¿Negociar o qué? El dilema de la oposición

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Por Eduardo Martínez

En un contexto internacional muy complejo, los venezolanos nos encontramos en una encrucijada en la cual no percibimos los caminos que deberían cruzarse. La oscuridad ya no es solo local, es mundial.

Hace tres años, Venezuela estaba en la primera página de la prensa internacional, y en la agenda inmediata de los principales gobiernos del mundo. Así fue como el gobierno interino de Juan Guaidó acumuló el reconocimiento de más de 50 países, los más importantes del globo, tanto política como económicamente.

Hoy en día, y luego del tránsito por la pandemia, la invasión de Rusia a Ucrania lanzó la crisis venezolana al pendiente de los problemas no resueltos del mundo. Algo que algún día será resuelto por alguien, pero que ahora se alejó de los primeros puestos de las agendas de los gobiernos.

En esta situación, los venezolanos nos volvemos a encontrar, si no solos, por lo menos con la pelota del juego en nuestras manos. En tanto el “prime time” de los noticieros, los recursos y la atención, se ha desplazado a Ucrania. Rutina que cada tanto se ve interrumpida, más por los intereses de las potencias enfrentadas, que por los intereses de los venezolanos.

Regresamos a la idea de que somos los venezolanos los que debemos solucionar nuestros problemas. Nadie va a hacer el trabajo que nosotros debemos hacer.

No debe extrañarnos entonces, el que haya vuelto a aparecer el fantasma de una negociación régimen-oposición en México. Lo que no es una concesión para ninguna de las dos partes envueltas. Ambos tienen la necesidad existencial de recargar las bombonas de oxígeno. Aunque no es igual la cantidad, ni la calidad, del oxígeno que cada una de esas partes necesita.

En México se presentará la oposición con las manos y las petacas vacías de los beneficios de las anteriores negociaciones. Por su parte el régimen, aparecerá regodeante de correr siempre la arruga, sin haber cedido jamás en lo más mínimo.

Sin embargo, el triunfo del régimen está a la par de las manos vacías de la oposición. Lo que lleva a preguntarnos de que, si siempre gana con su estrategia ¿porqué insiste en negociar otra vez?

La insistencia, o reincidencia, es evidente. La botija se agotó. Lo cual fue alertado a tiempo por expertos y analistas. Solo que el alto mando del régimen apostó siempre a altos precios petroleros, y a tentar la infra estructura del país a seguir operando sin destinarse recursos a su mantenimiento y mejora. Todo, como se venía venir, se derrumbó.

Por otra parte, el alineamiento del régimen chavista-madurista con los regímenes execrados del mundo, y la dilapidación de los ingresos de las vacas gordas del petróleo, alejaron las posibilidades del financiamiento que hoy en día requiere el país.

Los motivos políticos de apoyo internacional del régimen, sumado al “vivapepismo” de los mandos criollos de izquierda, los llevaron a un punto en el cual se agotó la bombona del oxígeno financiero. Gravemente, en el momento en que el régimen de Maduro se sumergía en las profundidades del mar de la felicidad -que no era tal- y empujado al fondo con el lastre las obras que no existen, las deudas del estado y la destrucción del aparato productivo nacional.

Por esto, el régimen trata de vender una falsa seguridad, que no tiene. Sobre todo, cuando de las partes en negociación, es quien más la necesita.

Ahora la oposición, debe hacerse la pregunta de qué hacer si no negocian -como proponen algunos prominentes representantes opositores.

¿Tienen el tabaco en la vejiga para aventurarse a transitar otros caminos que no son los de la negociación?

editor@eastwebside.com

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