Del contexto adverso de las negociaciones

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Por Eduardo Martínez *

Las conversaciones en ciudad de México, entre representantes del régimen venezolano y la oposición, si bien despiertan esperanzas no terminan de convencer a unos y otros de lo que podrían ser sus resultados.

Hemos analizado con detenimiento, y con gran respeto por las opiniones, los que los venezolanos vienen señalando en sus cuentas en las redes sociales. Por supuesto, no tenemos acceso a los millones de cuentas que los venezolanos hoy en día tienen, por el simple hecho de poseer un celular inteligente.

En resumen, las esperanzas –que en momentos parecen estar disminuidas- se combinan paradójicamente con las insatisfacciones crecientes de la diaria realidad de vida del venezolano que habita en territorio venezolano.

Esa esperanzas e insatisfacciones empapan los pensamientos de los venezolanos, sean afectos al “proceso” o sean opositores. Y esto es más importante que la realidad que muestran las encuestas –todas ellas- que advierten que 3 de cada 4 venezolanos se oponen al régimen, frente a 1 de cada 5 que lo apoya. Todos están insatisfechos.

Sin embargo, no podemos ignorar las opiniones de los más de 6 millones de venezolanos que “tiraron la toalla” de la lucha diaria en Venezuela, y emigraron a otros países.

Tal vez menos del 1% pueden demostrar que son perseguidos por motivos políticos. El resto, ejerce su derecho a labrarse un mejor destino en otros lugares. En ambos casos debemos respetar su decisión de emigrar. Y ellos deben respetar nuestra decisión de quedarnos aquí.

No son familias completas las que se fueron. Quienes está afuera, es humano que sientan preocupación por los que dejó aquí. Es por ello que envían dinero con cierta frecuencia, y muchos –casi a diario- expresan sus opiniones en las redes.

Si sumamos las remesas que envían los venezolanos que se fueron, encontraremos que en este colapso económico que experimenta Venezuela, representa un importante ingreso de divisas al país en sus cuentas nacionales. Son algunos miles de millones de dólares, según estimaciones de economistas independientes. Por supuesto no compensan la pérdida de ingresos petroleros. Aunque resuelven en cierta medida las necesidades de numerosas familias venezolanas.

Pero regresemos a los venezolanos que vivimos en Venezuela. Nadie escapa de la inflación, que en el caso de los alimentos, el CENDAS supera el 1.423% anual. Nos damos cuenta cuando metemos la mano en el bolsillo para buscar el dinero para pagar por algún producto esencial. Muchas veces, no conseguimos ese dinero en el bolsillo.

No es fácil entender el impacto de una inflación tan grande, como para ser la mayor en el mundo. Algunos economistas advierten que toda cifra, que excede los 10 dedos de las manos, es muy difícil de comprender para la mayoría de las personas.

Tampoco es fácil entenderlo para los que se fueron y habitan en países con índices inflacionarios que pueden ser contados con los dedos de las manos. Sobre todo, si emigraron hace más de un lustro. Y no siquiera, para los que se fueron hace un año. Hay que vivirlo, para saber el sufrimiento que conlleva.

También ese estado de colapso del país afecta otros otros sectores de la vida diaria: agua, electricidad, transporte, comunicaciones, educación, puestos de trabajo, oportunidades, seguridad, etc.

Tal vez los que surfean sobre estos sectores en crisis, sean personajes que disfrutan su participación en las altas esferas del poder nacional, regional y local. Pero indudablemente, quienes son sus seguidores, resienten de ese bienestar que ellos -los de abajo- no tienen. Sufren igual que los otros, los de la acera de enfrente.

Por eso ellos también experimentan pensamientos de esperanza. Aunque la desigualdad de bienestar con sus jefes, los llena de insatisfacciones. Y es esto último, lo que explica la invasión de resentimientos que los envuelven. Algo muy peligroso para la estabilidad de un régimen, que ha hecho méritos propios para ser bastante inestable.

Es este el contexto que acompaña a las negociaciones en México. Lo que es preocupante por el inmediatismo del pensamiento de los venezolanos, que siempre quieren “para ya” las soluciones a los problemas. Soluciones que en esta oportunidad no están a la vuelta de la esquina, ni se ven todavía al final del túnel.

Este contexto debe llamar a la reflexión, tanto al régimen como a la oposición. No está claro, que la agenda descubierta de la negociación, interprete las necesidades de los venezolanos. Por eso decimos que el contexto es adverso.

No se puede seguir corriendo la arruga.

* Editor www.economiavenezolana.com

 

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