Arturo Meléndez: La Siquitrilla

Por Arturo Meléndez

Contrario a lo que parece, el título que coloco para estas letras de mi dialogo semanal con mis amigos, no corresponde al de uno de esos bailes que se ponen de moda por unos meses hasta que inventan uno nuevo más ridículo que aquel, tampoco es una de esas llaves con las que alguna estrella de la lucha libre mejicana de mediados del siglo pasado hacia sufrir a sus contrincantes en el ring.

El terminacho en cuestión nació en las cocinas y carnicerías populares y se correspondía con el esternón de las aves domesticas comestibles, que era el sitio por donde dividían a un pollo desplumado en dos mitades simétricas para facilitar la elaboración de distintas preparaciones o simplemente para facilitar el desprese de distintas aves.

La expresión, muy difundida en el Caribe y otras partes de América Latina, fue usada como verbo, siquitrillar, para denotar la derrota contundente de un rival, destruirlo moralmente o hasta eliminar físicamente a alguien. En Cuba se usó en el ámbito político para referirse a expropiar o confiscar bienes de los grandes poseedores de tierra y riquezas, y fue particularmente usado desde 1959, por el propio Fidel Castro en los anuncios de expropiación de bienes de la burguesía cubana y de capitales extranjeros. De esa época recuerdo una caricatura de la revista Bohemia en la cual se ilustraba el desmembramiento del muñequito emblema de las empresas eléctricas, refiriéndose a la expropiación y nacionalización de la Compañía Cubana de Electricidaden 1960, con la expresión “siquitrillaron a K-Listo”, que era la imagen comercial y mascota de la empresa cubana subsidiaria de la estadounidense American & Foreign Power. En Venezuela K-Listo se conocía como Bimba Kilovatio y Kilovatico, dependiendo de las operadoras, y era un dibujo animado con cuerpo de rayos eléctricos, manos con guantes y un bombillo rojo por nariz.

Lo cierto es que Fidel Castro con esas medidas siquitrilló al cuerpo económico de Cuba y nunca mas pudo recuperarlo por razones de organicidad económica y financiera, materia en la que el comandante Castro, sus compañeros del “Granma” y sus asesores parece que no destacan favorablemente sino todo lo contrario, pues la isla no ha podido ni podrá levantar vuelo económico sin abandonar el pesado fardo teórico de una marxismo sin clase obrera ni gerencia de planes que vayan más allá de los modelos copiados a los soviéticos.

Y yendo al motivo de usar la siquitrilla como verbo precedente a la extremaunción de una persona o sociedad, quisiera partir de una idea básica, y se refiere a los planes del gobierno de los Estados Unidos de América, para siquitrillar a sus mayores “enemigos” actuales en Latinoamérica, Cuba y Venezuela. Dos países con historias e intereses diferentes, pero que coinciden en la animosidad de, no solamente este sino todos, los gobiernos de USA de los últimos años.

En el caso de Cuba, los Estados Unidos nunca han ocultado su interés de hacerla suya desde los tiempos de sus primeros presidentes, así Thomas Jefferson escribía en 1802 correspondencias en las que planteaba su intención de ocupar la Isla casi un siglo antes de la guerra de EEUU y el reino de España. Antes de esa confrontación militar varios presidentes intentaron comprar Cuba al reino español, el mismo Jefferson al final de su mandato, Polk, Pierce, Grant y Mc Kinley, por no hablar de John Quincy Adams y su teoría de “la fruta madura” propuesta como canciller de Monroe y luego como presidente. Los Estados Unidos de América nunca ocultaron su pretensión de apoderarse de un territorio muy provechoso en lo económico y lo estratégico para esas épocas.

La oportunidad de apropiación territorial llegaría con la guerra de independencia de Cuba, con el aun discutido hundimiento del USS Maine en el puerto habanero y la intervención a favor de los independistas de cuerpos militares estadounidenses, unos voluntarios como los Rough Riders de Teddy Roosevelt y otros integrantes del ejército regular americano como los Buffalo Soldiers (regimientos compuestos exclusivamente por afrodescendientes a los que Bob Marley dedicó el tema Buffalo Soldiers, con más carga de critica racial que de narrativa histórica). Estos episodios de la historia formaron parte de una guerra que España no quiso evitar por motivos de supervivencia política del régimen peninsular, lo que condujo al desmembramiento de los restos del Imperio Español y a la ocupación legal de Cuba por Estados Unidos en razón del Tratado de Paris. Desde ese momento y hasta 1958, el territorio cubano fue, de una u otra manera, un espacio sujeto a los intereses de los Estados Unidos de América en forma clara y ostensible, con leyes que así lo permitían, como la Enmienda Platt de 1902, documento legal que convirtió a la naciente República de Cuba en un protectorado de facto de los Estados Unidos, limitando severamente la soberanía que los cubanos acababan de ganar tras independizarse de España.

La historia mas reciente de Cuba merece un estudio muy profundo, pues la época castrista tiene demasiados matices opacos que, en mi opinión, convirtieron una revolución con apoyo popular en una cruel dictadura partidista impuesta por un líder megalómano, de la que solo queda el interés de USA por poner sus pies más allá de la base militar de Guantánamo, siquitrillando a todo aquello que sea necesario siquitrillar.

En cambio que el interés de USA por Venezuela es mucho mas reciente, la primera legación americana no llegó a Venezuela hasta 1835, cuando USA reconoció a Venezuela como país separado de la Gran Colombia y envió como encargado de negocios al diplomático John Williamson, y ese país no tuvo embajada formal en Venezuela hasta 1939, 109 años después de su establecimiento como país, con la llegada del doctor Frank Corrigan a una ciudad en la que no tuvo sede propia hasta 1948, cuando ocupó el edificio Valderrey en la urbanización San Bernardino (hoy ocupado por invasores enviados por instrucciones de un obeso y nefasto alcalde de cuyo nombre prefiero no acordarme). Esa ubicación, en la zona que se llamó en el argot de la industria como el “distrito petrolero”, revela el interés del departamento de estado gringo, las empresas petroleras americanas y la familia Rockefeller (dirigida en este país por uno de los nietos del patriarca, Nelson, con profundas raíces económicas en esta tierra de gracia) en los negocios venezolanos.

Los Estados Unidos tenían tiempo en el negocio de los hidrocarburos venezolanos, la New York & Bermúdez Company explotaba el asfalto del Lago de Guanoco, donde adquirió sus derechos en 1885 al comprar a los señores Hamilton y Philips la concesión que el gobierno de Guzmán Blanco les concedió en 1883. Nuestro primer yacimiento formal se descubrió en la Hacienda La Alquitrana en 1875, que comenzó a ser explotado por la empresa Petrolia del Táchira en 1878, pero no seria hasta 1914 con la explosión del pozo Zumaque en Mene Grande (Zulia) que se dispararían las inversiones angloholandesas y estadounidense en Venezuela, en los años iniciales de la dictadura gomecista (en cuya entronización bastante tuvieron que ver los gringos, pero lo dejaremos para otro día).

La intromisión americana en los asuntos externos venezolanos se hace bastante evidente en esa época, hasta el punto que según archivos desclasificados de la inteligencia yanki, dada la neutralidad del gobierno de Juan Vicente Gómez en torno al tema de apoyar a las potencias contrarias a Alemania en la Primera Guerra Mundial, una avanzada diplomática se habría acercado al derrocado Cipriano Castro para proponerle regresarlo al poder a cambio del apoyo a las potencias anti germánicas, pero Castro no aceptó y hasta ahí quedó la cosa (aunque un buen amigo andino y curioso de la pequeña historia propone la tesis que la posición de Castro y Gómez no era tan principista, tenia que ver mucho más con su relación con los agentes de casas alemanas exportadoras de café tachirense y su vieja relación con los caudillos rurales del Táchira, pido a Dios me de vida para investigar este capricho histórico).

La Segunda Guerra Mundial acerca más a Venezuela a las posiciones norteamericanas y es innegable la contribución de los hidrocarburos venezolanos para el funcionamiento de la maquinaria industrial y militar de los países aliados contra el eje Berlín/Roma/Tokio, es una época de estrecha colaboración de nuestros gobiernos y la industria petrolera establecida en el país

Así nuestra nación, con altas y bajas, se consolida como un aliado seguro de USA no solo en materia petrolera, situación que se mantiene hasta la llegada al poder de Hugo Chávez, quien influenciado por el antiamericanismo de Fidel Castro saca al país del área de influencia gringa y se alinea con posiciones que reclaman multipolaridad en las relaciones y políticas internacionales.

El enfrentamiento con las políticas de Washington se fue haciendo cada vez mas agudo en Cuba y Venezuela, hasta el punto que por estos lares se aplico la siquitrilla a un presidente que, legítimo o no, se encontraba en funciones de gobierno para el día 3 de enero de 2026 en el que fuerzas militares que seguían las órdenes del presidente Trump se lo llevaron en un operativo militar siquitrillante.

No se como va a terminar esta historia, me imagino que la administración Trump siquitrillará a Cuba con los ingresos provenientes del acuerdo, no ratificado por el legislativo, mediante el cual, supuestamente se le conceden al gobierno y empresas petroleras gringas el 20% de nuestras reservas petroleras, en una clara pasada de página por parte del chavismo que fue antiimperialista hasta hace unas horas.

Creo que es oportuno recordar las palabras de Mark Twain, en relación a la invasión de Filipinas en la guerra de USA y España en 1898: Solía ser un imperialista ferviente. Quería que el águila americana fuera gritando sobre el Pacífico… ¿Por qué no extender sus alas sobre Filipinas, me preguntaba? […] Me decía a mí mismo: Aquí hay un pueblo que ha sufrido durante tres siglos. Podemos hacerlos tan libres como nosotros, darles un gobierno y un país propios, poner a flote una miniatura de la Constitución estadounidense en el Pacífico, comenzar una nueva república para ocupar su lugar entre las naciones libres del mundo. Me pareció una gran tarea a la que nos habíamos dirigido. Pero he pensado un poco más, desde entonces, y he leído detenidamente el tratado de París, y he visto que no pretendemos liberar, sino subyugar al pueblo de Filipinas. Hemos ido allí para conquistar, no para redimir.

Me parece que debería ser nuestro placer y deber el hacer que esas personas sean libres y dejar que se ocupen de sus propias cuestiones domésticas a su manera. Y por eso soy un antiimperialista. Me opongo a que el águila ponga sus garras en cualquier otra tierra.  ( New York Herald, 15 de octubre de 1900)

* Historiador, Escritor

«Las opiniones aquí publicadas son responsabilidad absoluta de su autor»

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