La lectura de las noticias diarias nos dibuja un mundo convulsionado en la búsqueda de un cambio. En el Medio Oriente palestinos y judíos siguen cayéndose a trancazos misilísticos, como nunca antes. En el norte de África, miles de marroquíes invaden a nado los enclaves españoles de Ceuta y Melilla.
En Europa, en la isla italiana de Lampedusa, nuevamente miles de inmigrantes ilegales llegan en barcazas desde Libia. En el Ártico, Rusia desafía a los Estados Unidos reclamando su jurisdicción.
En Asia, China amenaza a sus vecinos con buques de guerra los mares que los separan. En Myanmar, los militares desconocieron las elecciones generales y ya van más 700 fallecidos. En la India, miles de personas caen muertos diariamente como moscas como consecuencia del Covid.
En América del Norte, a la frontera sur de los Estados Unidos llegan miles de inmigrantes en busca de asilo. En Chile, izquierdistas e independientes tomaron con votos la mayoría de una recientemente electa asamblea constituyente.
En Colombia, miles de manifestantes han paralizado el país. Mientras en el lado venezolano de la frontera con Colombia, se insertan componentes de las FARC que desafían al ejército venezolana llamando a ese territorio nacional “Marquetalia”.
Sin embargo ….. en Venezuela, en los asuntos que afectan gravemente de los venezolanos, no pasa nada. A pesar que los alimentos aumentaron un 30% en abril, no hay papel moneda, todo se vende en dólares, no hay vacunas anticovid, los muchachos no van a las escuelas, no hay gasolina ni gasoil, el servicio eléctrico falla a cada momento, el internet llega en tortuga, y los venezolanos deben vivir con poco más de 3 dólares mensuales -los pensionados con 2,33 dólares- cuando para comer se necesitan no menos de 300 dólares mensuales….. y sin embargo, a pesar de todo este cúmulo de problemas, no pasa nada en Venezuela.
Si Galileo estuviera vivo, y se le pidiera la opinión sobre Venezuela, seguramente diría: «Eppur non si muove».
Eduardo Martínez
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