Eddo Polesel: 23 de Enero 1958 y 4 de Febrero 1992

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Por: Eddo Polesel

Las dos fechas que, de una forma u otra, se celebran a principio de este año tienen para los venezolanos específicas significaciones, opuestas opiniones y distintas consecuencias. La significación de la primera, fue la salida del país de una dictadura militar y la entrada a un régimen democrático el cual debió enfrentar los ataques de la derecha militarista y de la extrema izquierda, apoyada ésta por el régimen castrista cubano dirigida por Fidel Castro. La segunda, de triste recordación, de la intentona que pudo ser controlada por el gobierno democrático y que termino por constituir un regreso a un sistema autocrático que ha militarizado al país con el inminente peligro de conducirnos a una dictadura castrista.
Las consecuencias y los resultados de la primera han sido reportados de una forma incompleta e injusta incluso por sus actores y corresponsables políticos. Ahora, en el tiempo de la revolución bonita -término que por cierto el Jefe revolucionario ha dejado de utilizar- la denominada cuarta república -que los demócratas llamamos la era de los gobiernos civiles- ha venido siendo vilipendiada tanto por sus detractores y especialmente por los que combatieron al naciente régimen democrático los cuales fueron vencidos en la década de los cincuenta. Y sucesivamente durante los gobiernos de los Presidentes Leoni y Caldera, los líderes de la subversión fueron objeto de indultos para darles la posibilidad que se encaminara por las vías democráticas; en cambio, sus principales beneficiados, abusando del trato recibido se mantuvieron sagazmente activos y al inicio de los ochentas, se han encargado de alimentar el filón antidemocrático comunistoide tanto dentro de las Fuerzas Armadas como en los partidarios del extremismo, con el objetivo de hacer lo que no llegaron a realizar con la táctica guerrillera firmemente combatida por el gobierno democrático del Presidente Rómulo Betancourt.
Quienes vivimos las experiencias de la primera fecha y sucesivamente de los cuarenta años siguientes, frente a la confusión que se ha creado, tenemos la obligación de dar testimonio de lo que fuimos testigo y también como actores, para que los jóvenes tengan –dentro de lo posible- informaciones fidedignas para poder tomar posición frente a la situación en la que se encuentra el país especialmente por la confusión creada por quienes después de trece años de gobierno pretenden justificar su proceder con el propósito de justificar las acciones cometidas para corregir los males heredados.
Debemos empezar diciendo que el 23 de enero de 1958 lo que se derrumbo fue un gobierno militar por cuanto la presión política y social obligo a las Fuerzas Armadas a quitarles el apoyo al General Perez Jimenez; con ese acto, que se deriva de la decisión tomada por los jefes de las cuatro fuerzas, reunidos en la Noche anterior en el Ministerio de  la Defensa (justamente del lugar en el cual en los fatídicos días del 4 de febrero de 1992 -treinta y cuatro años después- el Teniente coronel Hugo Chaves Frías dirigía la intentona en contra de un gobierno democrático). Así es como se da por concluido un sistema que pretendía mantenerse en el poder “respaldado” por un  plebiscito que resulto ser un fraude electoral.
Con las elecciones de 1998 se instala un gobierno que habiendo llegado al poder por vía electoral con la promesa de freír a los corruptos pretende destruir todo incluso lo positivo que se había logrado en los cuarenta años de gobiernos civiles. Por su puesto, los decretos que se conocieron una vez abortado el golpe, fueron la base de la progresiva instalación de un  régimen que se pretendió disfrazar como socialista del siglo XXI y que en la práctica ha venido cumpliendo el juramento profesado por el Líder a Fidel Castro que una vez en el poder llevaría a Venezuela por el mar de la felicidad al estilo de la Cuba castrista. Politizó a las fuerzas armadas y militarizo a la administración pública; Los centros de salud pública son un desastre; expropió y ahora no quiere pagar, ocupo de forma arbitraria a propiedades y destruyo el aparato productivo del país; acabo con PDVSA -perdimos un millón de barriles al día de producción de petróleo-, endeudó al país en forma irresponsable, llevo a la inflación a límites insoportables que reduce el consumo de alimentos, causó carestía de bienes alimenticios esenciales y una peligrosa y costosa dependencia alimentaria de fuente externa de aprovisionamiento. Nos entrego a ser supervisados por funcionarios de gobiernos “amigos”; en fin, está demostrada tanto la incapacidad de garantizar la seguridad del país por los secuestros que ya no se cuentan ni respetan a los diplomáticos acreditado en el país, y la delincuencia desatada está diezmando a los venezolanos sin esperanza que este flagelo se controle por cuanto se pretende minimizar la tragedia que se está viviendo. Y finalmente en lugar de freír a los corruptos lo está alimentando con jugosos manjares.
Lo que está a la vista no necesita mayores explicaciones por cuanto lo sufre no solo los castigados y/o opuestos al régimen sino todos los venezolano incluso de aquellos que esperan y sobreviven de las migajas de las misiones; y no hay aspecto de la vida que no esté expuesto a riegos, imprevisiones y castigos inmerecidos como los presos políticos y los reclusos sin ser procesados; es por ello que no se necesita hacer comparaciones ni referencia porque esto es algo que no está ocurriendo solo por incapacidad, hasta un cierto punto justificable o perdonable, sino que se corresponde a un proyecto que los responsables no pueden y no quieren hacer marcha atrás. Los venezolanos necesitamos rescatar la gobernabilidad democrática y la vía es una real y efectiva toma de consciencia y rechazar el mesianismo de los falsos profetas -uniéndonos y no rechazándonos- y la vía es re institucionalizar el país partiendo del principio del respeto a la pluralidad de las ideas siempre que se acepte el juego democrático.
No se trata de desconocer las dificultades sino que se debe rechazar -de plano- la exclusión que se ha venido practicando desde el gobierno que se ha convertido en un régimen. Durante los gobiernos civiles, que se sucedieron desde 1958 hasta 1998, dentro de las diferencias existía -de hecho- el principio de la cohabitación; es decir, todos los venezolanos que decidieron vivir en una democracia perfectible no se sentían excluidos a pesar de las diferencias; a ese régimen debemos regresar y perfeccionarlos: Ese es el mayor desafío que debemos vencer en este año 2012 porque, solo partiendo de la convivencia pacífica, será posible recuperar la paz y con ello un bienestar sustentable.

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