Ricardo Israel: Chile en su laberinto.

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Por Ricardo Israel

¿Qué está pasando en Chile? A los propios chilenos les cuesta dar una explicación satisfactoria y enontrar la salida del túnel. A mi juicio, la palabra que mejor describe el Chile 2021 es incertidumbre. Tiene un apellido, el del principal responsable político, el presidente Sebastián Piñera como también un rostro, el del electorado que eligió a los 155 encargados de proponer una nueva constitución.

La pregunta clave es si vendrá un escenario de negociación semejante al que llegó con posterioridad al plebiscito de 1988 y la transición a la democracia y la verdad es que hoy no parece existir ninguna disposición al diálogo.

Al contrario, lo que surge es una mayoría de constituyentes que cuestionan símbolos de unión como el himno nacional y la bandera como también la herencia cristiana del país. Lo que se ve es una repetición de una conocida historia del poder a través del mundo, es decir, nuevos grupos críticos de privilegios pero que los reclaman apenas llegan, como también grupos electos sobre la base de la crítica a la política, pero que se convierten con rapidez en nuevos partidos. Además, mucho populismo y desconocimiento de lo que es una constitución, con confusión de roles buscando transformarse en un suprapoder por sobre los poderes del Estado.

Sobre todo, un ambiente de refundación del país y rechazo a su historia, lo que llevó a Pepe Mujica a definirlo como “una bolsa de gatos”.

Suena atractivo culpar a otros países y comparar este proceso con lo que ha ocurrido en otros lugares, pero esta visión quita responsabilidad a los chilenos, partiendo por el presidente de la república y por tratarse de una democracia, a los electores, tanto a los que votaron como a los que no lo hicieron. También a quienes acordaron un sistema donde no todos los votos valían igual, sino que se cedió a grupos de presión, asegurando escaños reservados para pueblos indígenas como también un sistema paritario entre hombres y mujeres, que oh sorpresa, dejó afuera a más mujeres con más sufragios que hombres.

Sin duda alguna la principal responsabilidad es de Sebastián Piñera quien probablemente sacrificó la constitución para salvar su propio cargo, cuando en octubre 2019 violentos estallidos sobrepasaron a la policía y pusieron en riesgo al propio gobierno, no estando del todo aclarado si las fuerzas armadas no quisieron actuar o el gobierno no quiso respaldar el uso de esa fuerza.

Piñera había sido electo solo dos años antes con promesas exactamente opuestas a lo que ocurrió. No solo no respetó a sus votantes, sino algo mucho más importante, al no cumplir con su juramento y principal responsabilidad de hacer respetar al Estado de Derecho y al andamiaje del Estado. Fue Piñera quien llevó en noviembre de 2019 a la mesa de negociaciones algo que no se esperaba, cual lo era el proceso constitucional inédito que se ha abierto.

Mas aún, los concurrentes a ese acuerdo tenían los apoyos necesarios para haber hecho la nueva constitución o su reforma en el Congreso, donde ya existía una propuesta redactada e ingresada por la ex presidenta Michelle Bachelet, poco antes de terminar su segundo mandato y ya electo Piñera, pero que todavía no iniciaba su tramitación. Pudo haber servido de base para una gran reforma.

Quizás ahí Piñera siguió su permanente deseo de figurar en la historia, esta vez como padre del proceso. Vanidad que puede hundir su legado, y en cambio, la confusión existente puede hacerlo figurar en el listado de los peores mandatarios de la historia del país.

Lo que logró es poner a la incertidumbre como característica de los tiempos que se viven. Y no son los cambios los que motivan la actual preocupación, ya que Chile vivió un periodo revolucionario a partir de la década del 60, aún antes de Allende y la Unidad Popular y de Pinochet y su dictadura. Después de una reforma constitucional al derecho de propiedad, Chile vivió en el gobierno reformista de la Democracia Cristiana la Reforma Agraria, cambio de enorme trascendencia ya que puso fin al cuasi feudal latifundio que había existido por siglos desde la colonia.

Por último, es también un tema de si Chile cuenta con los liderazgos o al menos con un líder adecuado a esta nueva etapa de su historia.

El problema no es solo chileno, ya que en muchos países la pregunta es similar, sobre todo, si se comparan con etapas anteriores. En Chile es particularmente notorio ya que no se notan lideres semejantes a los que condujeron los destinos del país con Patricio Aylwin a la cabeza en 1990. Decir que éste apoyó el golpe de estado de 1973 y también encabezó la exitosa transición a la democracia no es contradictorio, sino es simplemente la historia sin sesgos del país.

(*) Abogado (Universidad de Chile, Universidad de Barcelona); Ph.D. en Ciencia Política (Government, University of Essex); ex candidato presidencial (Chile, 2013)

«Las opiniones aquí publicadas son responsabilidad absoluta de su autor».

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