Dolarizar: Cuando los deseos preñan

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Por Eduardo Martínez

Corría marzo del 2017 cuando Datin Corp presentaba su estudio de “Coyuntura País”: “el 57% de la población venezolana prefería recibir sus ingresos en dólares”; y “un 62% apoyaría convertir el dólar en la moneda oficial”. (Datin Corp marzo 2017)

La hiperinflación venía en ese momento galopando sin freno, y ya las estimaciones perfilaban el terrorífico futuro, que hoy en día es el presente que vivimos, con una inflación anual entre 1.500 y 2.000%.

Frente a estos deseos de la masa trabajadora venezolana, se impuso en los medios y la opinión pública la idea de dolarizar la economía. Los economistas conocidos abundaron en opiniones que casi acreditaban poderes mágicos al dólar. Para muchos de estos economistas la solución era el dólar “superhéroe”, lo único que podía controlar la espiral hiperinflacionaria que se nos venía encima.

Los ciudadanos hablaban de recibir en dólares sus ingresos. Los economistas –salvo contadas excepciones- hablaban de dolarizar la economía. Y como siempre, tuvo la razón el pueblo: había que dolarizar sueldos y salarios. Como se decía en la época de los Romanos: Vox Populi – Vox Dei (la voz del Pueblo es la voz de Dios).

Según Datin Corp, cerca de 18 millones de venezolanos lo veían así. Y unos cuantos “expertos” pensaron echando números sobre un papel, sin tomar en cuenta el bolsillo de los venezolanos. Porque hay que decirlo, esas soluciones de lápiz y papel tienen como consecuencia favorecer a los gobiernos y a los empresarios, en detrimento del ciudadano.

¿Y qué pensó el régimen de Nicolás Maduro?.

La respuesta fue muy simple para un régimen que genera complejidades con decisiones simples: permitió que corrieran los dólares en la calle. La escasez abarcaba todo tipo de productos. El régimen debía buscar una solución rápida.

Seguramente alguien, de la ortodoxia trayectoria marxista, les aconsejó que “se cobre en dólares, y cada quién traiga lo que se llevó. Así tendremos otros ingresos”. De esta manera se despenalizaron las transacciones en dólares, que estaban prohibidas desde los tiempos del difunto presidente.

La cosa no fue tan fácil. Se creó en un principio el falso ambiente de un bienestar. Cuatro años después, el salario mínimo y las pensiones –que nunca se dolarizaron- se encuentra en menos de 2 dólares al mes. Mientras la canasta familiar alimentaria supera los 300 dólares al mes. (Cendas junio 2021)

De verdad que el deseo de la dolarización preñó al país de mayor inflación, de menores salarios y pensiones, y finalmente, de una extendida miseria.

Esas propuestas de los expertos, lanzadas al boleo para a lo mejor lograr cobertura periodística, son difíciles de catalogar. ¿Inocencia, candidez, ingenuidad, exceso de teoría, irresponsabilidad, imbecilidad, desconocimiento, entre otras? Que cada lector saque sus conclusiones y adopte el calificativo que más le parezca.

*Editor – www.economiavenezolana.com

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