Por Domingo González Villegas
Siento, como un deber de responsabilidad absoluta, venezolanista y lleno de valores irrenunciables, seguir alertando hasta el cansancio, hasta la saciedad, que se debe tener especial cuidado con las demandas sobre sentidas, legales, honestas y nobles reivindicaciones salariales, ante un Estado insensible e insensato, que hace caso omiso a las mismas.
Así como también frente a necesidades tan sentidas como son la alimentación y la salud en general, pues es patente la imposibilidad de obtener un mínimo de alimentos y, menos aún, medicinas, con el menguado salario que nos ingresa y que cada día se angosta más.
El sentido común ha sido aleccionador: un aumento salarial sin políticas paralelas que tiendan a evitar el desenlace especulativo y la inflación maligna será, a más de insensato, de impacto descomunal y predecible atolladero peor a la actual situación.
De ahí mi angustia, no solo como economista/profesor de desarrollo económico, sino como miembro de esta comunidad a la que ve a diario ir en un holocausto permanente, por caminos intransitables en situaciones normales.
Alerta, pues, el remedio puede ser peor que la enfermedad.
* Profesor Universitario