Editorial: ¿Diálogo para qué?

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Finalmente el cacareado diálogo entre el régimen y la oposición venezolana se escenificará este viernes en México.

Después de meses de escarceos de micrófonos, tentativas de inventar interlocutores sin mayor importancia y negativas, ambos sectores consintieron en reunirse. Lo que ocurre en un ambiente electoral bastante avanzado.

El interés del régimen

Nicolás Maduro está ávido de dos cosas: que le reconozcan, y que le llegue dinero fresco.

Cerca de medio centenar de países reconocen a Juan Guaidó. Con la particularidad que entre esos países se encuentran los que tienen poder para otorgar o negar financiamiento en el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Interamericano de Desarrollo, y los EximBanks de los países más industrializados del mundo. Organismos multilaterales con mayor capacidad de financiamiento, a las tasas más bajas y en las mejores condiciones.

No hay posibilidad alguna que eso dinero fresco, necesario para superar la crisis, llegue al país. A Maduro no lo reconocen, y Guaido a pesar de ser reconocido, no gobierna.

La situación a la cual ha llegado el país, como consecuencia de las políticas desplegadas por el régimen, no puede ser más trágica.

Venezuela tiene en el suelo la infraestructura petrolera. No tiene capacidad de producir electricidad. No tiene capacidad para producir agua potable. Por lo que reactivar estos sectores, necesario para empujar el aparato industrial venezolano, y con lo cual se pueda pagar capital e intereses de los créditos –si es que llegan.

Para producir petróleo, Pdvsa necesita inversiones de varias decenas de miles de millones de dólares. Para producir electricidad, para alimentar industrias, hogares y los balancines de la extracción del petróleo, se necesitan más de 20 mil millones de dólares. Y el agua potable e industrial, otros 10 mil millones. Montos que estiman serían en las primera de cambio. Probablemente se necesitarían montos adicionales.

Solucionar este complejo ambiente de crisis es muy cuesta arriba para el régimen de Maduro, sin dinero y sin reconocimiento.

La oposición

En la oposición, la situación no es sencilla. No se percibe el espíritu unitario de otros tiempos. Tal vez la final aceptación por parte del régimen, de reunirse con los representantes de Guaidó, sea una concesión desesperada de Maduro. Un signo de la debilidad que viene mostrando en los últimos meses.

La dirigencia opositora ha venido deshojando los pétales de la margarita de ir o no ir a las elecciones del 21 de noviembre. Y todo parece indicar que ya sería tarde. Sobre todo si tomamos en cuenta que está corriendo el período electoral de inscribir las candidaturas.

El régimen ya escogió sus candidatos, y la oposición de Guaido todavía no ha manifestado su intención de concurrir a estas elecciones.

Los musiús

En este cuadro, va a ser muy difícil que el régimen pueda convencer a los gobiernos de los países industrializados que en Venezuela las elecciones serán limpias. Serán musiús, pero no son pendejos. Sobre todo después de las primarias del PSUV, brazo político del régimen madurista.

Con este proceso del PSUV se aceitó la maquinaria del Consejo Nacional Electoral. Las denuncias de fraude son dominio público. El número de electores no cuadra con lo que testigos presenciaron en los centros de votación. Por lo tanto para los observadores, la votación obtenida por los presuntos vencedores de la contienda, no los convence. Lo que deja en el ambiente el sabor de que este proceso fue una muestra de lo que sucederá el próximo 21 de noviembre. Además, no sería la primera vez.

Teniendo sobre la mesa los puntos antes expuestos, faltaría por mencionar tres aprehensiones o interrogantes que se tienen en el mundo sobre Venezuela:

  • ¿Cómo gobierna Maduro con el 20% de apoyo?
  • ¿Cómo la oposición con el 80%, no concurre a las elecciones?
  • ¿Después de 20 años, cómo el liderazgo de oposición no ha hecho nada para contrarrestar los fraudes que denuncia se cometen desde el CNE?

Entonces ….. ¿Diálogo para qué?

Eduardo Martínez, editor

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