Por Eduardo Martínez
Cuando la ciudad de Caracas no alcanzaba los 800 mil habitantes -en 1960- cualquier acontecimiento pequeño o sencillo perturbaba la atención de los caraqueños.
El ayer
Entre esos acontecimientos se encontraban los circos. Una atracción que con sus carpas colorinches se ubicaban en los baldíos terrenos de La Hoyada, en la cercanía del Nuevo Circo de Caracas.
Bastaba la llegada del circo para que los vecinos de la ciudad tomaran un nuevo tema de conversación. Podía haber la peor crisis de esos años, como por ejemplo las manifestaciones de los estudiantes, así como los sucesos que desataba la guerrilla urbana, pero esos acontecimientos pasaban a un segundo plano.
Cada vez que llegaba un circo a Caracas, o a cualquier ciudad del interior, lo clásico era un desfile por las principales calles para mostrar el arsenal de atracciones y diversiones que traía el circo.
El desfile lo iniciaban los payasos, casi siempre encabezados por un payaso gordo -siempre había uno- que llamaba la atención los transeúntes y vecinos tocando un inmenso tambor que parecía salir de su inmensa barriga.
Luego venían las bailarinas y trapecistas, escoltadas por los artistas de mayor nivel. Y para el cierre de la comparsa, destacaban los leones, osos y los inmensos elefantes.
Estos últimos, que cada vez que daban un paso con su peso hacían trepidar el asfalto, callaban a las multitudes congregadas en las aceras.
Por supuesto que no faltaban los vítores y aplausos, celebrando la llegada de estos invasores de la cotidianidad citadina.
Mientras las ciudades crecían
Hoy en día no es distinto. Basta una cualquiera distracción, para que los temas de conversación cambien de inmediato.
Por supuesto que la ciudad y el país, ya no son lo mismo. Aunque sea hoy en día la tecnología, la que nos traiga los temas de escándalo y nos cambie sobre qué comentar.
Cuando se impuso la televisión, entre los años 50 y 60, bastaba con accionar una perilla para pasar de un canal a otro. Y como por obra de magia, eso bastaba para ver la serie del momento, o las atracciones internacionales que animan los musicales.
Como no recordar, las presentaciones de Lila Morillo en esos años. Bastaba una ligera inclinación hacia la cámara, para que mostrara las bondades de un pronunciado descote al son del “Cocotero”. Pero ese mini escándalo televisivo era efímero. Solo daba para los cafés del día siguiente.
Pero el circo, con sus bailarinas, payasos y elefantes, era otra cosa. Daba para las semanas en que un circo acampaba en La Hoyada.
Sin embargo, en esa etapa en que el periodismo amarillista todavía estaba de moda -para vender periódicos- también se utilizaba para desviar la atención de los lectores, y así, de la población.
Gracias al periodista Oscar Yánes, tenemos una colección de varios tomos de lo que tituló “Las Memorias de Armandito”. Una recuperación histórica del amarillismo periodístico.
Los temas fueron variados: los ladrones, los crímenes, las persecuciones, los aparecidos, y tal vez la última elaboración que batió todos los récords: los ovnis y marcianos de 1967.
Esa fue la manera en que los caraqueños dejaron de sufrir los efectos del terremoto de 1967.
Hoy en día
Hoy en día con la crisis profunda del país, y la inmediatez de la tecnología -internet, mensajes de texto y redes sociales, no es necesario elaborar planes rebuscados.
Son tantas las cosas que pasan, que lo único que debe hacer el ingenio de los “influencers” es impulsar “trending topics”. Y voilá, todo el mundo retuitea y comenta, para que la viralidad automática haga el resto; y los venezolanos se olviden del penúltimo escándalo.
Dos ejemplos vienen a mano. El primero, es la pandemia en el 2020. Un momento en que la atención pública estaba focalizada en la realización de un revocatorio presidencial para destituir a Maduro.
En esa coyuntura, las manifestaciones se propagaban por todo el país. El CNE no hallaba cómo detener la solicitud que venía venir.
Sin embargo, la aparición del Covid-19 hizo el trabajo. El régimen paralizó el país, lo asustó, y todo antes de los tiempos de la propagación del virus, pero muy oportunamente “a tiempo” para bloquear el referendum. Nadie volvió a hablar del revocatorio.
Ahora, hay un segundo ejemplo. En momentos en que los venezolanos deben solucionar la crisis política, habida cuenta la extracción de Maduro, surge el acuerdo Trump-hermanos Rodríguez que impone nuevas maneras de tratar el negocio petrolero.
El tema es importante. No hay coincidencias en los análisis. Y la solución de la crisis, que tendrá que ser electoral y que las mayorías tienen una propuesta concreta, el tema desaparece de las mesas de discusión. Sean estas discusiones políticas, familiares o vecinales.
Ya nadie habla de lo más importante: la solución a la venezolana.
Si, amigos electores. Lila Morillo volvió a aparecer meneando su Cocotero.
¡El circo volvió a llegar a la ciudad!
Editor, www.eastwebside.com