Gloria Cuenca: Comunicología y relación comunicacional (II)

Por Gloria Cuenca

Héctor Mujica, inolvidable maestro del periodismo y la comunicación, fue también un hombre de “su tiempo y de su época”. Héctor: comunista militante, con alma democrática. Con su conducta enseñó a vivir en la cotidianidad de la pequeña escuela de periodismo complicada por cierto; llena de comunistas resentidos. (Periodismo, antes de ser Comunicación Social) Héctor Mujica habría sido un extraordinario hombre de relaciones públicas, cumpliendo el dicho de “hacer bien las cosas y decirlas”. Teniendo razones para ser un resentido, no se comportó jamás de esa manera. Manejaba las relaciones interpersonales de manera maravillosa, asertivamente, esto producía -para envidia de muchos/as- un enorme afecto y admiración de quiénes sin compartir su manera de pensar, (comunista) lo apreciara y, también lo ayudaran en todo lo que pretendía poner en práctica. Ejemplo de esa forma de ser ocurre en uno de los momentos más complejos y difíciles, vividos en la Escuela de Periodismo. Narro su fórmula para mejorar las relaciones, (comunicación), en la cotidianidad; en medio de la pasión desatada durante la renovación académica, se produjo la gran paradoja: la escuela de comunicación social incomunicada. Los profesores no conversábamos, ni compartíamos, al estar en posiciones opuestas. (Impuesto por los comunistas: ser opositor, burgués, libre pensador, ultra, resultaba peligroso, se contagia)

Mujica no se comportó así. Gran profesor, excelente periodista y un ser humano con solidaridad y calidad humana, demostrada en su vida. Con amigos de todas las formas de pensamiento universal. No dejó de ayudar o comprender a alguien por razón de su tendencia ideológica o su manera de pensar. Cuento: en aquellos momentos, él comunista, yo radical, “ultraizquierdista.” trabajamos por el desarrollo de la Escuela de Comunicación Social, por el progreso de la institución. Durante la renovación académica, el ambiente en la escuela se enrareció. Circuló un “periodicucho anónimo” La protagonista principal y “victima” del pasquín, quien escribe. Se decían toda clase de ofensas e injurias. Resultó desagradable, aun cuando una experiencia imprescindible para mí. Terminada la violencia y agresiones en la academia, al buscar calmar los ánimos y avanzar en el proceso de construcción de la nueva escuela, a partir de la CIENCIA DE LA COMUNICACIÓN, Héctor fue electo director. Me llamó a su oficina para re establecer nuestra comunicación: “¿Vas a trabajar por la Escuela y su progreso?” “Si” contesté sin vacilación. Él director electo, también yo, representante profesoral electa miembro del consejo de escuela. (Primeras elecciones realizadas y elegir a los directivos.) De inmediato, me dijo: “Hagamos un acuerdo: lo que te digan, dije de ti; me lo dices y aclaramos, ¿es verdad o una intriga? De mi parte, lo que digan sobre mí pregunto. ¿Qué fue lo dicho? Así lo aclaramos.” Continuó: “Tenemos intereses comunes: la Escuela, su organización y progreso. No permitamos, que los chismes entorpezcan la gestión”. Efectivamente, en cuestión de semanas, el ambiente cambió completamente. Se acabaron rumores y chismes, no se publicó más el periódico. Trabajamos   al superar la “batalla de dimes y diretes”. Gran aprendizaje, agradecida siempre.

Los planteamientos: ¿Es la comunicación una ciencia? Sí, con serenidad y ecuanimidad, se decidió la creación del Departamento de Ciencias de la Comunicación.  Las cátedras, que lo integraron desde el comienzo: Teoría de la Comunicación I-II, Opinión Pública y Sociología de la Comunicación. [1]La Escuela quedó organizada: Dirección, Coordinación, Departamentos y Cátedras:  seis Departamentos: Informativo y Opinión, Ciencias de la Comunicación, Audiovisual, Materias Generales, Comunicación Gráfica y, Publicidad y Relaciones Públicas. Hubo intención y crear un Departamento de Métodos de Investigación. Fue incorporado como cátedra a Ciencias de la Comunicación. La honestidad y la verificación como norma permanente para re establecer comunicaciones resulto efectiva.

Hay quienes niegan conocer la historia. También investigaciones, trabajos realizados con seriedad y dedicación; ¿se dejan llevar por habladurías? ¿En la academia?  Complejo. Peor, sí somos incapaces de apostar a la honestidad y la verdad, para comprobar lo que ocurre en ese “entorno inmediato e íntimo”[2], que en oportunidades resulta difícil a la hora del manejo de las relaciones humanas.

Vuelvo a la comunicología. Investigué, entrevisté, escuché a los muchos ex directores de la Escuela de Comunicación Social sobre el tema.[3] Algunos me dejaron estupefacta: reconocieron que no estaban de acuerdo con la existencia de la comunicología. No  aceptaron la posibilidad, de mezclar al periodismo, profesión práctica, con la ciencia de la comunicación. Por años se ha obstaculizado la creación de los diferentes perfiles: el del comunicador social y el del periodista. Lo han homologado, para confusión de los jóvenes profesionales. Especialmente para ¿obedecer?  No se sabe, ¿a quién? un mandato de atraso, ignorancia e incapacidad de crecimiento. A mi larga edad, no me empeño en nada. Confío en los jóvenes. Saldrán de esa duda: ¿se asustan al definir una ciencia? Da entre tristeza y risa. ¡No pudieron con el desarrollo de la comunicación!  Gracias a Dios, no me siento responsable, ni comprometida con los disparates. Al final de la vida solo cuenta Dios y su Verdad. Termino en el próximo artículo.

Referencias:

[1]Cátedras: Teoria de la Comunicación: materias, Introducción a la Comunicación,Teoría de la Comunicación I-II, Psicología de la Comunicación, Ética y Legislación de la Comunicación; Cátedra de Opinión Pública: materias Opinión Pública y seminarios de investigación; Cátedra de Métodos de Investigación;Seminarios de Tesis de Grado. Cátedra de Sociología de la Comunicación, materias. Sociología de la Comunicación, Seminario de Investigación de Medios.

[2] Concepto de “vida cotidiana” de Daniel Prieto Castillo.

[3] Las mencionadas entrevistas están en mi libro “La enseñanza de la comunicación y el periodismo en Venezuela”. Edit. CDCH. UCV. 1998. Caracas.

«Las opiniones aquí publicadas son responsabilidad absoluta de su autor».

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