Hermann Petzold: ¿ Reconciliacion o capitulación ?

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Todas las verdades que se callan se vuelven venenosas.

Nietzsche

Por Hermann Petzold Pernia

Desde las más altas esferas gubernamentales se sigue hablando de la necesidad del diálogo entre el gobierno y los diversos sectores políticos, económicos, sociales, etc., como un paso previo para alcanzar la reconciliación nacional y superar la polarización que afecta al país. Sin embargo, el Presidente y el Vicepresidente Ejecutivo de la República y otros funcionarios del régimen insisten, por una parte, en negarse a invitar a participar en el referido diálogo a algunos de los más conspicuos dirigentes de la oposición, y, por la otra, a ser ellos mismos los que elijan quienes, a su juicio, representarán, en las conversaciones, a las millones de personas que discrepan de las políticas oficiales y desean un cambio en la conducción del Estado.

Ahora bien, como lo señalé en mi artículo anterior, “la reconciliación presupone ab initio que quienes la promuevan se reconozcan recíprocamente como seres humanos esencialmente iguales, lo que conlleva a que el diálogo a realizar para alcanzar aquélla se desarrolle respetando la dignidad humana de los interlocutores, razón por la cual, entre estos, no pueden existir los roles de un vencedor que oprime y de un vencido que se humilla, porque de ser así no habría una auténtica reconciliación sino una capitulación”.

Empero, pareciera que fuera esto último a lo que se aspirara desde el gobierno, pues, si bien dichos funcionarios hablan de que no aceptan conversar con quienes exigen unas condiciones mínimas para que el diálogo sea fructífero, ellos sí las pretenden imponer y amenazan con la sanción y promulgación de nuevas leyes inicuas y con aumentar el ya desmesurado control de todos los poderes públicos, de tal manera que, para un observador imparcial, es cada vez más evidente de que se está ante un gobierno caracterizado por un creciente despotismo.

A este respecto, basta con comparar nuestra realidad nacional, con la descripción que el destacado iuspublicista francés Benjamín Constant (1767-1830) hacía del despotismo, cuando decía que es “un gobierno donde la voluntad del amo es la única ley; donde las corporaciones, si existen, no son más que sus órganos; donde ese amo se considera como el único propietario de su imperio y no ve en sus súbditos más que usufructuarios; donde la libertad puede ser arrebatada a los ciudadanos, sin que la autoridad se digne explicar sus motivos, y sin que se pueda exigir su conocimiento; donde los tribunales están subordinados a los caprichos del poder; donde sus sentencias pueden ser anuladas; donde los absueltos son llevados ante nuevos jueces, instruidos, por el ejemplo de sus predecesores, de que no están allí más que para condenar” ( De la liberté chez les modernes, 1980, p. 196). Como se puede ver, no son necesarias más palabras para referirse a lo que actualmente ocurre en Venezuela.

(Publicado en agosto del 2004 y actualizado el 4 de junio del año 2024)

II

Todas las verdades que se callan se vuelven venenosas.

Nietzsche

Por Hermann Petzold Pernia

Desde las más altas esferas gubernamentales se sigue hablando de la necesidad del diálogo entre el gobierno y los diversos sectores políticos, económicos, sociales, etc., como un paso previo para alcanzar la reconciliación nacional y superar la polarización que afecta al país. Sin embargo, el Presidente y el Vicepresidente Ejecutivo de la República y otros funcionarios del régimen insisten, por una parte, en negarse a invitar a participar en el referido diálogo a algunos de los más conspicuos dirigentes de la oposición, y, por la otra, a ser ellos mismos los que elijan quienes, a su juicio, representarán, en las conversaciones, a las millones de personas que discrepan de las políticas oficiales y desean un cambio en la conducción del Estado.

Ahora bien, como lo señalé en mi artículo anterior, “la reconciliación presupone ab initio que quienes la promuevan se reconozcan recíprocamente como seres humanos esencialmente iguales, lo que conlleva a que el diálogo a realizar para alcanzar aquélla se desarrolle respetando la dignidad humana de los interlocutores, razón por la cual, entre estos, no pueden existir los roles de un vencedor que oprime y de un vencido que se humilla, porque de ser así no habría una auténtica reconciliación sino una capitulación”.

Empero, pareciera que fuera esto último a lo que se aspirara desde el gobierno, pues, si bien dichos funcionarios hablan de que no aceptan conversar con quienes exigen unas condiciones mínimas para que el diálogo sea fructífero, ellos sí las pretenden imponer y amenazan con la sanción y promulgación de nuevas leyes inicuas y con aumentar el ya desmesurado control de todos los poderes públicos, de tal manera que, para un observador imparcial, es cada vez más evidente de que se está ante un gobierno caracterizado por un creciente despotismo.

A este respecto, basta con comparar nuestra realidad nacional, con la descripción que el destacado iuspublicista francés Benjamín Constant (1767-1830) hacía del despotismo, cuando decía que es “un gobierno donde la voluntad del amo es la única ley; donde las corporaciones, si existen, no son más que sus órganos; donde ese amo se considera como el único propietario de su imperio y no ve en sus súbditos más que usufructuarios; donde la libertad puede ser arrebatada a los ciudadanos, sin que la autoridad se digne explicar sus motivos, y sin que se pueda exigir su conocimiento; donde los tribunales están subordinados a los caprichos del poder; donde sus sentencias pueden ser anuladas; donde los absueltos son llevados ante nuevos jueces, instruidos, por el ejemplo de sus predecesores, de que no están allí más que para condenar” ( De la liberté chez les modernes, 1980, p. 196). Como se puede ver, no son necesarias más palabras para referirse a lo que actualmente ocurre en Venezuela.

(Publicado en agosto del 2004 y actualizado el 4 de junio del año 2024)

II

Cioran, la filosofía y las mujeres publicas

La filosofía no es una teoría, sino una actividad.

Wittgenstein

En la obra Précis de décomposition (en Oeuvres, 1997) E. M. Cioran acertadamente expone: “Los grandes sistemas no son en el fondo que brillantes tautologías. ¿Cuál es la ventaja de saber que la naturaleza del ser consiste en la ‘voluntad de vivir’, en la ‘idea’, o en la fantasía de Dios o de la Química? Simple proliferación de palabras, sutiles desplazamientos de sentido. A lo que es le repugna al abrazo verbal y la experiencia íntima no nos revela nada más allá del instante privilegiado e inexpresable. Por otra parte, el ser mismo no es más que una pretensión de la Nada.

“Uno no define más que por desesperación. Es necesaria una formula; es necesario incluso mucho más, aunque no sea más que para dar una justificación al espíritu y una fachada a la nada.(…).

“Las cosas que tocamos y las que concebimos son tan improbables como nuestros sentidos y nuestra razón; nosotros no estamos seguros sino en nuestro universo verbal, manipulable a placer – e ineficaz. El ser es mudo y el espíritu hablador. Esto se llama conocer. “La originalidad de los filósofos se reduce a inventar términos. Como no hay más que tres o cuatros actitudes ante el mundo – y más o menos otras tantas maneras de morir,- los matices que les diversifican y les multiplican no tienden más que a la elección de vocablos, desprovistos de todo alcance metafísico. “Estamos hundidos en un universo pleonástico, donde las interrogantes y las replicas se equivalen” (pp.623-4).

Y luego, hace una comparación entre los filósofos y las prostitutas: “El filósofo, de regreso de los sistemas y de las supersticiones, pero perseverando todavía en los caminos del mundo, debería imitar el pirronismo de la acera, del cual es muestra la criatura menos dogmática: la mujer pública. Separada de todo y abierta a todo (…) ella propone al espíritu un modelo de comportamiento que rivaliza con el de los sabios.

Ser sin convicciones respecto de los hombres y de sí misma, tal es la elevada enseñanza de la prostitución, academia ambulante de lucidez, al margen de la sociedad como la filosofía. ‘Todo lo que yo sé lo he aprendido en la escuela de las mujeres públicas’; debería gritar el pensador que acepta todo y refuta todo, cuando, siguiendo su ejemplo, se ha especializado en la sonrisa fatigada, cuando los hombres no son para él más que clientes y las aceras del mundo el mercado donde vende su amargura, como sus colegas, su cuerpo” (pp.651-2).

Vemos, pues, que Cioran critica que hoy en día se considere a las investigaciones filosóficas como originales, y, por ende, exitosas, si conducen a la creación de nuevos términos para aludir a conceptos y a realidades fenomenológicas conocidas o experimentadas por los seres humanos desde siempre.

Es decir, que muchos de los filósofos contemporáneos habitan en un universo de palabras y alejados de las vidas de sus prójimos.

(Publicado el martes 15-02-2005) y actualizado el 4 de junio del año 2024

El auto de ambos trabajos escritos inicialmente en elos años 2005 y 2004 es Hermann Petzold Pernia, Prof. Titular de la Facultad de Derecho de la Universidad del Zulia.

– Editado por los Papeles del CREM. Responsable de la edición: Raúl Ochoa Cuenca.

«Las opiniones aquí publicadas son responsabilidad absoluta de su autor».

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