Llegó el momento de quemar los trapos rojos

Llegó el momento de quemar los trapos rojos

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Por Eduardo Martínez

Si en Venezuela políticos, analistas y en general fuéramos totalmente taurinos, seguramente seríamos el “toro”. No por fuertes, ni por machistas, ni por que nos guste embestir al que se nos atraviesa. Nada de eso. Seríamos el toro porque… ¡como nos gusta un trapo rojo!.

Si, apenas vemos un trapo rojo, corremos hacia él para ensartarlo en los cachos. De tal manera que cae cercanamente tapando los ojos, y solo de corretear y dar vueltas en círculos, o porque los vientos son muy fuertes, de tanto en tanto se levanta momentáneamente ese trapo. Abriéndose unas pequeñas ranuras para ver el panorama.

De esta manera, dejamos de apreciar el gran panorama. Como decía antes la publicidad del cine: en “Cinemascope”.

En la Venezuela de estos tiempos, nos retrotrajimos a los inicios del cine. Primeros momentos en los cuales se veías las pioneras filmaciones en unas cajas negras a través de un pequeño agujero. Luego, fue que vino la gran pantalla.

Sin embargo, y siempre al menos hay un sin embargo en los análisis. Experimentamos en nuestra vida diaria los embates de la gran crisis económica que afecta a Venezuela. Lo sentimos en nuestros bolsillos, en lo que lo vemos y no podemos comprar, o en lo que no conseguimos.

En tanto sufrimos la crisis, nos perdemos en la diatriba político-electoral (que debemos atender en este año electoral), y no aguzamos la visión en las soluciones o en los nudos de los problemas mismos.

Entre tantos problemas, causas y soluciones, es la falta de “inversión” lo que nos afecta gravemente. Nadie invierte ni un penique en Venezuela.

Mejor dicho, cada vez que hablamos en Venezuela de la falta de inversión, no falta quien nos señale la gran cantidad de bodegones, farmacias, ferreterías, restaurantes y cafeterías, que desde los momentos de la “pandemia” se han venido abriendo en nuestras ciudades.

Solo como referencia vamos a citar el ejemplo de las farmacias. En seis meses del año pasado (2023), entre La Candelaria y Miraflores en Caracas, fueron abiertas 43 farmacias.

A pesar que la cantidad nos puede parecer muy grande, la cantidad de puestos de trabajo que generaron esas inversiones, en su conjunto, no sobrepasan los 400 empleados.

Lo dicho anteriormente no denigra de ninguna manera de los turcos, sirios y chinos que en fechas recientes se han establecido en el país, y vienen realizando pequeñas o medianas inversiones comerciales. Se arriesgan en Venezuela, y sufren las mismas afectaciones que sufrimos todos.

No estamos hablando de esas mini-inversiones o menudeo. Nos referimos de las gigantescas cantidades en dinero, volumen e inversionistas que necesitamos para recuperar nuestras industrias, que hace más de 25 años, satisfacían el nivel de vida de los venezolanos.

Para tener también una idea, vamos a citar la primera industria que debemos recuperar: la industria eléctrica. Sin electricidad, no hay recuperación posible de las otras industrias. Incluyendo la industria petrolera, cuyos balancines para sacar el petróleo son alimentados eléctricamente. Además que, el sistema de refinerías, requiere de mutimillonarias inversiones que ni nos imaginamos. No serán cuatro lochas.

Los cálculos de las multilaterales y de grupos de inversión, estiman en una primera fase (de reparación y acondicionamiento de la infraestructura eléctrica existente) que se necesitarán invertir no menos de 17 mil millones de dólares. Luego vendrían las inversiones en nuevas instalaciones.

Solucionando lo eléctrico, se le debe meter el pecho al agua, la salud, la educación, la seguridad de los ciudadanos (no de los jerarcas que ya están cuidados), la agricultura, etc etc.

El gran panorama es complejo. No tenemos dinero para hacerlo. Y no están dadas las mejores condiciones para buscar ese dinero. El país debe buscar financiamiento. Y las puertas de esas multilaterales y bancas, están cerradas para nosotros.

Ese cierre al flujo financiero tiene un origen: la falta de seguridad jurídica en el país. Con demandas regadas por medio mundo, y que ya lleva más de una década, son pocos los que se arriesgan a invertir en Venezuela. Ni siquiera los inversionistas “buitres” (zamuros).

Dada esta sed financiera, los analistas tienen razón en que debe producirse un cambio gubernamental que venga con soluciones para arrancar la económica productiva y de bienestar del país.

Hay que poner la vista en el futuro. Buscar soluciones y hablar de ellas. No podemos esperar a un cambio político para hacerlo. Quememos los trapos rojos.

* Editor www.eastwebside.comwww.economiavenezolana.com

* editor@eastwebside.com

@ermartinezd

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