J. Benavides: Trump y su gira por Oriente Medio

Por Jonathan Benavides

La gira de Donald Trump por los países árabes del Golfo no solo expone su particular forma de negociar, sino también el nuevo esquema de alianzas que se inicia en un Oriente Medio que viene cambiando, vertiginosamente, desde el 7 de octubre de 2023. Analicemos esto.

En primer lugar, la “particular” forma de negociar de Trump: desde la semiótica hasta el propio análisis político sobre la figura del republicano, nunca cambió el estilo de un presidente que ha ido a darse un apretón de manos con el mismo ex Al Qaeda, Al Julani de Siria. Desde su primera presidencia Trump nos tiene acostumbrados al “factor sorpresa” y altísimos límites, suelos o techo, a la hora de negociar algo y poner el foco en otras cosas. El objetivo mínimo: comprar la paz a cualquier precio. Y esto es disruptivo.

La segunda presidencia de Trump desde su comienzo hace cuatro meses ha buscado los “cierres precipitados” de conflictos y guerras abiertas que comenzaron a explotar durante la administración Biden. El presidente de EE.UU. está ansioso por cerrar “ya mismo” todos los puntos calientes alrededor del mundo. El sistema de alianzas en Medio Oriente: la visita al Golfo expone el rol de Arabia Saudita, en primer lugar, quien comparte una suerte de agendas en común con Israel las cuales se expresan en acciones conjuntas, incluso con EE.UU., para sofocar enemigos en común.

En un segundo orden tenemos el factor Siria: queda claro desde el comienzo del “interinato” de Al Julani que la Liga Árabe, frente a un entonces inevitable desmoronamiento de Al Assad, iba a intentar poner un tope a las aspiraciones imperiales de la Turquía de Recep Tayyip Erdogan. Y queda claro en las fotos divulgadas esta semana: Al Julani, reconocido miembro de las filas de Al Qaeda y el Estado Islámico, está siendo disputado por los poderes en puja regionales y extra regionales. En el caso de Ankara, apostar por la continuidad de HTS contra los kurdos. Entre conformar a los nacionalistas turcos y evitar que los kurdos, a través del PKK, se asienten en el norte de Siria, el gobierno de Erdogan encontró en el gran paraguas de HTS la posibilidad de retomar el control en territorio sirio tras la salida de Irán y Hezbolá. La visión de Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos es muy distinta a la de Ankara: ambos intentan evitar que la influencia iraní, desaparecida tras la derrota frente a Israel, sea reemplazada con una influencia de Turquía en connivencia con los grupos yihadistas y los rebeldes.

El foco económico, al que Donald Trump se asienta y muy bien, tiene que ver con la rehabilitación de Siria para evitar que se convierta en un agujero negro y esto, atención, que es un punto también de importancia para Israel que es parte interesada en este esquema.

En tercer lugar van las inversiones árabes en Estados Unidos: la proyección de miles de millones de dólares para invertir en suelo americano son piezas fundamentales para los intereses políticos nacionales de Trump y su promesa de volver a la América Grande. Sin embargo, esto no tiene un trasfondo económico solamente, sino también político: la clave en la interacción con los árabes (en una relación que, en el caso de Trump, es incluso personal) es visualizar los efectos que tendrá esa cooperación estratégica entre Riad y Washington.

Hablamos de temas altamente sensibles para la seguridad, con efectos en el corto y mediano plazo, que tienen que ver con la compra de material militar incluidos los aviones caza de quinta generación F-35 y si Arabia Saudita podrá o no enriquecer uranio en su territorio bajo supervisión de EE.UU.; esos dos temas son, a mi juicio, de extrema importancia para la estabilidad regional dado que nadie puede dar garantía sobre dos aspectos: 1) ¿Qué sucede si, en unos años, Arabia Saudita deriva en un régimen islamista?, ¿Cómo usaría esos F-35 y ese uranio enriquecido?, y 2) ¿Qué ocurrirá al finalizar la presidencia de Trump?, en especial si el futuro gobierno queda en manos de las facciones más radicalizadas del Partido Demócrata que lleve a los países árabes a profundizar relaciones con China, Turquía o por qué no el propio Qatar.

Finalmente, en cuarto lugar, ¿Trump deja afuera a Israel?: La gira del republicano demuestra que el Oriente Medio está sufriendo una modificación del estatus en el que Turquía, Arabia Saudita, Qatar y Emiratos Árabes tienen cada vez mayor peso. Insisto: el enfoque de Trump encaja muy bien en esto. Lo que va de la administración Trump no ha limitado la profundidad estratégica de Israel en su guerra contra el terrorismo. Hace unos días, mientras Trump iniciaba su gira en el Golfo, Israel atacaba fuertemente posiciones de Hamás y probablemente haya eliminado a Mohammed Sinwar (aún sin confirmar al momento de escribir esto).

Cierro aquí. Dudo que ese estatus regional sea favorable a Israel bajo el enfoque que Trump plantea. Veremos. Por lo pronto siguen avanzando cuestiones de altísima sensibilidad que están cambiando el Oriente Medio por los siguientes cien años.

@J__Benavides

«Las opiniones aquí publicadas son responsabilidad absoluta de su autor».

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