Sobre la faena de Henrique Capriles en la arena de la política

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Por Eduardo Martínez

La salida al ruedo de Henrique Capriles este miércoles dejó tras los burladeros de la arena taurina a aquellos que llaman a la abstención.

En un circo de toros, la acción se desarrolla en la arena, donde están el torero, los picadores, los banderilleros y, por supuesto, el toro.

En las gradas de sol y sombra, está cómodamente sentado el público. En tanto un personal auxiliar se resguarda tras el burladero, de tal manera que estén salvaguardados de los embates de la bestia.

Los espontáneos siempre son unos personajes que nunca faltan. Suelen ser aprendices de toreros no tomados en cuenta, frustrados toreros, y uno que otro aficionado, que afectado por el alcohol de una bota, sufre la metamorfosis del paso de aficionado taurino a torero.

En la faena de Capriles es apropiado preguntarse si él es un torero o un aficionado que se lanzó al ruedo.

Su trayectoria desde 1998, cuando fue electo diputado, excede la consideración de que sea un espontáneo.

Fue el último presidente de Cámara de Diputados, alcalde, gobernador del estado Miranda, y candidato presidencial unitario de la oposición en dos ocasiones. Enfrentándose con gallardía y valentía al fallecido Hugo Chávez y a Nicolás Maduro.

En la memoria de los venezolanos navega la sospecha que habría ganado ambas contiendas. Los números no cuadraron a los expertos, ni nacionales ni internacionales.

La historia se basa en hechos, y la escriben usualmente los vencedores. Aquí no pasa lo mismo. A Capriles le reclaman que no reclamó sus triunfos. Es decir, la historia de Capriles la escriben los perdedores.

En el 2005, la oposición venezolana se abstuvo de presentar candidatos y llamó a la abstención. El oficialismo no solo ganó las elecciones, sino que se alzó con todos los diputados.

Diez años después, en el 2015, la oposición ganó las elecciones parlamentarias y obtuvo los dos tercios de los diputados. Tenía todo para lograr los cambios que el país esperaba y había votado.

¿Qué pasó? Hasta el 2018 prácticamente nada, a pesar de las recomendaciones de los expertos.

Así llegamos al 2019, cuando se actuó por primera vez con una estrategia que tenía sentido. Sin embargo, y a pesar de las ayudas externas, algo sucedió y el cambio esperado no ocurrió. Maduro gobierna todas las tardes en cadenas de TV y radio, y Guaidó gobierna a través de las redes sociales. ¿Quién es oposición y quién es gobierno?

Esa ambigua situación no se le puede cobrar a Capriles.

Con las agujas del reloj puyando a los parlamentarios, a quienes se les acaba constitucionalmente su período en diciembre, la oposición ha llamado nuevamente a la abstención.

No entraré sobre le tema de votar o no votar. Hasta ayer, solo había en el coso taurino electoral una posición: No votar.

¿Está toda la oposición de acuerdo? De ninguna manera. No lo dirán en público. En privado exhiben sus reservas.

Henrique Capriles dijo claramente que hay que ir a estas elecciones y votar. Bueno, ahora los opositores pueden decidir entre dos opciones.

Creo firmemente que en una democracia no se le puede quitar a los ciudadanos el derecho a decidir.

Finalmente, son inaceptables los ataques a la persona de Capriles. Es un importante dirigente de la oposición, tan dirigente o más que aquellos que lo designaron candidato en el 2012 y el 2013.

Que los venezolanos decidan.

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