Por José Rodríguez Iturbe
Tratar de geografía de los conflictos supone hacer referencia a la geopolítica y a la geoestrategia, con la cual se desarrolla la geopolítica. Sin embargo, hablar de geopolítica o de geoestrategia supone una tautología, porque, como recordaba Pierre M. Gallois [1911-2010], no hay política o estrategia que ignore o pueda ignorar el espacio humano y físico en el cual se desarrolla una acción atenta prioritariamente a las dimensiones públicas de una comunidad humana o a las relaciones entre diversas comunidades humanas entre sí.
Las guerras en la historia de la humanidad han variado según las épocas y los avances tecnológicos. Entre la Guerra del Peloponeso y las hipótesis de conflicto bélico de la era nuclear no hay solo diferencias de tiempos y de escenarios geográficos, (locales, regionales o mundiales), sino también inmensas diferencias tecnológicas. Si vis pacem para bellum.
Se ha considerado y se sigue considerando que la mejor forma de prevenir la paz resulta estar preparado para la guerra. La prevención del conflicto vendría dada por el reconocimiento de la capacidad bélica. La propia y la de los actuales o potenciales adversarios. Las guerras, en la elipse de formación y desarrollo del Estado-Nación, fueron guerras de objetivos limitados, hasta que se planteó la guerra total, propia de la etapa de la industrialización contemporánea; industrialización que supone también, en la polemología, la consideración del avance tecno-científico y de la producción de armamentos.
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