Todavía retumba, en la cabeza de quienes le oyeron, las palabras del fallecido presidente Hugo Chávez cuando en una alocución oficial expresó que “robar no es malo”.
Luego en perfecta alineación con esta expresión, el régimen comenzaría a recordar los saqueos del 27 de febrero del 1989 como una fecha precursora de la revolución bolivariana.
Después, se aplicaría “el exprópiese” como una extensión del nuevo paradigma del robo oficial. Una política que ha tenido como logro la disminución de la producción nacional de bienes y servicios, y la destrucción de la infraestructura industrial.
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Esta secuencia de robo, justificación de los saqueos de 1989 y de expropiaciones, se ha constituido en una acción que violenta las tradiciones de la civilización occidental.
En Occidente, el contenido de los 10 mandamientos es el punto de partida del comportamiento decente de las personas. Entre ellos destaca el “No robarás”. Un mandamiento que no admite interpretaciones. Es claro y sin ambigüedades.
Este mandato de no robar, ha sido recogido en los códigos penales de todos los países, incluyendo Venezuela. Robar es un delito y por lo tanto, su comisión acarrea una pena. Es universal el castigo de cárcel, para quien roba. Y en países islámicos, donde se aplican las leyes del Corán, a los ladrones se les corta la mano en acto público.
La semana pasada, se registraron saqueos o intentos de saqueos en diversas ciudades del país. Estas acciones no son justificables. Aunque cabe mencionar que las condiciones de escasez, carestía y falta de oportunidades, son mucho más graves hoy en día que en 1989.
El régimen frente a estos sucesos, con ese doble rasero con que califica lo que sucede, considera ahora que los saqueos son culpa del imperio y son algo malo.
Sin embargo, hay que advertir que los saqueos son consecuencia de la situación socio económica que sufre Venezuela, después de 16 años de régimen, y de la enseñanza violenta y sistemática que parece haber inculcado a sectores de la población, que quitarle al que tiene no es malo.
El cambio anti histórico de los paradigmas, comienza a revertirse contra quienes lo propugnaron y no se cansaron de repetirlo. Esperemos que no sea tarde.
Eduardo Martínez
Editor www.eastwebside.com