísticas secundarias publicadas por la OPEP, en febrero del 2022 la producción petrolera fue de 680 mil barriles diarios.
Para un país como Venezuela, cuyo ingreso en divisas depende del petróleo que produce, lo único que cambió desde 2019 ha sido el envío de remesas de los 7 millones de venezolanos que emigraron.
La consultora Dinámica Venezuela estimó -antes de la invasión rusa a Ucrania- que en el 2022 las remesas de la emigración venezolana podía aumentar +45%, con lo que se ubicaría en 4.800 millones de dólares. En tanto que otras estimaciones más conservadoras señalaron que el techo de las remesas llegaría a unos 3.000 millones. Según trabajos académicos en la UCAB, las remesas estarían llegando a un 35% de la población.
Las cuentas y comparaciones
Si tomamos por cierto el nivel de producción de 680 mil barriles diarios, y decimos que es un promedio diario para el primer trimestre, y luego calculamos lo que esa producción representa en dinero, para los promedios de precios por barril de los primeros tres meses (82 dólares el barril en enero, 92 dólares en febrero y 105 dólares en marzo) la producción petrolera venezolana representaría un valor de 5.622,24 millones de dólares para los 3 meses. (Nota: no es el ingreso, es lo que vale esa producción).
Si proyectamos para todo el año 2022, se pudiera estimar “optimistamente” que la producción venezolana valdría de 25 a 30 mil millones de dólares. Con la salvedad, que es una estimación para los niveles diarios de producción vistos en el primer trimestre, y con precios promedios del primer trimestre.
¿Eso es suficiente para dinamizar la economía venezolana?
Si somos optimistas, y se vendiera la totalidad de lo producido, el país dispondría de 30 mil millones de dólares por venta de petróleo y 4 mil millones de dólares por ingreso de remesas, totalizando 34 mil millones.
Sin embargo, el país está en mora con su deuda, tanto de capital como de intereses; una buena parte de la producción se despacha a China para amortizar la gran deuda que Venezuela tiene con ese país; y, también hay que descontar lo que se queda en el consumo interno.
Revisando esas cifras, y a pesar que emigró cerca del 22% de la población, todavía las números no parecen cuadrar. Esto a la luz de la caída de la producción privada de bienes y servicios, los altos niveles de desempleo y la casi nula inversión.
¿Qué es lo que vemos en las calles?
En las calles vemos a personas circulando a pie y en vehículos. Gente que estaba en sus casas por la pandemia, que ahora sale a trabajar y que no consigue muchas veces medios de transporte, cuya actividad también se ha visto disminuida.
¿Y los restaurantes llenos?
Eso es una porción muy pequeña de la población. Aquellos que pueden pagar entre 30 y 50 dólares por persona sentada en una mesa, pero que contrasta con la miseria en la que desenvuelven las grandes mayorías de la población.
En todo caso, hay que seguir buscando el eslabón perdido de la economía venezolana. Lo que vemos, nos lleva a imaginarnos una ilusión que no logramos desentrañar.
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