Nota Editorial: Fuerza Armada, profesionalización y transición republicana

Por Luis Barragán

Todavía insuficientemente debatida por la opinión pública y la especializada, a pesar de su indiscutible importancia y trascendencia, la transición democrática – algo no tan obvio – trastocada en proceso, necesita problematizarse para alcanzar la mayor exactitud posible. Al darla por sobrentendida, tendemos a decretarla donde no la hay y a concebir sus fases cuando ni siquiera ha culminado el preámbulo, con el riesgo de darla por sentada pese a la escasa o nula consideración de las propuestas que habría de colocar y proyectar desde una mesa formal de discusión, intercambio o negociación.

Quizá el cambio pueda ganar varios apotegmas en el esfuerzo natural de las distintas corrientes políticas e ideológicas por monopolizarlo, pero la mejor garantía para impedir una genuina transformación es generar las más variadas consignas que encubran una realidad versionada a conveniencia. La táctica, tan frecuente que ha devenido estrategia para ambas aceras en el presente siglo, ha sido la autovictimización inmediata y dramática, capaz de prometer un regreso heroico a la arena pública, como ocurre en los filmes de acción.

Tratándose de los últimos días del presente, ¿qué nos proponemos hacer sustancialmente con el país, con quiénes y en cuáles plazos? La pregunta constituye una premisa indispensable para la polémica necesaria en torno a lo que pudimos hacer y no hicimos, así como a lo que debemos emprender u omitir si de futuro se trata. A modo de ilustración, la Fuerza Armada Nacional (FAN) constituye un asunto fundamental, no para conducirla, sino para examinarla a la luz de los frutos de una indispensable transición orientada a la reconstrucción republicana en democracia y libertad; ésta última supone elevar las capacidades del Estado hasta dotarlo de dimensiones más justas y adecuadas.

Circula un significativo aporte del sector civil en esta materia: el planteamiento de David Morán Bohórquez, conciso y directo, en “De una Fuerza Armada politizada a una institución profesional. La Fuerza Armada que necesita la Venezuela del siglo XXI. La reconstrucción institucional de la defensa nacional en la era de la inteligencia artificial, los drones y la guerra multidominio” (edición digital del autor, Caracas, 2026). Sus subtítulos esclarecen de inmediato el desarrollo del tema, abordado con la colaboración de un equipo de oficiales retirados de la FAN, entre ellos – aclara – varios de la más alta graduación.

La meritocracia, la delimitación de funciones, las auditorías y la exigencia de responsabilidades, la educación militar y la reorganización acompañada de una pronta modernización permiten pasar de una declaración general de principios a una propuesta específica, articulada en una agenda susceptible de debate. Se trata de áreas mutuamente complementarias que requieren de sendas decisiones políticas, la adecuación estrictamente constitucional de normas y procedimientos, una capacidad administrativa óptima y transparente, y el reencuentro efectivo con una ciudadanía que intuye y reconoce la especificidad del ámbito militar.

A las propuestas que David ha formulado recientemente en materia petrolera, campo en el que es especialista, y sobre la reconstrucción del estado Vargas, se suma la relativa a la institución castrense: por una parte, plantea aspectos muy concretos, como las evaluaciones y los ascensos profesionales, la restitución de responsabilidades civiles actualmente asumidas por las autoridades militares, el ejercicio de una contraloría confiable y transparente, la reforma de la enseñanza militar, el financiamiento alternativo de la institución y la incorporación de nuevas tecnologías. Y, por otra, apunta a facetas diversas, pero interconectadas, que no deben quedar exclusivamente supeditadas a los mandos castrenses, sino responder a decisiones constitucionales y a la subordinación a un poder civil que debe actualizarse y bregar, con destreza y sólida convicción, con las relaciones de poder, los intereses y las resistencias que el cambio ha de provocar, como enseña la experiencia universal.

La transición democrática pendiente exige que la FAN asuma con humildad el papel que le corresponde frente a una civilidad que desea reivindicarla desde una perspectiva republicana y democrática. Quizá no pudo preverlo el alto mando que tanto presumió de garante y eventual árbitro de una crisis prolongada cuyo desenlace se anunciaba: el tutelaje lo ejerce – así de simple – una potencia extranjera que lo derrotó el 3-E.

La cuestión estriba en determinar si el tránsito en el que nos empeñamos avanza o retrocede, qué trámites y etapas se han cumplido efectivamente y cuáles certezas o dudas persisten respecto a las condiciones mínimas e indispensables. Nadie espera – en su sano juicio – una experticia absoluta del liderazgo social y político en la materia, aunque sí un conocimiento suficiente y un buen despliegue cartográfico para ir más allá de la coyuntura.

Las propuestas en consideración permiten deducir la aspiración y la posibilidad de una interlocución directa de la mesa de negociación con el alto mando militar, reforzando la institucionalidad de una instancia de encuentro y diálogo entre el gobierno y la oposición. Una reforma estructural de estricto apego constitucional obliga a determinar políticamente la naturaleza y las características del proceso en curso, los actores que lo condicionan y las instituciones republicanas que se pretende reivindicar, para evitar que queden sometidas a una tutela militar, nacional o extranjera.

Gráfica: Cortesía de Radio del Sur.

* Editorialista

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