Matemáticos de medio pelo…pero calvos

Por Eduardo Martínez

En estos tiempos y, lugar en que vivimos, no dejamos de sorprendernos con las manipulaciones matemáticas. No se trata de errores en el manejo de fórmulas matemáticas, ecuaciones complejas y mucho menos sistemas de ecuaciones de múltiples variables.

Resulta que nos encontramos ante manipulaciones numéricas sobre las cuales el burócrata a cargo, haciendo más de brujo que de matemático, comete los más simples errores con las cuatro operaciones aritméticas, y sin llegar a hacer uso de la famosa “Regla de Tres”. Lo más complejo de la educación primaria de otros tiempos.

Entre estos errores, son capaces de llevar a porcentajes los valores absolutos -para hacer creer- la importancia de valores que no tienen importancia alguna. Algo así como decir que se graduaron en el tercer puesto de su promoción. Eso si, sin decir que el curso fue de solo tres estudiantes… y ellos se ufanan de decir que ocuparon el tercer lugar.

Cuando se trata de encuestas o resultados numéricos, son capaces de llevar las cantidades absolutas a valores porcentuales para ocultar la insignificancia de esas cantidades. Sin embargo, como criminales que se ceban en su malandraje, dan a revelar porcentajes que cuando se suman, suman más del 100 %.

Los ejemplos abundan.

Pensando en buena fe, podemos estimar que estos errores en su maldad manifiesta, ocurren por descuidos, ignorancia, el poco tiempo del que disfrutan para maquillar resultados, proyecciones e informar desempeños que están obligados a hacer públicos.

Pero también, y sin intención alguna de ofender, no es errado señalar que hasta algo de brujería puede haber.

Por ello traigo a colación una vieja anécdota que contaba mi abuelo.

Don Miguel, así le decíamos hasta en familia, en una ocasión recordó y nos contó -a hijos y nietos que lo visitaban- que siendo muy joven por allá por los años 20 del siglo pasado, estaba afectado por una repentina fiebre muy alta.

En esos años, la asistencia médica era escasa en los Valles del Tuy, donde quedaba la hacienda familiar. El médico que atendía la zona no aparecía por ninguna parte, y las medicinas caseras aplicadas en esos casos, no rendían sus frutos.

No faltó quién le recomendara un brujo de un caserío cercano. Ante el malestar que le afectaba, mi abuelo fue a verse con el brujo.

El brujo en cuestión, con mucha seriedad le tocó la frente. Y mi abuelo, que era de cara muy seria pero podía ser  “un muy fino mamadorcito de gallo”, le preguntó al brujo si tenía fiebre. El brujo afirmó con la cabeza. Y entonces mi abuelo le hizo otra pregunta: ¿Cuánto tengo de fiebre?. A lo que rápidamente el brujo contestó: “entre 45 y 47 grados”.

Desde ese día, a parte de contar la anécdota, mi abuelo afirmaba que “los brujos no saben de matemáticas”.

Para finalizar esta nota, recordemos que recientemente se coló la información del bajo rendimiento de los estudiantes de la facultad de Ciencias de la UCV.

Información que dio cuenta que prácticamente los estudiantes de primer semestre no aprobaban la asignatura de matemáticas. Explicando que venían con muy mala preparación de primaria y secundaria en esa asignatura.

Por lo visto, es mala idea meterse a brujos, porque  tampoco sirve si no saben matemáticas.

Y no me pidan más explicaciones. Creo que la anécdota de mi abuelo, de hace un siglo, es más que suficiente.

Gráfica: elaborada con inteligencia «humana». Se agregó, al gráfico de una película de Woody Allen (Granujas de medio pelo), los tacos de números de la educación pre escolar.

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@ermartinezd

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