La otra cara de la Luna

Por Eduardo Martínez

Teniendo a la vista en Venezuela unas próximas elecciones presidenciales, que no sabemos su fecha, y en ejecución de una acción del gobierno que sigue el trillado libreto del regente anterior -hoy inquilino en el numero 80 de la calle 29th St, en Brooklyn- los venezolanos miran con grandes esperanzas el futuro inmediato.

Sin embargo, no esconden sus desconfianzas ante el cambiar del 3 de enero, donde parecía cambiar todo, pero que luego de tres meses y medio muestra indicios que no habría cambiado nada.

Los actores del régimen siguen siendo los mismos. Todos sacados de los listados de sacionados por los Estados Unidos, la Unión Europea y las listas de denunciados ante la Corte Penal Internacional.

El escenario institucional para regir un proceso electoral sigue siendo el mismo. En manos de esos llamados “5 poderes”, que garantizaron resultados “irreversibles” una y otra vez.

Los electores venezolanos quieren votar, elegir, darle una vuelta pacífica y democrática a la crisis venezolana. Pero no son pendejos. Quieren que se respete su voluntad.

Exigen que existan condiciones de transparencia. Para lo cual es necesario un nuevo CNE, el desmontaje de la dictadura tutelar de la Sala Constitucional de TSJ, y un verdadero cambio en las cabezas de dirección del Ministerio Público, el Defensor del Pueblo, y el Contralor.

De no ser así, lo que tendremos será la continuación de un teatro electoral televisivo alejado de la gente.

En todo caso, Venezuela está ante el rostro de una Luna sin movimiento que siempre es la misma. Una Luna que tiene dos caras, y una, tal vez la más importante, está siempre “oculta”.

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