Bernardo Moncada: En la universidad, votación, ¿Renovación?

«La vida en un sistema político democrático no podría desarrollarse provechosamente sin la activa, responsable y generosa participación de todos, si bien con diversidad y complementariedad de formas, niveles, tareas y responsabilidades.» Benedicto XVI

Por Bernardo Moncada Cárdenas

Aunque parezca mentira, en nuestra universidad, cuya autonomía está consagrada en el articulado de la constitución nacional vigente, el proceso electoral que estipula elección de autoridades en los varios niveles decisorios de la universidad, en períodos que varían de tres a cuatro años, ha estado trabado por la intrusión de órganos del Estado por dieciocho años.

También es dolorosamente cierto que esta dificultad ha podido tener menor duración, si la voluntad política de las instancias superiores en estas casas de estudio hubiera puesto empeño en resolver las contradicciones normativas que impedían los respectivos procesos electorales. Las motivaciones de esta especie de ataraxia política universitaria no son tema de esta columna, ni alcanzaría el limitado espacio para explorarlas.

Lo cierto es que, donde un proceso electoral debiera ser, como lo fue, un evento habitual, se presenta este como un acontecimiento histórico en la Universidad de Los Andes (ya lo fue en la UCV).

Mientras esto acontece, a pesar de la deserción estudiantil, la emigración de docentes, los aumentos en el costo de la vida, los salarios aún muy bajos, y la persistente fuga de cerebros, nuestras facultades se pueblan de estudiantes deseosos de acceder al conocimiento y a un nuevo status de vida. En mi curso universitario tendré seguramente un nuevo grupo de jóvenes dispuestos a aprovechar y exigir lo mejor de mí.

En la universidad, el tesón y la vocación del personal que enseña y atiende el funcionamiento en las facultades hace parecer que los grandes problemas son pequeños, que cada semestre sigue como es normal. Sin embargo, una gran expectativa se cierne sobre las próximas votaciones, en las cuales compiten cerca de 55 candidatos a desempeñar diferentes responsabilidades, ante la votación de algo más de tres mil profesores, votos estudiantiles y, por primera vez, representantes del personal administrativo y obrero.

Es una oportunidad, no solamente para la renovación de cargos, sino para inaugurar una nueva actitud de la comunidad universitaria entre quienes tendrán el deber y el privilegio de regir los destinos de la ilustre institución, evidentemente necesitada de renovación más que inteligente, ante los desafíos de una nueva era.

Los venezolanos hemos caído en lo que el psicólogo Axel Capriles llama el síndrome del fatalismo latinoamericano, un conjunto de disposiciones muy frecuentes caracterizadas por una imagen peyorativa y denigratoria de nosotros mismos.

En la universidad combatimos tal resignación derrotista, como el infundado optimismo inmediatista. No puede haber labor educacional si no se basa en la certeza de la perfectibilidad del ser humano, así como en la posibilidad de progreso con sus talentos, y en la profundización de su compromiso con la sociedad.

Tal certeza se llama fe, esperanza, confianza total del profesor en la humanidad del alumno. La mayor compensación en la labor del maestro es ver tal confianza correspondida, es ser testigo de la exitosa edificación de hombres y mujeres, por discreta e imperfecta que sea nuestra guía.

Precisamente esas actitudes deben cimentar el voto consciente y luego, por parte de los elegidos, el ejercicio de su función velando por el bien de la comunidad y con amplitud y largueza de miras.

Así tendremos la activa, responsable y generosa participación de todos, si bien con diversidad y complementariedad de formas, niveles, tareas y responsabilidades, que sustenta sólidamente la vida política en la academia.

Y que esta contraposición de candidaturas anticipe –entre candidatos tanto como entre partidarios– el tipo de complementariedad de perspectivas que debe prevalecer en una institución que se define como buscadora de la verdad, en lugar de una irreconciliable discrepancia de ideologías y personalismos.

La verdadera cuestión de esta elección no solamente es quiénes serán elegidos, sino qué universidad comenzará a construirse después de votar.-

Fuente: www.reportecatolicolaico.com

«Las opiniones aquí publicadas son responsabilidad absoluta de su autor»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*