Editorial: las cifras que acoquinan a los venezolanos

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Los venezolanos no nos acostumbramos a las cifras y valores que se publican en Venezuela. Sobre todo, porque siempre nos golpean con gran fuerza a nuestros agujereados bolsillos, o nos afectan el ánimo de cara al futuro. Nos acoquinan.

Esta semana, y hasta ayer van tres días, hemos tenido conocimiento de no menos de tres cifras que nos aterran. La primera de ellas es el mega aumento del valor de la Unidad Tributaria, que pasó de Bs. 1.500 a Bs 20.000. Lo que tiene un impacto inmediato y brutal sobre cada tasa que vayamos a pagar por cualquier trámite oficial.

(El Seniat mega-aumenta la Unidad Tributaria a Bs. 20.000)

La segunda cifra, es que 2 de cada tres venezolanos en edad laboral, no tiene un trabajo sin los beneficios que otorgan las leyes. Es decir, solo uno de cada 3 tiene sus prestaciones completas, si es que le sirven para algo.

¿En qué trabajan esos 2 venezolanos de cada 3? Bueno, están desempleados o están en el rebusque de la economía informal. Una condición que les obligará, de seguir así, a trabajar por el resto de sus vidas como rebuscadores del sustento. No tendrán plan de jubilación, ni seguros, ni planes de previsión, ni vacaciones pagadas, entre otros beneficios. Serán una especia de esclavitud de los tiempos modernos.

(UNETE: 30% de desempleo cíclico en Venezuela)

Y la tercera cifra, es la más cruel. Resulta que un estudio de Confederación de Sordos reveló que la cuarta parte de los menores con algún tipo de discapacidad, no están incluidos en el sistema educativo venezolano.

Si se hurga esta cifra, se descubre que la mitad de estos muchachos (47%) nunca ha estudiado, una tercera parte (37%) dejó de estudiar hace más de un año, y una sexta parte (16%) dejo de estudiar con la pandemia.

Es la educación lo único que liberará a los muchachos discapacitados. Educados, adquirirán la capacidad de comunicarse, de aprender un oficio o profesión, y en el futuro al ser adultos, a ser útiles a la sociedad como cualquier venezolano, y no depender de la mendicidad o la buhonería.

(Fuera de la educación la cuarta parte de los niños con discapacidad)

Y finalmente sin numerar, dejemos para otro editorial el índice hiper-inflacionario. Unas cifras que se cuentan por miles.

Eduardo Martínez – Editor

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