Alberto Borregales: La parasitaria fórmula despótica

Por Alberto Borregales

El despojo ideológico fallece con y sin falta de flujo de liquidez. Todas las «teorías» de la ideología de izquierda contemporánea desaparecen por un elocuente arte de magia.

Sus representantes parecen erigirse, ya no en debates, sino en una forma inicua de dominio ante una masa amorfa, obediente e ignorante que solo actúe bajo su mandato, tal cual «guión dialéctico» entre el amo y el esclavo. Su resultado, constructos materialistas de sociedades carcelarias panópticas dónde nada, absolutamente nada se edifica. Todo es una mera «convivencialidad» negativa, reductiva y sumisa entre los componentes desahuciados de un aparato delincuencial que maneja la politiquería con sentido fallido y forajido.

Se utilizan términos filosóficos para designar una «aventura» que es una pesadilla con los ojos abiertos, sus tanques de «pensamiento» son una sencilla burla a lo bufonesco, ya que no generan articulaciones que sirvan para el libre flujo de códigos neuronales, activación del ADN en transmisión de mensajes hereditarios, ondas cerebrales que activen las células del

pensamiento, árbol genealógicos tóxicos e impregnados de veneno, dónde nada crece ni se desarrolla; figuras cadavéricas, enfermizas, insepultas, vagando como zombies sin piel, sin sentido alguno, plenamente a la deriva; infectando todo a su paso.

Sergei Tretiakov, en su obra «El teatro de atracciones», describe los dispositivos pulsionales de una elaboración transformadora, en un escenario compuesto por figuras creadoras, todo lo contrario a este flujo espeso y baboso que se genera en los componentes internos de la máquina despótica: «El trabajo sobre el material escénico, la transformación del escenario en una máquina que ayuda a desarrollar el trabajo del actor de una manera tan amplia y diversas como sea posible, se justifica socialmente desde el momento en que está máquina no solo mueve sus pistones y soporta una cierta cantidad de trabajo, sino que comienza a realizar un trabajo útil concreto».

Ese trabajo escénico constructivo, no se está llevando a cabo, los mecanismos de articulación están vencidos. Las lecturas y guiones del aparato externo del teatro, han intoxicado las leyes hermenéuticas que las sostenían. El nivel protocolar de gran escala en la Alta Política, desciende a un Inframundo sin lenguaje, comunicación, gestualidad, comportamiento, linaje, dispositivos cognitivos, argumentación, escena pública, discurso, oratoria, contenido, fotografía, entrevista, conferencia están, actualmente, impregnados de vaciedad, nihilismo, Y, en el mayor de los casos: ignorancia.

Expondrá muy bien, Gerald Raunig en su valioso estudio «Cuerpos, cosas y máquinas sociales»: «Está zona fronteriza entre el doble artificio del arte técnico y de la creación artística se conformó por vez primera en el cénit del drama griego en el siglo V antes de la inflexión de Cristo. En el teatro de la Antigüedad, la máquina significaba fundamentalmente el Dios surgido de la máquina, el theós epi mechanés, el deus ex machina. La mechané o más tarde la Machina del teatro romano, fué el término general que se utilizó para designar la totalidad de las máquinas de la escena: máquinas de relámpagos y truenos o dispositivos para hacer que los muertos se desvaneciesen en el infierno»

Está contundencia del teatro trágico griego, marca la aventura de la Gran Política de Occidente. «Es el sujeto de la voluntad, es decir, el querer propio el que llena la conciencia del que canta, a menudo como un querer desligado, satisfecho (alegría), pero con mayor frecuencia aún, como un querer impedido (duelo), pero siempre como afecto, pasión, estado de ánimo agitado» (Ver: Fredrick Nietzsche. El Nacimiento de la Tragedia).

El teatro posrevolucionario de la URSS de principios de la década de 1920 tuvo una influencia significativa, en Bertold Brecht (*) La Revolución de Octubre se vio acompañada por una pregunta vehemente : cómo revolucionar el Arte, incluido el teatro burgués. El dramaturgo alemán, Inflexiona notablemente e inspira a los bolcheviques y a todas las sociedades.

Occidente se llena de vicisitudes alegóricas, de inventos, creaciones, arte, música, poesía, literatura.

En el novedoso horizonte del siglo XXI, reaparece un espectro con una gran falla de recepción lectora, una ausencia de sentido como nunca antes había existido en la tierra, en este planeta.

Sectas, facciones, grupúsculos, clanes, trenes delictivos, sociedades secretas, inundan el presente siglo. Se desvanecen las organizaciones políticas, los grupos de representación proletaria se cosifican, las asociaciones con elementos despreciables de la oscuridad, hacen aparición en plena luz del día en fachadas pueriles, se nublan los valores humanos y aparecen «asociativamente», elementos discordantes de la maldad. Lo siniestro se apodera de la política en un sentido abismal y caótico

La simbiosis de racionalidad y poder entra en conflicto y sus nociones fundacionales se invierten por falta de contenido. Ahora, la sinrazón toma la batuta desde una perspectiva hueca, y la razón tradicional ilustrada mira hacia una racionalidad instrumental. Esta anormalidad ahuecada y patológica la asume un grupo desprovisto de nociones simples y elementales, «toman el poder» y se tiranizan, su mayor ejemplo se residencia en Venezuela y Colombia y su laboratorio de ideas desvanecidas en el aire, se situa en un archipiélago panóptico carcelario en el Caribe.

Michel Foucault en su estudio «Omnes Et Singulatim: Hacia una Crítica de la Razón Política», lo discierne en tres fases discursivas:

1.- Pudiera resultar prudente no considerar como un todo la racionalización de la sociedad o de la cultura, sino analizar este proceso en diferentes campos, fundado cada uno de ellos en una experiencia fundamental: locura, enfermedad, muerte, crimen, sexualidad.

2.- Considero que la palabra «racionalización» es peligrosa. El problema principal, cuando la gente intenta racionalizar algo, no consiste en buscar se se adapta o no a los principios de la racionalidad, sino en descubrir cuál es el tipo de racionalidad que utiliza.

3.- A pesar que la Ilustración haya sido una fase muy importante de nuestra historia y del desarrollo de la tecnología política, pienso que debemos referirnos a procesos mucho más alejados si queremos comprender cómo nos hemos dejado atrapar en nuestra propia historia. Intervención que hace el filósofo francés en lo que va a denominar la modalidad pastoral del poder.

Esa forma en donde la idea de divinidad , del Rey o del jefe como la de un pastor seguido por su rebaño de ovejas y que indica por cual parte del sendero del prado debe caminar bajo su control y mando. Todas esas fenomenologías han sido negativas en su manifestación; las más despreciables están ligadas a los totalitarismos, sobre todo cuando surgen exclamaciones como el «comandante eterno», «supremo» o en torno al poder centralizado en una silla o poltrona donde la figura «representativa» de esa noción de poder, manifiesta que «de aquí no me saca nadie».

Por ejemplo, un himno egipcio invocaba a Ra de la siguiente manera: «Oh, Ra, que vigilar mientras los hombres duermen, tu que buscas aquello que le conviene a tu rebaño» . La asociación entre el Dios y el rey se lleva a cabo fácilmente, puesto que los dos desempeñan el mismo papel: el rebaño que vigilan es el mismo, al rey-pastor le corresponde cuidar las criaturas del gran pastor divino. En el caso de las máquinas despóticas de Cuba, Nicaragua y Venezuela, este Pastor es inclemente, criminal, paranoico, obeso, analfabeta, le importa nada su rebaño, es minúsculo ya que «gobierna» para unos cientos seguidores esclavos obedientes, sustituye a Dios y se coloca en su lugar.

Sin embargo, si existió una idea de pastorado positiva, elocuente y categórica y fue representada por el Rey de Reyes David, como fundador de la monarquía, es invocado bajo el nombre de pastor. Dios le ha encomendado la tarea de reunir a un rebaño. Yahvé es el único y verdadero pastor. Guía a su pueblo en persona, ayudado solamente por sus profetas.

Los pastores, en especial, el que una «religión» lo ha proclamado como profeta y que conduce a su rebaño por el mal camino, lo dispersan, lo dejan morir de sed y lo esquilan exclusivamente para su provecho, imperativamente deben ser desalojados del lugar que usurpan, no son eternos, lo verdaderamente Eterno es el Pueblo.

A diferencia del pastor griego, pastor que agrupa, guía y conduce a su rebaño, es un indicador del jefe político es calmar las hostilidades en el seno de la ciudad con un acogedor parlamento, sin llamados de amenazas a la aniquilación de herederos notables de funcionarios justos en una organización internacional que vela por los DDHH y que debe hacer prevalecer la unidad sobre el conflicto, está sin duda presente en el pensamiento griego.

En consecuencia, el papel del pastor consiste en asegurar la salvación de su rebaño.

En las máquinas distópicas y despóticas de este «socialismo» siglo XXI, no existe ninguna noción que conlleve esa figura planteada en la historia; el elemento patético que sirve nocivamente de ejemplo en esta tendencia delincuencial en el poder, tiene un único objetivo y es el, diría Nietzsche, de «parecer, es más ayudarle a perecer».

Concluyentemente y para que no se altere el susodicho con falta de tolerancia en la política, explicaré que quiso decir Nietzsche con este aforismo; la frase de Nietzsche «Los débiles deben perecer», es una interpretación simplificada y a menudo mal entendida en su filosofía. En realidad, Nietzsche no abogaba por el exterminio físico de los débiles, sino por un proceso de selección natural en el ámbito de las ideas y los valores. Él pensaba que la compasión y la piedad, que considera valores «débiles», podían obstaculizar el desarrollo de individuos fuertes y la búsqueda de la excelencia. En consecuencia, su «ayudarlos a parecer» se refiere a exponerlos a ideas que desafíen sus debilidades, para que o bien se fortalezcan o bien sucumban ante la verdad.

Situación que considero que con estos tipejos se lleve a cabo.

Sin duda, somos protagonistas de una «extirpe» analfabeta en la política venezolana que será ausencial en los índices de los principales libros de estudio en el país.

*Filósofo venezolano.

Editado por los Papeles del CREM a cargo de Raúl Ochoa Cuenca.

«Las opiniones aquí publicadas son responsabilidad absoluta de su autor».

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