Francisco Contreras: La democracia acorralada

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Por Francisco J Contreras M

Hoy en día los eventos económicos y sociales son complejos, dinámicos, inciertos e inestables. En Venezuela, al ser el Estado propietario del subsuelo y de las riquezas que contiene, entre la gente se formó la idea de que -sin esfuerzo alguno- el gobierno le podía proporcionar todo lo que se deseara, de modo que desde el más modesto ciudadano hasta la más poderosa organización se habituó a pedir y no al esfuerzo creador de valor, y los gobernantes con poder discrecional aprendieron a someter a la sociedad por la vía de la extorsión que implica la dádiva sin la contrapartida del esfuerzo.

El populismo socialdemócrata, fundado en el voluntarismo del poder discrecional y del control de las variables resultado (precios, costos, salarios, ganancias, tasa de interés, tipo de cambio, …), sin considerar la capacidad de respuesta de quienes toman decisiones, dio lugar a un “asistencialismo” que condujo al país a la pobreza y a la involución. Bajo el populismo distributivo, el ser humano deviene en un ser incapaz de valerse por sí mismo, que medra en la miseria a la espera de los mendrugos que el gobernante le dispensa a cambio de su sometimiento.

Fue una gobernanza que hizo de la abundante renta petrolera un recurso insuficiente, que agotó la capacidad de endeudamiento externo, que por último recurrió a la creación irresponsable de dinero. Esa falta de respuesta de la democracia frente a la escasez, a la degradación humana y a la desigualdad entre la pobreza de muchos y la opulencia de pocos, dio lugar a la desconfianza hacia las élites y alimentó en la gente el atractivo de la demagogia presente del discurso político populista de izquierda.

La vida en sociedad ha permitido a los seres humanos, desde el comienzo de la historia, irse sobreponiendo a las dificultades por la vía de normas consensuadas, las cuales a través del mercado permiten la creación de mecanismos de autorregulación que, de manera pacífica y solidaria, ofrecen oportunidades y capacidades a la gente para valerse por sí mismas.

La democracia auténtica -fundada en sucesivas aproximaciones de ensayo y error- es la que admite el establecimiento de un marco institucional a través del cual fluye la información que permite cambiar el comportamiento social e individual, frente a la nueva información (regulación ex ante) o ante las consecuencias derivadas de la misma (regulación ex post), en favor de la prosperidad. Es la acción pública por la vía de la anticipación del impacto regulatorio sobre el mercado y no sobre el control de las variables resultado. Es una sociedad de gente que, con dignidad, puede vivir en libertad, la libertad de recrear su propio destino creando valor social.

Hay que prepararse para la innovación frugal, muchos países exitosos ya lo hacen desde hace tiempo, es una conceptualización en tiempo real hacia el largo plazo, pues es necesario vencer una resistencia al cambio, cuando se viene haciendo algo repetidamente desde hace mucho tiempo. La apuesta auténticamente democrática se asienta en la parsimonia, la simplicidad y la moderación hacia el otro y hacia la naturaleza.

@fjcontre35

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