Rafael Quiroz Serrano: Mercado y precios petroleros

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Por Rafael Quiroz Serrano

Ha pasado un año de haber sido testigos de los estragos causados en la economía mundial por la pandemia causada por el Covid-19 y sus efectos severos sobre el mercado petrolero en medio de una guerra de precios entre Arabia Saudita y Rusia; una caída anual récord del consumo petrolero en torno a 10%; un colapso de los precios del crudo hasta valores negativos puntuales cercanos a 40 dólares el barril (U$B); y una profunda recesión mundial, apenas comparable con la Gran Depresión de finales de la década de los años 20 y comienzos de la de los 30 en el siglo XX. Esta pandemia, con todos sus efectos y consecuencias, demostraron que la mundialización de la economía sigue girando en torno al petróleo.

Un año después, el panorama tanto de la economía mundial como del mercado petrolero es más alentador. El precio del crudo se ha recuperado más rápido de lo esperado, hasta valores que gravitan en torno un rango que va de 60 a 65 U$B, con alzas hasta 70 U$B, gracias a la acción conjunta de los planes de vacunación aplicados en muchos países contra la pandemia; a la permanencia de acciones de control sobre la movilidad de bienes y personas; y a los persistentes programas de estímulos fiscales y monetarios, aplicados a gran escala, que ha ido dando lugar al regreso a la normalidad de muchas economías, destacando los casos de China y Estados Unidos (EE.UU.).

Por ello, los prospectos de mejoría de la demanda petrolera han ido ganando fuerza, en particular, lo que se espera para el segundo semestre del año en curso.  No se puede obviar que en este repunte del precio del petróleo ha tenido especial protagonismo el manejo de la oferta por parte de la OPEP y sus socios (OPEP+), desde que en abril de 2020 acordaron un fuerte programa de recortes en torno a 10 millones de barriles diarios (MMB/D) y una flexibilización gradual del mismo hasta 2022.

La OPEP Plus 

Sin embargo, la incertidumbre sobre la evolución de la pandemia y su impacto en la demanda de petróleo debe conducir a un ritmo moderado de recuperación en los precios. En tal sentido, el Banco Mundial (BM), por ejemplo, espera que la media de los precios sea de 56 U$B en 2021 y de 60 U$B en 2022, reflejando un regreso lento de la demanda a sus niveles previos a la pandemia y un curso gradual de entrada de oferta al mercado por parte de la OPEP Plus. Por su lado, la Administración de Información de Energía (EIA) de EE.UU. espera que el precio del barril del Brent promedie 61 U$B durante el segundo semestre de 2021, 62 U$B en 2021 y 60 U$B en 2022.

Esto, nos demuestra -una vez más- que la era del petróleo barato, con pandemia o sin pandemia, hace rato llegó a su final. De hecho, la era del petróleo fácil está llegando a su final, pero la era del petróleo, en sí, aun no ha terminado, ella se niega a morir. La economía mundial, como el mundo industrializado, seguirán dependiendo del petróleo por un buen largo tiempo; esto, independientemente de lo que digan los ambientalistas y pesquizadores de energías alternas.

Un factor que refleja la cautela frente a producción y precios petroleros, es la persistencia de amplios márgenes de capacidad de producción ociosa por parte de la OPEP Plus, los cuales estaban antes de su última reunión, a comienzos de abril, en torno a 8 MMB/D, y una vez que se complete en julio el plan de flexibilización de la restricción vigente hasta abril, el margen de producción cerrada estaría en torno a 7 MMB/D.

Vale anotar que, de igual manera, el recorte voluntario de un millón de barriles diarios de Arabia Saudita se empezaría a levantar gradualmente. El regreso de la oferta de la OPEP Plus entre mayo y julio sería de 1.1 MMB/D, más 1.0 MMB/D de carácter voluntario que venía recortando el mayor paìs del Golfo Pérsico.

La pandemia embiste

Esta visión cautelosa de los precios del petróleo sigue basada en la incierta evolución de la pandemia del Covid-19. Aunque los programas de vacunación han avanzado en países muy afectados como EE.UU., una vez que tomó posesión el nuevo gobierno demócrata presidido por Joe Biden, persiste el avance del flagelo en grandes economías como Brasil, India, Japón, Alemania y Francia, lo cual ha obligado a reforzar las medidas de restricción de movilidad de los ciudadanos.

Un elemento muy incierto son las diferentes cepas del coronavirus que han ido surgiendo, y que, en algunos casos, han incrementado el ritmo de infección de la enfermedad. El caso de la India es muy particular, por ser conjuntamente con China, uno de los dos grandes centros de consumo donde la demanda mundial de petróleo sigue en ascenso. No sucede igual con economías más maduras, como las europeas y hasta cierto punto en EE.UU., donde, en opinión de expertos en la materia petrolera, pudo haberse alcanzado un tope en el consumo petrolero.

La incertidumbre en los precios

Otro factor de riesgo a tener en cuenta para las estimaciones de precios del petróleo, es la cohesión que mantenga la OPEP Plus, ya que fue precisamente su ruptura lo que dio lugar a la guerra de precios que se desató entre Arabia Saudita y Rusia a comienzos de abril de 2020, y que llevó al precio del petróleo a históricos valores negativos cercanos a -40 U$B.

Pareciera, que ese evento dejó una fuerte lección en la OPEP cuanto a los intereses comunes que deben defender como países productores de petróleo. En efecto, el manejo de la oferta petrolera proporcionado por los 23 países que conforman la OPEP Plus ha sido consistente, reflejado en el elevado cumplimiento de los compromisos de recortes pautados.

Ello, además, ha sido reforzado por el liderazgo de Arabia Saudita al haber decidido recortes voluntarios de su producción, a fin de apuntalar mucho más los propósitos del acuerdo en torno a ir corrigiendo de manera sostenida, pero prudente, los excesos de inventarios acumulados por el colapso brutal de 9.6 MMB/D en la demanda petrolera en 2020.

Sin embargo, dos obstáculos que arrojan incertidumbre sobre este manejo, hasta ahora acertado, de la OPEP Plus en la recuperación del precio, desde valores en torno a 20 U$B a inicios de mayo de 2020, cuando comenzó el plan de recortes y su estabilización en torno al rango actual de 60-65 U$B, es la producción de petróleo que pueda llegar al mercado por el regreso de la oferta iraní, en virtud de un desenlace favorable que en tal sentido produzca la vuelta de EE.UU. a las discusiones con Irán y el Grupo de países de apoyo sobre el programa de enriquecimiento nuclear de Teheran. La otra traba que hace incierto el panorama de la oferta es la estabilización en firme de la producción petrolera de Libia, y que conduciría a que la nación norafricana pueda producir hasta 1.5 MMB/D.

Un elemento que podría alentar una recuperación un poco más firme de los precios del petróleo en el segundo semestre de 2021, es la ausencia en esta oportunidad de un regreso fulgurante de la producción petrolera de EE.UU., en particular la proveniente de las cuencas de lutitas. Descartar este factor, es debilitar el sesgo bajista que entre 2016 y 2018 produjo el ingreso incontenible de la oferta petrolera estadounidense en los mercados mundiales, una vez que se levantó la prohibición de exportaciones de crudo doméstico en EE.UU. En tal sentido, encontramos que en el informe mensual más reciente de la EIA se prevé que respecto a una producción de 12.75 MMB/D en marzo de 2020, cuando se decreta la pandemia en ese país, se espera que la producción sea de 11.31 MMB/D en el 2020, y descienda hasta 11.04 MMB/D en 2021.

La demanda del mercado petrolero

Una visión optimista que atenúa esta incertidumbre, es la que sostiene que los prospectos de mejoría de la demanda en el mercado petrolero para el segundo semestre son más que suficientes para que la vuelta de la producción de Irán y Libia se acomode a la oferta global, sin que ello revierta el proceso de ajuste de los inventarios comerciales que viene persiguiendo la acción de la OPEP plus.

La visión más optimista de la demanda petrolera que se ha ido imponiendo en los mercados, ha conducido a crecientes expectativas positivas sobre los precios del petróleo para 2021 como un todo, y en particular para el segundo semestre del año. Tales perspectivas descansan fuertemente en prospectos de fuerte crecimiento de la demanda de crudos para la segunda parte del año, basado en la normalización de la vida cotidiana, una vez que vayan quedando atrás los rigores necróticos de la pandemia, gracias a una mayor inmunización de la población por los planes masivos de vacunación. La OPEP estima que la demanda petrolera crecerá 5.95 MMB/D en 2021, y en particular para el cuarto trimestre la demanda total promediaría 99.45 MMB/D, muy cerca del valor registrado a finales del 2019 cuando se ubicó en 99.98 MMB/D.

Estimaciones moderadas sobre los precios del petróleo por parte de los organismos como el Banco Mundial, el FMI, la EIA conviven con visiones muy optimistas de la banca de inversión, como Goldman Sachs, Citi y Morgan Stanley, los cuales prevé valores mucho mayores. Mientras las primeras no pasan de niveles por encima de 65 U$B, el segundo grupo sugiere la posibilidad de que se vean valores en torno a 80 U$B. La inestabilidad de los precios del petróleo nunca ha sido buena ni para compradores ni para los vendedores de crudo.

Venezuela 

Las favorables expectativas de precio pudieran ser un buen aliciente para que la producción de petróleo de Venezuela empiece a escalar valores por encima de 600.000 B/D. Sin embargo, persisten muchas incertidumbres de que ello pueda verse, no solo por los efectos de las sanciones estadounidenses, sino por lo que comienza a ser una incapacidad e incompetencia, de orden estructural, causada por la desinversión, daño en los pozos, la falta de mantenimiento y personal técnico calificado, la inactividad de los taladros, las persistentes fallas eléctricas y el profundo malestar e indignación de la clase trabajadora de PDVSA con la actual Convención Colectiva, impuesta por la burocracia sindical en contraposición a los intereses genuinos de los trabajadores petroleros. Sin el vigor y la fuerza de la clase trabajadora, no habrá reservas probadas ni capacidad instalada de producción que valga. Nuestra dependencia del petróleo no ha cesado Cabe preguntarse en este contexto, si el levantamiento de las sanciones pudiera vigorizar la producción. Creemos seriamente que no, pues en la actual crisis venezolana lo político priva sobre lo económico y petrolero, y mientras que no haya un gran giro o viraje sustancial en lo político, la industria petrolera venezolana permanecerá estancada y sin posibilidades de aliento ni de salir de la postración. El panorama petrolero venezolano seguirá siendo aterradoramente incierto, tan incierto como el futuro mismo del país.

Rafael Quiroz es Economista-Petrolero. Profesor de pre y posgrado de la UCV/FaCES. Jefe de la Cátedra Petrolera de Econ. y Política Petroleras

 

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