¿Cambio climático o mala gestión pública?

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Por Eduardo Martínez

En la última década el tema del “cambio climático” se ha vuelto viral, cada vez que se trata de dar una explicación ante un fenómeno natural. Sin embargo, el tema tomó cuerpo unos 40 años antes de eso, a mediados de los años 70, en momentos en que se comenzaba a conocer un tema  poco tratado en ese entonces: la ecología.

El ingeniero Miguel Navarro Duymovich señala que se ha producido un cambio climático en nuestro planeta, “solo cuando una o más variables climáticas (radiación solar, temperatura, lluvias, humedad atmosférica, viento) toman valores por encima o por debajo de los promedios históricos de las mismas. Este fenómeno viene manifestándose en el mundo desde la década del 70 y se acentuó a partir de 1990. Esta modificación del clima es una consecuencia directa de un calentamiento global del sistema climático. La temperatura media del aire se ha incrementado en los últimos 130 años en 0.6°C en promedio, para todo el planeta”.

Este tema en manos de los académicos, como el profesor Navarro es una cosa; en manos de los políticos que gobiernan, o con aspiraciones de gobernar, adquiere otros matices.

Veamos el caso del deslave de Vargas de 1999, cuando luego de 15 días de lluvia se se iniciaron “una serie de deslaves, inundaciones y aludes de tierra que afectaron gran parte del estado Vargas”, reportaría El Diario de Caracas.

Carlos Genatios, ministro de Ciencia y Tecnología para la época, presentó un estudio (2010) en el cual relató que se estimaba “que 70% de la población y 30% de la infraestructura del estado Vargas resultaron afectados por el desastre natural, que fue catalogado en el libro de Récords Guinness como el alud de tierra que ha dejado más víctimas mortales en el mundo”.

En el estudio, explicó “que las condiciones geográficas de la entidad costera fueron determinantes debido a que la distancia entre la montaña y el mar era menor a 10 kilómetros”. Detallando “otros cinco aspectos relacionados con la falta de planificación en el estado: desarrollos urbanos desordenados, invasión ilegal en el parque nacional El Ávila, construcciones informales en terrenos con riesgo de deslizamiento, desarrollos urbanos en sectores con cruces de ríos e inexistencia de obras hidráulicas en control de torrentes”.

Si bien durante 15 días se produjeron precipitaciones de lluvias intensas – 911 mililitros en solo tres días (13,14 y 15 de diciemmbre)- los expertos señalaron que lo causado por esa excesiva lluvia fue  responsabilidad de las autoridades nacionales, regionales y locales.

Es así que un cambio climático pudo haber causado tal cantidad de lluvia. Pero fue la mala gestión de las autoridades, lo que permitió las terribles consecuencias.

Lo que dicen las crónicas y la historia

Si bien el “Deslave de Vargas” ilustra el tema, en la historia se encuentran desastres o sucesos naturales que hoy en día le serían adjudicados al cambio climático, como producto de la contaminación y el calentamiento global.

Uno de esos casos llega a nuestros días en el Antiguo Testamento, en la Parábola de José y las Vacas Gordas. Escrito en el Génesis 41, cuenta de cuando le consulta a José la interpretación de un sueño del Faraón, en el cual 7 vacas gordas era devoradas por 7 vacas flacas.

José interpretó que, a siete años de abundancia, seguirían siete años de hambruna. Por lo que recomendó acopiar bienes durante los años buenos.

Cuando los tiempos van bien, nadie suele quejarse. Cuando van mal, hay que echarle la culpa a alguien. Y si ese alguien es un ente sobrenatural o no es humano, mejor. Por lo menos así suelen también pensar los políticos.

Da para ello la viralidad del cambio climático: las 7 vacas flacas son la culpa del calentamiento climático. Mientras el mundo, desde que es mundo, y es lo que nos cuenta la Parábola de José, el buen administrador de los asuntos públicos debe acopiar lo de los años buenos, en atención a la posibilidad siempre presente de que vengan años malos.

A veces no se puede evitar que vengan los años de vacas flacas. Pero lo que si se puede hacer es minimizar las consecuencias.

En Vargas, de haceerse cumplir las normas y manetenerse los causes de los ríos y la infraestructura, no habrían muerto más de 10 personas y miles de personas no habrían perdido sus vivencias y posesiones.

También en la historia del Siglo XIX encontraremos a Bejanmín Disraeli, político inglés a quien se le atribuye una frase de lo que ocurre periódicamente en la naturaleza.

La anécdota señala que luego de una pérdida de elecciones, Disraeli se dispuso a viajar de vacaciones a Europa, en momentos en que se producía el cambio de gobierno.

Un partidario que lo vió partir le preguntó que còmo se iba en tal circunstancia. A lo que Disraelí le habría contestado: “Vamos a dejar que empiecen a gobernar. La historia de Inglaterra nos dice que llueve demasiado o hay una sequía prolongada. Eso es lo que pasa siempre. En ambos casos, se producirá escases de alimentos, y vendrá una hambruna. Bueno, para ese entonces, ya yo estaré de regreso”.

No es nada nuevo

En la historia de la humanidad encontramos otros casos que nos señalan que fenómenos naturales se repiten con frecuencia, en lo que llamamos “ciclos”. Ciclos que pueden tardas en presentarse de nuevo en poco tiempo o en mucho tiempo. Tal vez el llamado caletamiento global acorta los tiempos. Auqnue debemos tener presentes que no son fenómenos nuevos. Siempre ha habido terremotos, volcanes en erupción, inundaciones, deslaves, huracanes, tornados o es que ¿el Diluvio Universal no ocurrió hace miles de años?.

 

Para la elaboración de esta nota, se consultaron los siguientes trabajos:

https://www.unicen.edu.ar/content/el-cambio-climático-origen-y-consecuencias

 

https://eldiario.com/2020/12/15/tragedia-de-vargas-claves-para-entender-que-ocurrio/

 

http://www.acading.org.ve/info/publicaciones/TRABAJOS_INCORPORACION/TI_CARLOS_GENATIOS1.pdf

 

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