Joaquín Pérez Rodríguez: La luz al final del túnel

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Por Joaquín Pérez Rodríguez

Eso que tanto esperábamos, el despertar de la pesadilla, la resurrección de la Patria muerta, el inicio de una nueva era, se está viendo en el horizonte.

A veces, las situaciones más complejas se resuelven de la manera más simple, cuando menos uno lo espera.

Un pueblo en la calle, una huelga general en preparación, una Asamblea Nacional dando la pelea cuerpo a cuerpo, una Fiscal General haciendo uso de sus atribuciones para el bien. Lo que queda de apoyo a Maduro, de acuerdo a las últimas encuestas, solamente incluye a parte de su familia y a los criminales sin regreso. Ya se siente el sonido de sables.

Pero estos son los momentos más delicados, los momentos que necesitan de astucia y coraje. De equilibrio y riesgos.

Es probable que un día nos levantemos con la noticia de un grupo importante de oficiales de la Fuerza Armada, con sus contingentes respectivos, entienda que las medidas dictadas por la Fiscal, o las próximas que tome, tienen que ser respetadas y acatadas. Acto seguido la Asamblea Nacional procederá a legislar en concordancia con la Fiscal, apoyando esas medidas e interviniendo el poder Legislativo y el Ejecutivo por desacato.

Mientras tanto, la calle seguirá encendida y la huelga general seguirá en preparación a nivel nacional. Las medidas tomadas por el pueblo y las instituciones auténticas harán que la rama se parta y caiga este gobierno despótico y asesino.

Tendrá que venir una mediación entre sectores moderados del gobierno y la Fuerza Armada oficialista con elementos de la oposición y tendrán que darse negociaciones. Y habrá que tomarse el purgante. Porque lo importante es que se acabe esta situación y vuelva la libertad y la paz. Lo demás vendrá después.

Habrá que nombrar un Presidente que no podrá ser ni Maduro, ni el Vicepresidente, por lo cual caerá esa responsabilidad en el Presidente de la Asamblea. Este pedirá la destitución de los rectores del Concejo Nacional Electoral y, a los nuevos rectores, les ordenará la convocatoria a elecciones perentoriamente.

Los eventos se precipitarán y, antes de darnos cuenta, la democracia irá despertando. Allí tendremos que recordar con gran dolor y respeto la memoria de aquellos que se sacrificaron o sufrieron por devolver la normalidad al país. Ellos han sido el elemento fundamental en el desenlace final.

Ya lo verán, estamos cerca, solo nos falta decisión y reciedumbre, porque de eso están hechos los pueblos bravos, los pueblos destinados a la historia.

 

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