El fiasco ruso-iraní en reactivar las refinerías  

Spread the love

La crisis de la industria petrolera venezolana ha evolucionado, de la incapacidad para exportar, a la incapacidad para satisfacer el mercado interno.

El gobierno sin dólares, la gente sin gasolina.

Siendo insuficiente el ingreso en divisas del país por la venta de petróleo, ahora se suma la agitación social que representa la escasez de combustibles para el transporte privado y público.

Los niveles de producción petrolera han caído a niveles de mediados del Siglo XX.

En un trabajo del 2006 en la Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales, el petrolero Ramón Espinasa señaló que para 1943 Venezuela producía -en promedio- 500 mil barriles diarios.

Adicionalmente, la ejecución de sanciones por parte del gobierno de Estados Unidos, ha contribuido a que las exportaciones estuvieran por debajo o cercano a los 500 mil barriles diarios de petróleo.

Como si fuera poco, las consecuencias de las medidas de confinamiento adoptadas mundialmente por el Covid-19, ha tenido como resultado una caída de la demanda de los crudos.

Esta caída de la demanda ha provocado a su vez la disminución de precios, que en el caso de Venezuela, le ha llevado a despachar petróleo por debajo de los 10 dólares el barril.

La producción

Según expertos petroleros, los problemas de Venezuela se originan con la caída de la producción, y no únicamente por las sanciones estadounidenses o por las medidas restrictivas que ha impuesto el Covid-19.

Caída, que los expertos petroleros venezolanos, atribuyen a la “mala operación y falta de ejecución de políticas de mantenimiento” de la infraestructura petrolera.

En los últimos años, los mandos de PDVSA no han sabido cómo mantener y mucho menos elevar los niveles de producción.

En cuanto a la refinación, el problema es más grave. PDVSA ha ido perdiendo el control de los procesos de refinación. Siendo lo más crítico, los procesos de los combustibles.

El mercado interno

En cuanto al mercado interno, no son nuevos los inconvenientes locales para la distribución de los combustibles en el mercado local.

Para los venezolanos, aprovisionar de gasolina sus vehículos se ha ido convirtiendo en un inconveniente mayor. Que se agrava si viven en la provincia, o en algo imposible a la medida que se acercan a la frontera con Colombia.

Esto hace, que en momentos que en la OPEP se discute un rebaja de las cuotas de producción para presionar los precios al alza, la opinión de Venezuela no tenga importancia alguna. Ni siquiera relativa importancia.

La prioridad

Para el gobierno venezolano, y a pesar de la asfixia financiera internacional que le afecta gravemente, su prioridad en este momento es calmar los ánimos que se van caldeando en las colas de los expendios de gasolina.

Lo cual no quiere decir, que dejen de lado la angustia que les genera la asfixia de dinero fresco.

El fiasco ruso-iraní

Para el periodista Emili Blasco, del diario madrileño ABC, “Irán será incapaz de resolver el gran problema de abastecimiento de gasolina que padece Venezuela”.

Advirtiendo que “si no lo consiguió Rusia, con una mayor experiencia en el sector petrolero venezolano, menos lo lograrán los operarios iraníes, en parte vinculados a la Guardia Revolucionaria, a pesar de la tradición de refinado desarrollada en su país”.

Señaló Blasco –en su reportaje fechado el 13 de mayo pasado- que “las refinerías venezolanas no pueden reactivarse como un negocio” explica porque “Rosneft se haya ido del todo, y también que “Irán en realidad esté buscando la compensación en toneladas de oro”.

Blasco explicó que “el cierre” desde finales de enero de “las dos últimas refinerías operativas de Venezuela, Amuay y Cardón (…) puso en jaque el suministro de gasolina para uso interno del país”.

También relató que para enero, “los trabajadores rusos habían estado en Amuay intentando reactivar secciones de la refinería y mantenerla en funcionamiento”.

Lo que no pudieron hacer porque Rosneft “decidió abandonar el país debido a las sanciones anunciadas por Estados Unidos contra sus comercializadoras Rosneft Trading y TNK Trading International”.

En lo que respecta a los iraníes, el periodista español que, si bien “han llegado para rentabilizar económicamente la puesta en marcha parcial de alguna refinería”, todo indicaría que estarían “cobrando el favor por otro lado, probablemente con toneladas de oro”.

Es contundente Blasco cuando afirma que “la actuación iraní no resolverá el problema de suministro de gasolina”.

Para ello cita al experto Antonio de la Cruz, director ejecutivo de la consultora Interamericana Trends.

“Podrán arrancar la actividad en Paraguaná y producir algo de gasolina, pero se les volverá a caer; el proceso incluye muchos elementos de precisión, especialmente sensibles, y las instalaciones no cuentan con la tecnología necesaria”.

La española Repsol

Emili Blasco también reporta de las actividades de la española Repsol en Venezuela.

Lo que según De la Cruz estarían “saltándose peligrosamente las sanciones de EE.UU”.

“Hasta ahora la energética española ha venido justificando la continuidad de sus operaciones de extracción de petróleo en el país caribeño en que debe cobrarse la deuda mantenida por este, pero sus volúmenes de exportación desde Venezuela son mayores a la propia deuda”, escribe Blasco citando a De la Cruz, quien además “afirma que parte de ese crudo vuelve luego refinado a Venezuela”.

Aparentemente, Repsol estaría aprovechándose de “cierta permisibilidad” que “Washington ha aprobado para Chevron”, dijo Blasco.

Eduardo Martínez, con información del diario ABC de Madrid.

Deja un comentario