Raúl Ochoa Cuenca: La música como manifestación cultural

Por Raúl Ochoa Cuenca

La música como manifestación cultural de los pueblos fue desarrollándose al mismo paso de la humanidad. Sería imposible hacer un recuento de la historia de esta manifestación que de una u otra forma alegra el espíritu de los hombres. Me permito citar una anécdota que cuenta la historia sobre el Rey David, la cual decía: «Y cuando venía el espíritu de Dios sobre Saúl, tomaba David la guitarra y tañía con su mano. Saúl se calmaba, quedaba tranquilo y el mal espíritu se retiraba de él».

Pero esta manifestación cultural que es la música, ha viajado con el hombre desde los escritos bíblicos hasta los diferentes sonidos de la música actual. Pero en tiempos modernos nos encontramos con música que sirve de relajante para los bebés, o tomando

los sonidos de la naturaleza para que transmitan tranquilidad para la más rápida conciliación del sueño en los adultos, hasta aterrizar ya en el siglo XX en los sonidos como el heavy metal, caracterizado por sus guitarras fuertes y sonidos distorsionados.

Y muchos de nosotros, nacidos y crecidos en un continente que entendemos la música como el arte de combinar la armonía, la melodía y el ritmo, la llevamos mayoritariamente en los genes heredados de nuestros remotos antepasados, presentándose como una natural manifestación siempre de actualidad. He creído interesante referirme a ella dejando a un lado, aunque sea por un momento, la tristeza que embarga a millones de seres humanos, cuando vemos el virulento proceso de destrucción de una nación a fuerza de bombas, de las permitidas y de las prohibidas y lo que puede ser aún peor, desconociendo el mundo aún las reales intenciones del agresor.

La música como manifestación cultural expresa los más variados sentimientos humanos: en algunos momentos es expresión de amor, otras veces la escuchamos como una forma de lamento, pero también de tristeza; o es asimismo música de protesta, sin olvidarnos la música que nos describe los dramas que viven nuestras sociedades, llenas de contradicciones como lo podemos constatar diariamente. La música en general, sea cual sea su género, nos ayuda a expresar nuestros sentimientos. Propongo a los lectores revisar un género de música que desde mediados del siglo pasado ha generado encendidas discusiones. La música de protesta, también inicialmente llamada música social.

Y para lo cual me transporto a los Estados Unidos de América y más precisamente a la ciudad de New York. Obviamente comienzo con Strange Fruit, la cual se cree que en 1939 fue la primera composición de protesta social en Norteamérica, “Cuando la gran cantante Billie Holiday cantó por primera vez Strange Fruit en el Apollo de Harlem, no había un alma entre el público que no se sintiera estrangulada”. Se trató de la denuncia de Abel Meeropol Rosemberg, un judío americano del Bronx de Nueva York, autor de la que probablemente fue la primera canción de protesta en los Estados Unidos de América. Strange Fruit definitivamente no era una canción más.

Tal y como la describió un periodista del New York Post, quien estaba presente en el concierto: “Si la ira de los explotados llega algún día a arder, Strange Fruit sera la Marsellesa de los negros. Algunos historiadores consideran que esta canción inspiró a los fundadores del Movimiento por los derechos civiles». Definitivamente, fue la gran primera canción de protesta en América, así como Ruben Blades lanzó al mundo su composición llamada Pedro Navaja, la cual llegaba con un mensaje de la problemática socio económica de muchos países del continente americano, pero 40 años después de Strange Fruit.

Y el género que este artista panameño compuso para el mundo, como es el drama de los Pedros Navajas, sigue siendo tan actual como cuando la compuso y la hizo famosa en el mundo, no solo en el hispano parlante sino en infinidad de países, donde esos dramas podrían ser realidad. Era el inicio de lo que llamaron la salsa intelectual, la cual podríamos definir como un ritmo fundamentalmente caribeño, que no es principalmente bailable pero sirve como reflexión de nuestras realidades sociales.

Otro de los ejemplos que traemos en esta nota dedicada a la música de protesta es una composición que llenó las páginas de los medios de información del mundo libre hace menos de un año. Me refiero a Patria y Vida, la canción compuesta por un grupo de jóvenes músicos, quienes viven encerrados en un país tomado por asalto en el ya lejano 1959. Sí, exactamente como lo has pensado querido lector, me refiero a la dictadura cubana.

La misma canción hizo que la red de televisión estatal del régimen ( la única existente) convocará a los cubanos a aplaudir y cantar el himno nacional y que los medios oficiales le dedican páginas enteras de críticas y largos minutos de televisión a Patria y Vida, un tema que cuestiona al gobierno del país asaltado y denuncia la supremacía del partido comunista en el poder desde hace 63 años, denunciando la situación política y económica que atraviesa ese querido país. El tema superó el millón de reproducciones en YouTube en menos de 72 horas y se volvió viral en varias redes sociales en Cuba, Miami y en varios países donde se respira el aire de la libertad.

Pero la canallada de esos dictadores cleptómanos llegó a su máxima expresión cuando como consecuencia de la toma de conciencia que generó esa canción de protesta, muchos cubanos fundamentalmente jóvenes- salieron a la calle el 11 de julio del año pasado a protestar contra la invivible situación de esos 11 millones de cubanos, de los cuales generaciones enteras no han conocido ni un solo día lo que significa amanecer en libertad.

La respuesta a estas manifestaciones inspiradas en una canción de protesta originó que esa dictadura no disimulara su vocación criminal, al ordenar a sus esbirros la detención de centenares de jóvenes. Los tribunales marionetas del régimen condenaron a 127 jóvenes manifestantes del 11 de julio, a cumplir penas de entre 6 a 30 años de cárcel. Los acusaron de terrorismo. Así de simple.

La música de protesta lo logró, sí logró que muchos cubanos se quitaran el miedo y salieran a la calle a decirle ya basta a esos bribones. “Ellos saben bien el poder que tiene la música y por 63 años la han usado como arma ideológica. Esta vez les salió el tiro por la culata”, afirmó en una entrevista con Los Ángeles Times el cantautor Descemer Bueno. En tiempos tan complejos como los que vivimos en buena parte del mundo, la música de protesta seguirá siendo un instrumento de gran valor social y espiritual.

* Editado por los Papeles del CREM. Responsable: Raúl Ochoa Cuenca.

«Las opiniones aquí publicadas son responsabilidad absoluta de su autor».

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