Víctor Maldonado: Cuestión de estrategia

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Por: Víctor Maldonado C.

En su “Arte de la Guerra” Sun Tzu define a la estrategia como todo aquello que se debe hacer para ganar ocasionando el menor daño posible al adversario. Así precisamente  comienza  su famoso libro: “el mejor camino es tomar a un Estado intacto; arruinarlo es inferior a esto”. De allí que el más famoso asesor militar de la antigüedad haya advertido que una cosa era ir contra el enemigo y otra muy diferente ir contra sus planes. Esto segundo era lo importante, atacar la estrategia del contrincante, desbaratar sus alianzas y finalmente atacar a su ejército.

Pero hay una condición que salta a la vista. Para poder ganar hay que conocer al rival tanto como sus ideas y planes. No hay ninguna posibilidad de que esto ocurra negándonos sistemáticamente a valorar lo que él dice o hace, o simplemente dedicándonos a menospreciar todas sus iniciativas, porque solo aquel que tenga claros sus flancos fuertes y débiles puede hacer lo debido para atacarlo con contundencia y eficacia. Por eso toda estrategia es un acto de conocimiento, que es muy diferente a esos desafíos llenos de condiciones, que se alejan de la realidad con cada apuesta a que lo bueno salga bien y lo malo sea un desastre. Así no funcionan las cosas, aunque algunas veces los giros caóticos de la fortuna nos favorezcan. ¿Y entonces cómo es?

Ya dijimos que lo primero es caracterizar al adversario. Lo segundo es idear la mejor forma de combatirlo. Lo tercero es contar con una organización adecuada para hacerlo. Lo cuarto es recaudar los recursos que hagan falta para mantener una campaña. Lo quinto, construir un liderazgo que sea capaz de dirigir, con disciplina y perseverancia, a los que tienen que dar la pelea. Y por último, contar con experiencia y capacidad técnica. A esto último se llama estrategia, y no responde al qué, sino al cómo.

En el Arte de la Guerra se señalan tres caminos que conducen al soberano hacia su desgracia: cuando demuestra ignorancia y pocas competencias en el conocimiento táctico, equivocándose por lo tanto en el manejo de los recursos escasos que tiene a su disposición. Cuando demuestra ignorancia y poca experiencia en la conducción exitosa de una estrategia. Y cuando no se cuenta con suficientes habilidades dirigenciales. Si estas condiciones se hacen presentes no hay forma de evitar la confusión y la suspicacia de los seguidores. Por eso Sun Tzu decía que “un ejército confundido aporta a la victoria del otro”.

El cómo es el camino. Es el trecho que obligatoriamente hay que transitar entre la situación actual y aquella que queremos conseguir. Y este camino será más tortuoso e imposible en la misma medida en que los que lo tracen lo llenen de condiciones. Ciertamente no hay una hoja de ruta, hay demasiadas incertidumbres para que eso sea posible. Lo mismo pasa en todas las batallas. Pero para eso están los estrategas, nombre que los antiguos griegos daban a sus generales. Un buen estratega tendrá la capacidad para discernir cuando dar la pelea, y cuando no; cómo usar los recursos y con qué intensidad; qué tipo de ventajas tiene y cómo esas ventajas influyen en la moral de sus cuadros; cuando ser prudente y esperar disciplinadamente; y cómo evitar que aquello que se decidió sea saboteado por la ansiedad y los miedos, o peor aún, por esa tendencia a la corrupción que trae consigo el ejercicio del poder cuando se adereza con adulancia. Un buen estratega nunca permite la desbandada a mitad de la batalla, ni cae en la tentación del exceso de confianza, entre otras cosas porque sabe cuando cantar victoria: ni un minuto antes, ni un minuto después. Pero tampoco se da por vencido antes de soltar el último cartucho.

Pero volvamos al inicio. Hay que conocer al adversario hasta el punto de poder presentir sus próximas jugadas. Solamente de esta forma podemos evitar la sorpresa que siempre se transforma en ventajas y posibilidad de avances del adversario. Entonces, ¿vamos a seguir negando la realidad, simplemente porque ella no nos gusta?

Te ofrezco una lista inconclusa de lo que hay que conocer: 1) Estamos frente a un régimen militar, castro-comunista, autoritario y desasido del Estado de Derecho que tiene muy pocos incentivos para aceptar las reglas del juego de la democracia. 2) El candidato Chávez va a entender una reelección como un apoyo explícito para profundizar su revolución comunista y hacerla irreversible. 3) El gobierno está dispuesto a jugar al ventajismo más obsceno. 4) Chávez carga encima las culpas y los pesos de 14 años continuos de errores. 5) El pueblo entiende de política y de economía. No es estúpido. Sabe lo que le conviene y lo que no le conviene. 6) Estamos en desventaja, pero no necesariamente en minoría. Por eso debemos asumir una competencia asimétrica. 7) Convocando a la reunificación y a la reconciliación del país, pero con justicia y sin impunidad, podemos ganar. 8) Y la victoria será posible con mucho sentido de realidad y de la oportunidad. 9) La necedad es nuestro principal enemigo. Todos estos son parte del qué. El cómo es cuestión de estrategia.

 e-mail: victormaldonadoc@gmail.com

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