Eloy Torres: Negociar, no es pecado

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Por Eloy Torres

Vivimos un eterno “ritornello”. Para explicarlo, invoquemos el ejemplo de la Guerra Federal, esa absurda confrontación, o como la llamó el Doctor y Embajador Germán Carrera Damas, ese “…pleito entre sectores de la clase dominante, que tiene un solo sentido histórico; consolidar la clase dominante” (Germán Carrera Damas, Una nación llamada Venezuela. Pág., 117. Edit. Monte Ávila 1984). Actualmente, Venezuela está atrapada en un conflicto político, el cual, todos quieren ganar y nadie  quiere perder.

Viene a cuento la narrativa acerca de esa guerra que vio su fin con un acuerdo negociado entre las partes; inmersas ellas, en un sangriento conflicto que se llevó más de 150.000 almas. El deterioro del país, tras la guerra de Independencia, aumentó considerablemente. Muchos caudillos y chafarotes, juntos y revueltos, buscando poder, riquezas y mayor ascendente sobre el ciudadano. El caso es que se llegó a un acuerdo: el Tratado de Coche, para que los factores involucrados pudieron reconstruir a la sociedad. En ese entonces, experimentamos, la desgracia de seguir a unos chafarotes; hoy, de nuevo lo hacemos desde el 4 de febrero de 1992, incluidos a sus herederos.

Por fortuna, los venezolanos, en 1863, resolvimos el conflicto. Tal como señala el citado Dr. Carrera Damas “… ese Tratado de Coche fue “una especie de tregua, de respiro, para no poner en peligro lo esencial, que era la existencia misma de la clase dominante y su capacidad de control de la sociedad” (Germán Carrera Damas, Una nación llamada Venezuela. Pág., 115. Edit. Monte Ávila 1984). Es decir, los desacuerdos, creemos interpretar, seguirían, pero, bajo una modalidad “acordada” entre todos. Todo resguardado en 1863 por un Decreto de garantías y luego por la Constitución de 1864. Evidentemente, los actores comprendieron (¿o, fue la realidad la que los hizo comprender?) que el gravísimo deterioro del país, lo impulsaba. Es decir, una  negociación los condujo a encontrar el camino, para poco a poco, enderezar al país. No había recursos para mantener ejército alguno. La situación económica era dura y difícil. El desorden institucional acosaba al país, la corrupción de los militares era muy grande. El Tratado Coche fue producto de un gran acuerdo negociado y no de un deseo voluntarioso de algunas mentes añorando una solución mágica.

El Tratado de Coche fue una negociación a puerta cerrada que estableció la paz. Tras discutir los detalles, se dispuso la renuncia de Páez y se acordó convocar una Asamblea, para nombrar autoridades que formaron un nuevo gobierno. Ese  Tratado  convirtió, al famoso decreto de Juan Crisóstomo Falcón en una Constitución, cuya referencia axiológica moldeó las constituciones posteriores, hasta que vino la de 1999, la cual, a su vez, ha sido violentada en más de una ocasión, por el propio gobierno que la adelantó; aun cuando ella misma es violatoria del espíritu del acuerdo del decreto de 1863, año cuando se logró el gran objetivo: la paz.

La Rusia de Lenin

Lenin llegó al poder en 1917. La gran guerra desde 1914, lo apalancó para hacerse del poder en una Rusia que había soportado 300 años de dominación zarista. Entonces, Rusia enfrentaba a Alemania y era aliada de Inglaterra, Francia y EEUU. Esa guerra, le generó tras tres años de combates, graves problemas internos; el ejército ruso se desintegraba. Las tropas alemanes habían llegado al corazón del país y ocupado los territorios polaco-lituanos, antiguamente bajo la influencia del imperio del Zar.

Rusia estaba desesperada. Lenin, una vez en el poder, respondió a lo pautado con Alemania; es decir, “pagar” por la ayuda que le prestaron a fin de ingresar clandestinamente a Rusia; tomar el poder y luego sacar a su país del conflicto y poner fin a la guerra. Ese “pago” se hizo a través de una negociación. Rusia se retiró oficialmente de la guerra. Ello provocó una situación desastrosa. La Triple Entente fue colocada contra la pared de la guerra, pues, Rusia, al retirarse del conflicto, liberaba a Alemania de “gastar” recursos y aprovechar a sus hombres para continuar la guerra contra ella.

Esto es, hay que decirlo, no fue fácil para Lenin, quien a riesgo de ser detenido o asesinado; ingresó a Rusia y comenzó su labor, desde la clandestinidad, para alcanzar sus objetivos que logró en octubre de 1917. Una vez en el poder inició su plan. Acordó un tratado de paz con Alemania, el cual se llamó el Tratado de Paz de Brest-Litovsc. Esa ciudad era política y militarmente, emblemática, pues allí estaba el centro de comando del ejército alemán. Las tratativas se iniciaron en diciembre de 1917, semanas después de que Lenin alcanzase el poder.

Las dificultades para Lenin aumentaban, Trotsky, Ministro de Relaciones Exteriores del gobierno bolchevique, encabezó la delegación para negociar con Alemania. Trotsky imbuido del virus “voluntarista” apostaba por el triunfo de las “revoluciones proletarias” en Alemania e intentó prolongar las negociaciones. Era el inicio de sus famosas tesis acerca de la “Revolución Permanente”

La “previsión onírica” de Trotsky no se cumplió; y a principios de 1918; para sorpresa de todos, expresó que él no quería “ni guerra ni paz”, es decir, para él, su deseo era que Rusia dejara de combatir a los alemanes, pero, que ella no estaba preparada, ni aceptaría las condiciones impuestas de entregar territorios y de pagar reparaciones de guerra. En sus cálculos, pensó que el ejército alemán estaba agotado y dejaría de insistir y que aceptaría tal propuesta. Pero, Alemania decidió lo contrario y reanudó las hostilidades y se aprestaba a tomar Petrogrado.

Aunado a esa crisis al interior de sus “camaradas” bolcheviques, Lenin se enfrentó a los socialistas revolucionarios (eseristas), aliados suyos y que jugaron un papel un papel importante en la revolución de 1917. Éstos, querían apelar al pueblo ruso para resistir a los invasores. Estaban dispuestos a continuar la guerra contra los alemanes como una forma de inspirar una revolución comunista en Occidente. Sin embargo, Lenin quien temía que un avance alemán que pusiera en peligro la seguridad de su régimen, aceptó los términos de paz impuestos por el enemigo. Estos términos, fueron duros para la Rusia bolchevique. Tuvo que ceder casi la mitad de sus territorios europeos. Polonia, Lituania y parte de Letonia fueron cedidas a Alemania y Austria. Ucrania, Finlandia, Estonia y el resto de Letonia se convirtieron en estados independientes bajo la protección alemana. Lenin y su gobierno, se vio constreñido a perder importantes territorios agrícolas, el 80% de sus minas de carbón y la mitad de sus instalaciones industriales. Además, tuvo que pagar 6 mil millones de marcos en reparaciones. Trotsky no quiso firmar ese tratado por considerarlo humillante para la “dignidad” del gobierno. Por lo que fue rubricado por su adjunto, Gregory Chicherin; por cierto, un aristócrata, convertido en bolchevique. Éste, es considerado el fundador de la diplomacia soviética y que hoy Putin pone en práctica. Realismo y pragmatismo político; nada de ideologías, sino buscar beneficios para su interés nacional.

En Rusia, esa negociación fue considerada una apostasía por varios sectores que rodeaban a Lenin. Creían firmemente que era una prevaricación al socialismo. Desde una postura maximalista, pensaban que el proletariado mundial, no comprendería esta decisión. Por lo que los socialistas-revolucionarios, enfrentados a Lenin por el tratado, se retiraron del gobierno, dejándolo enteramente en manos de los bolcheviques, y muchos de ellos se unieron a la oposición. Así, el tratado de Brest-Litovsk fue abono para ampliar las causas de la Guerra Civil entre los guardias blancos y los guardias rojos. En tanto que los enemigos de Rusia aprovechaban esos disensos para aumentar la ventaja militar. La guerra civil fue dramática. Hay que resaltar dos momentos que agravaron y estremecieron el poder de Lenin. a) El atentado, donde muere el Embajador alemán en Moscú en julio de 1918 y b) el cometido contra Lenin en septiembre del mismo año. Ambos, obra de los eseristas de izquierda. No perdonaron a Lenin ese “indigno” tratado y negociación con los alemanes.

Tras la derrota alemana el Tratado de Brest-Litovsk fue derogado, pero, algunas de sus disposiciones se mantuvieron en pie: la independencia de los países bálticos, Polonia y Finlandia. Esa negociación le permitió a Lenin resistir y desarrollar sus planes para Rusia, la cual, desde 1921, se convirtió en la otrora poderosa URSS. Ella resultó de una gran transacción. No obstante, perder los territorios señalados más arriba, después de 1945, los recuperó y amplió su poder, colocando a la URSS en el papel de gran potencia del siglo XX, potencia que murió en 1991, también gracias a una negociación y que hoy, Putin, busca, con la Federación de Rusia, su renacimiento, cual Ave Fénix. En ese entonces se logró el gran objetivo: consolidar el comunismo en la URSS, hasta que cayó; aunque eso es otra discusión.

Vietnam

La guerra en Vietnam fue dramática. Un país pequeño, pero guerrero que ha mostrado bravura, mas también inteligencia para ponderar su estatura estratégica. Lo demostró, cuando combatió y expulsó a Francia de Indochina. Dien Bien Phu, la gran batalla en 1953 fue el gran teatro que validó su inteligencia. Batalla que todavía hoy, estudian en las academias militares del mundo. Ho Chi Minh, el enjuto tío Ho y  Vo Nguyen Giap, el arquitecto militar de ese triunfo sobre los franceses, fueron las figuras emblemáticas del Vietnam. Ambos han simbolizado la grandeza de una nación que buscaba unificarse. Desde 1954, lamentablemente, los EEUU impidieron ese proceso, al intervenir e instalar un régimen en el sur, cuya capital era Saigón; mientras que el norte la capital era Hanói.   La intervención de los EEUU buscaba frenar la expansión del comunismo en Asia. Tras China y Corea del Norte; los americanos enfocados en la teoría del dominó: si cae una pieza en fila, caen todas. Ello fue una visión equivocada, la cual sirvió a algunos analistas y sobre todo a periodistas, a desarrollar una lógica superficial que nada tiene que ver con la realidad. Hoy, éstos, se reproducen como la verdolaga y se empeñan en seguir una frase al voleo, sin profundizar en lo esencial al optar por un análisis superficial de la realidad y convertirlo en un argumento consistente. La generalización es dañina.

Está en la memoria el drama del Vietnam, cómo en plena guerra, buscaba una negociación, mientras sus habitantes sufrían los bombardeos y sus niños eran quemados con el napalm. Las imágenes dantescas; sus cuerpos y rostros chamuscados, expuestos en fotografías que circulaban por el mundo. Sin embargo, por la voluntad impuesta de la ruta Ho Chi Min, en honor al venerable, valiente y enjuto anciano, se pudo alcanzar la victoria. Ésta, no se logró, en el campo de batalla de las selvas vietnamitas, sino en la mesa de diálogo en Paris.

Una guerra resultante de un maniqueísmo entre “buenos y malos”. Para EEUU fue  nefasta. Un conflicto sin sentido con muertos y heridos. Un despropósito. La solución: una paz honorable. Tras varios presidentes que alimentaron ese monstruo bélico, la decisión final recayó en Nixon, quien junto a Kissinger, decidieron iniciar un complejo proceso de negociación de la paz. A Nixon le tocó jugar el papel de las decisiones trascendentales. Fue realista. Tomó el “toro por los cuernos” y domó el  complejo militar norteamericano y buscó esa paz honorable. Lo logró y luego, ello,  bajo formas, un tanto enrevesadas, le costó su salida del poder.

Las negociaciones se llevaron a cabo en París. El camino tortuoso. Durante ellas,  los bombardeos americanos y la matanza de sus soldados crecían. Fueron cinco años que duró la negociación. Evoco y agradezco a Manuel Reverón (Manolo) mi fraternal amigo de toda una vida, hombre sabio y nada mezquino con la memoria. Él me recordó una anécdota. Se trata de un breve cruce de palabras entre Kissinger y Le Duc Toh. El caso es que los vietnamitas habían comprado una modesta casa en los suburbios parisinos. Kissinger, intrigado, preguntó al vietnamita, por qué habían adquirido un inmueble, mientras su delegación se hospedaba en los hoteles de París. Le Du Toh, respondió que estaban conscientes que la negociación iría para largo y que su delegación recibía viáticos que otorgaba un pueblo que sufría los embates de la guerra; razón por la cual, decidieron ahorrar dinero y todos dormían en la casa parisina. Anécdota, nada exagerada; basta citar que durante el primer año de la negociación, la discusión se centró en el tipo de mesa dónde discutir; de si era redonda, cuadrada o rectangular y luego escoger las puertas por dónde entrar y salir y cuál sería la primera delegación en hacerlo. Fueron 5 años de torneos diplomáticos. Nixon, Kissinger, Le Duc Tho y Madame Bihn, por fin lo alcanzaron. Hay una fotografía de esta elegante dama, ataviada con un traje blanco, brindando con Kissinger por el final de esa guerra.

Los analistas de la historia reconocen que si los anteriores presidentes a Nixon, no hubieren confundido la política exterior con el maniqueísmo entre “los buenos y los malos”, los EEEUU habría podido evitar el conflicto. Kissinger, conocedor de la historia, comprendió que Vietnam, sutilmente, confrontaba a China y a la URSS. Un Vietnam, con Ho Chi Min al frente desde 1950 con su personalidad habría jugado un papel neutral en la zona y en consecuencia los norteamericanos no habrían probado la miel de la derrota ante esos diminutos enemigos quienes les forzaron a la negociación.

Nixon mostró ser un hombre retador de las circunstancias. Sabía  que para finalizar la guerra, tenía que negociar. La realidad le golpeaba la cara. Él mismo, como líder, inició un largo camino para la paz. Años de negociaciones diplomáticas. París, fue el escenario, mientras en las selvas asiáticas se mataban los soldados. Todo un torneo de diplomacia junto a sangrientos combates. Se combatía palmo a palmo y árbol por árbol. La guerra y su crudeza ayudaron a alcanzar esa paz honorable. Nixon y Kissinger, Le Duc Tho y Madame Bihn lo lograron. Nadie, en sus países, particularmente en Vietnam, les gritó: ¡traidores!

Hay que resaltar que ambos actores lograron sus objetivos. Para los EEUU, alcanzar una paz honorable y el Vietnam, la salida de las tropas extranjeras de su país, como la completa reunificación  de su país. Por cierto, los EEUU en su disputa geopolítica con China, hoy, cuenta con el  Vietnam,  como su principal aliado en la región. Digo esto para ilustrar a los radicales venezolanos quienes no ponderan la realidad; sino que se dejan llevar por un empeño absurdo de una supuesta “dignidad” y la soberbia radical. Piensan con el hígado, en lugar de hacerlo con la cabeza.

Mandela

Nelson Mandela quien tras 27 años de prisión, salió de la cárcel con una sonrisa del tamaño del continente africano para promover un clima de tolerancia y paz. Cuestión que logró. Se esforzó para desarrollar una transacción política. Madiba, como le llaman en África del sur, salió triunfante por tener fe en sus convicciones y la confianza en la negociación. Un hombre que se alimentó con la experiencia de los grandes sufrimientos, pero que aprendió a hacer la digestión, como el león, el cual después que come, observa el terreno y se siente en paz. Mandela sufrió 27 años de cárcel. Pero, quien al salir de ella, no hizo suyo el bíblico precepto: “Ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie” (Éxodo, 21- 24). Vale decir, este noble hombre se creció, al no practicar y por no creer, en la justicia retributiva.

Mandela se agigantó ante su pueblo y del mundo al asumir el reto de sentar las bases para la reconciliación entre los afrikáners y los sudafricanos, es decir, entre los blancos (en franca minoría) y la mayoría africana. Cuestión que logró. Un hombre que se fraguó con una visión integradora de los hechos, no fue mezquino con la historia y sembró un árbol que hoy sirve de ejemplo, para el mundo; especialmente para las realidades conflictivas. Para Mandela el objetivo más importante era agostar el tumor que carcomía a su pueblo: el apartheid. Él, tras experimentar largos periodos de prisión, encono, maltratos físicos comprendió que el problema del hombre residía en el hombre mismo. No era el color de la piel, ni la riqueza o la pobreza, como tampoco las ideologías. Es el hombre, el cual debe ser desprovisto de la vanidad y superficialidad. Madiba comprendió que su papel era lograr un clima para reflexionar, entre todos, la suerte del hombre en África del Sur. Había que superar el Apartheid. Él fue el baluarte para que ellos se sentaran a discutir su suerte. Lo lograron, tras largos momentos de negociación.

Mandela fue tan grande que sirvió de paradigma para que a su funeral asistiesen más de 100 jefes de Estado y de gobierno del mundo. Mandela desde la prisión devino en el símbolo contra la injusticia. Pasó 27 años en prisión, y al salir, finalmente logró su gran objetivo: acabar con el régimen del apartheid en Sudáfrica. Su gran arma, su propia fuerza moral, y lo logró al ser liberado en 1990. Ya presidente, 1994, comenzó a hablar sobre la “Nación del arco iris”, el mundo en el que todos pueden encontrarse, independientemente de su tribu, etnia, religión o color de piel. “La gente valiente no tiene miedo de perdonar, por el bien de la paz”, decía, Madiba. Estimuló una Comisión de la Verdad y la Reconciliación, la cual puede ser un modelo para Venezuela en el futuro, si queremos escapar de la sombra de ese pasado que nos alcanzó después de 1992.

Otro episodio de su liderazgo personal para unir a la nación: cambiar la percepción que la mayoría de la población negra, tenía del rugby. Este deporte equipo exclusivamente blanco que representaba todo lo que los africanos odiaban: la opulencia blanca, su soberbia  y tendencia a la humillación del africano negro. En un momento dado, Mandela pidió al capitán que le ayudase a la unificación del país. Sugirió que los jugadores blancos del equipo visitasen los vecindarios más pobres con población negra. La idea era presentar el rugby a una nueva generación. El propio Mandela, apareció en el estadio animando al equipo con la camiseta de capitán del equipo, logrando así transformar la victoria de la selección nacional de rugby ante Nueva Zelanda, en un partido que sirvió para la unificación de toda la nación. Basta ver la magnífica película con Matt Damon y Morgan Freeman. Todo está dicho en ese film.

Después de su mandato presidencial, aunque con respaldo suficiente para otro,  optó por retirarse con dignidad. Incluso, siendo él, el padre de la reunificación de la nación, con una reputación internacional difícil de igualar, decidió retirarse. Es otro ejemplo útil para Venezuela Nelson Mandela murió a la edad de 95 años, rodeado de su familia, después de romper piedras y soportar 27 años de prisión. Mucho se ha escrito sobre él, durante su vida como después de su muerte en 2013. Nunca se sintió ungido, jamás fue prepotente, por el contrario, siempre mostró humildad. Lo trascendental es que se propuso, acabar con el Apartheid y lo logró. Fue su estrategia a largo plazo de la que no se desvió ni un solo milímetro. En las elecciones, resultó triunfador. Reconoció, con su política, sus errores. Por lo que buscó negociar con el gobierno del apartheid; convenció a sus compañeros de que esa era la mejor táctica. Negociar, negociar y volver a negociar, esa fue su política.

Hubo un momento en 1993, en pleno proceso conciliador, el cual se puso en peligro, la negociación. Fue muerto Chris Hani, también líder del Partido Congreso Nacional Africano y camarada de Mandela. Hani, fue baleado por unos practicantes de la violencia. Mandela, felizmente, como gran líder y héroe de su pueblo tuvo la entereza y la fuerza necesaria para no ceder ante las provocaciones de los extremos. Pidió calma. Hubo intentos de generar caos; disturbios, incendios de edificios, hostigamiento a las  fuerzas de seguridad. Su liderazgo impuso la paz sobre la guerra. Comprendió la oportunidad de lograr su más grande objetivo. Gracias a su fuerza moral y a su capacidad, logró  generar estabilidad y reunir a la gente para disminuir las divisiones en la sociedad  de África del sur. Es un gran ejemplo que deberían aprender los líderes opositores venezolanos; especialmente aquellos que rechazan el proceso de negociación en México. Todos debemos aprender de estos ejemplos.

Madiba, gracias a la negociación logró la paz. Su mayor mérito: sentar las bases, repito, para la reconciliación nacional. El ya hizo lo suyo. Lo demás, lo harán las otras generaciones. Mandela representa el símbolo de la reconciliación, de la tolerancia, del encuentro y de la paz. El, entró en la historia como un hombre grande, por lo que ya no queda más que decir.

Para finalizar creemos necesario y urgente releer la historia. Cuando la invocamos, hay quienes enceguecidos por la desesperación y la angustia, ante cualquier experiencia de los tiempos, dicen: “¡Otra vez con las lecciones de historia; eso ya pasó!”. Pareciera que nos quieren decir: ¡“es otra realidad, se trata de Venezuela, estamos en el siglo XXI!

Santayana decía y a quien parafraseamos: “…quien olvida su historia está condenado a repetirla”. El caso es que hoy nos topamos con una realidad. Es un hecho, hay una propuesta para iniciar un proceso, complejo, por demás, para negociar una salida al desastre que vive Venezuela. Los factores opositores equivocados o no, han hecho sus esfuerzos. En su seno hay voces disidentes que rechazan los primeros escarceos de dialogo. En el gobierno también. Se habla de traición y blandenguerías. En la oposición se recurre a otros conceptos: “alacranismo” y componendas.

El caso es que hoy, el país nos obliga a negociar una salida. México, nos ofrece una oportunidad, la cual es estimulada por la debilidad del gobierno. Ello, tiene al oficialismo dividido. Sus radicales se ven acosados por el futuro. Hay que poner los ojos sobre la tabla de la realidad, la maña, astucia, inteligencia, habilidad. Es la gran oportunidad para reencontrarnos, políticamente, con la realidad y hacer que ésta florezca en el campo opositor. En el oficialismo, la desesperación se observa en su rostro; en sus discursos muestran su mazo para descalificar y generar molestias en el liderazgo opositor. En tanto que en éste, algunos, hablan de traición y de no tomar en cuenta los principios; otros dicen que los oficialistas son unos bandidos y en quienes no se puede creer. Todos estamos de acuerdo, aunque no lo son todos. Pero, ellos están allí y no hay más con quien negociar.

El conflicto que experimenta el país lo reclama. Se procura una salida que supere este estadio que acosa al venezolano y que no le ofrece descanso. Hay que superar este conflicto. El citado Sun Tzu decía: “… No hay ningún país que se haya beneficiado por guerras prolongadas”. En tal sentido, vemos muy positivo estos encuentros, todo con el fin de estimular un clima para negociar una salida que impulse el panorama de la oposición hacia nuevos triunfos. La negociación, ofrece una salida al  país, como a los dirigentes de PSUV. Algunos de ellos cercados por la realidad nacional e internacional.

Es válido citar a Don Rómulo Gallegos quien pone en boca de Reynaldo Solar, uno de sus más emblemáticos personajes, estas palabras: “…los venezolanos sufren este mal incurable, está en la sangre, somos incapaces para la obra paciente y silenciosa. Queremos hacerlo todo de un golpe; por eso nos seduce la forma violenta de la revolución armada. La incurable pereza nacional nos impulsa al esfuerzo violento, capaz del heroísmo, pero, rápido, momentáneo. ¡Todo o nada! Pueblo que sabe arriesgar la vida, pero que es incapaz de consagrarla a una empresa tesonera. Al fin nos quedamos sin nada”.

* ex Embajador

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