Por Henry Escalona
Una buena amiga me envió, vía WhatsApp, un chiste grafico con una leyenda que decía: “Era llevarse a los chavistas y dejarnos el petróleo, no llevarse el petróleo y dejarnos a los chavistas”, creo que ese retruécano contiene una idea bastante acertada y refleja muy bien ese humor negro que ha venido caracterizando en los últimos tiempos muchas expresiones del alma popular venezolana y, ¿por qué no decirlo?, también parece sintetizar la realidad nacional desde el 3 de febrero de 2026.
Los venezolanos esperaban, antes de ese tercer día de enero, que ese montonón de barcos, tropas y equipos militares gringos sirviera para algo más allá de llevarse a quienes fungían de presidente y primera dama de la republica y encerrarlos en una cárcel neoyorquina. El sentimiento general (chavistas arrepentidos incluidos) era él que se entregara el aparato de gobierno a quien le arrebataron el triunfo en las elecciones presidenciales de 2024, pero la cosa no salió de esa manera.
Por alguna razón, los señores Trump y Rubio decidieron emprender su aventura venezolana tomados de la mano de la ciudadana Delcy Eloina Rodríguez Gómez, que era la vicepresidente del señor Nicolas Maduro y ahora es la presidenta no electa de Venezuela. Así que, como dijera el medio español ElPais apenas el 6 de enero de este año: El respaldo público del Gobierno de EEUU a la hoy presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, tras la captura el pasado sábado del líder chavista Nicolás Maduro desconcertó al mundo. Tanto para los gobiernos que no reconocieron la legitimidad de Maduro como para la población civil resultó una sorpresa que Washington no apoyara públicamente a la líder opositora María Corina Machado y al presidente electo Edmundo González Urrutia. Sin embargo, los diarios The Wall Street Journal y The New York Times han revelado este martes el motivo: Trump tomó esa decisión basándose en una evaluación clasificada de la CIA que asegura que la oposición—que no tiene el apoyo de las instituciones ni de las Fuerzas Armadas— tendría dificultades para gobernar.
De acuerdo con el informe de inteligencia citado por el WSJ, los elementos leales al régimen —entre ellos Rodríguez— están «mejor posicionados» para liderar un gobierno de transición y para mantener la estabilidad dentro del país a corto plazo. Además, cabe recordar que, aunque Maduro y su esposa Cilia Flores ya están enfrentando a la Justicia en Nueva York, la Asamblea Nacional, el Tribunal Supremo de Justicia, el Consejo Nacional Electoral, la Fiscalía, la Contraloría y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado siguen controlados por el régimen chavista.
Hasta la fecha esa situación no ha cambiado y, salvo por los signos de una muy tolerada presencia militar norteamericana, la tutela de Washington se hace presente sin que sus socios psuvecos puedan mejorar los servicios, resolver la emergencia por los sismos, subir los sueldos, liberar a los presos políticos, controlar la inflación, mejorar el sistema judicial, generar inversión, administrar mejor, reformar y derogar leyes injustas y opresivas, devolver las propiedades incautadas a empresarios y opositores políticos, mejorar la salud pública, combatir en serio la corrupción y establecer responsabilidades penales a los peculadores y sus cómplices, generar confianza económica y jurídica y, en definitiva, realizar las actividades que corresponden a un estado medianamente eficiente para garantizar una vida digna a los habitantes de su espacio territorial.
La Venezuela actual ha cambiado muy poco desde enero de este año hasta la fecha, el entorno gubernamental es mas o menos el mismo de la época en que Nicolas y Cilia asumieron sus personajes de Super Bigote y Cilita, tan así que a la misma Delcy le dio por adelantar la navidad al mejor estilo madurista, solo que, comenzando un mes más tarde, desde el 1º de noviembre en lugar del 1º de octubre como hacia el señor que ahora reside temporalmente en el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn.
No sabemos si las navidades de Delcy terminarán el 6 de enero de 2027 o un poco más tarde, o será como en Los Andes, el día de la Virgen de La Candelaria a principios de febrero, para celebrar la paradura del niño o si será su última navidad. Lo que sí parece de esperar es que, dependiendo de que el 3 de noviembre de elecciones en USA no surjan imponderables, la liaison entre los inquilinos de la Casa Blanca y Miraflores, esta versión endógena del trumpismo del siglo XXI, celebre su primer aniversario el 3 de enero de 2027 y los invitados al convite hagan una rueda y canten: La señorita Delcy va entrando en el baile, ¡que lo baile, que lo baile! ¡¡¡Que la quiero ver bailar!!!’
* Abogado, Historiador
«Las opiniones aquí publicadas son responsabilidad absoluta de su autor»