Por Eduardo Martínez
Si usted no hace nada por mejorar, y solo espera que Dios lo ayude, le lamento decir que usted está “jodido”. ¡No tiene salvación! y eso en la actual coyuntura venezolana es aplicable a unos y otros por igual.
Tal vez decir eso sea muy crudo e irreverente. Pero antes de publicar esa dura expresión tuve a bien consultar a amigos religiosos quienes me señalaron que era una aseveración correcta.
Admitida la expresión por mis consejeros espirituales, pasaré a desarrollar algunas ideas.
En primer lugar voy a considerar la situación de quienes interinamente gobiernan Venezuela. En estos momentos, pareciera que estamos pasando de una etapa terrible de la vida republicana, a otra etapa -que si bien no la entendemos con precisión- se espera represente un cambio de rumbo.
Para los venezolanos no está muy claro que quienes condujeron al país al desastre, sin pausa y sin tregua desde 1999, estén capacitados para administrar la transición a una Venezuela mejor. No les da confianza.
Esa falta de confianza hace disminuir las esperanzas de una cercana mejoría.
Por otra parte, son de tal magnitud los pecados cometidos (presuntos) por los funcionarios a cargo del país -desde 1999 hasta el 2 de enero del 2026- que en aplicación de nuestras creencias cristianas estamos esperando lo mínimo para creerle que las cosas van a cambiar.
¿Cuál es lo mínimo?
En el proceder cristiano estamos hablando de arrepentimiento, admitir las culpas, y suscribir una enmienda personal por cada uno de ellas. De ninguna manera colectiva. Debe ser “personal” y “in tuito personae”.
Eso no ha ocurrido. Entonces … ¿Cómo creerles?
Frente a los funcionarios interinos, que les han sido extendidas sus funciones de gobierno más allá de lo razonable y esperado, tenemos en la acera de enfrente a la gran mayoría de los venezolanos.
Esos venezolanos, luego de casi tres décadas, por diversas razones se han acostumbrado a esperar con paciencia que alguien venga a solucionar sus problemas.
Lo cual sucedió el 3 de enero, en una madrugada inédita que arrasó con los candados que impedían cambiar el rumbo de las cosas. Resulta que vino alguien.
No vengan con cuentos. Aunque parezca increíble los venezolanos siguen esperando que cambien las cosas. Lo que se demuestra con la última moda de las peticiones: ir a las puertas de la Embajada de Estados Unidos en Caracas a pedir a los enviados y al mismo presidente Donald Trump que cambien las cosas.
¿Y qué hacen los venezolanos por sí y para sí mismos? Quisiéramos saberlo.
Si usted no hace algo para cambiar, seguirá pasando lo mismo que ha pasado en las últimas tres décadas. Y con un control de “medio pelo”, no se ve con claridad que vayan a cambiar las cosas con la prontitud que los venezolanos necesitan y esperan.
Por lo visto, se presume que no habrá salvación. Para ganarse el cielo hay que bregarlo.
Editor, www.eastwebside.com