Víctor maldonado: Juego inconcluso

Por: Víctor Maldonado C.

El año 2012 no resolvió nada. Transcurrió como un largo velorio en el que por esa misma razón se subordinaron los problemas reales a una expectativa que algunos deseaban y otros temían. La enfermedad presidencial y el esfuerzo del régimen por negarla sistemáticamente fueron nubarrones que acompañaron al país y envilecieron la acción política.

Todos jugaron a la lástima, encabezados por supuesto por el mismo Hugo Chávez que hizo una campaña aparentemente heroica pero que a la luz de los resultados fue irremisiblemente estúpida porque aceleró su gravedad y lo dejó exhausto e incapacitado para seguir ejerciendo ese poder que lo ha endiosado pero que a la vez lo ha convertido en su siervo. Los mismos nubarrones nos han hecho creer a nosotros que aun habiendo perdido, no una sino dos veces, todavía tenemos el chance del barajo sin que medien esfuerzos reales para plantear una alternativa eficaz y una organización suficientemente robusta como para enfrentar esta circunstancia asimétrica que llena los vacíos de talento con recursos financieros ilimitados.

El velorio, presentado al país con el formato de telenovela latinoamericana, ha reducido todos los argumentos a una sola escena, al parte médico que nunca llega, a esas incomprensibles cadenas en las que el vicepresidente se contradice impúdicamente con su ministro de información que cuando habla dice hacerlo por instrucciones precisas de ese vicepresidente. Al rato aparece a veces como antagonista y otras tantas como intruso el flamante presidente de la Asamblea Nacional. El contraste entre su guayabera roja y el traje oscuro de encargado del gobierno es algo más que un detalle de moda. Es que la facción militar, pragmática y supuestamente dueña y protagonista de la revolución hace fintas para indicar dos cosas: que ellos son los herederos legítimos del extremismo revolucionario y que no van a permitir que la camarilla civil, especialmente plegada a los dogmas castro-comunistas, se quede con el coroto. Lo realmente impresionante es que sus antagonistas piensan exactamente lo mismo. Claro está que como las circunstancias lo exigen, en el transcurso del velorio todas esas pugnas están sometidas a la presión de la cordialidad y el temor a una inesperada resurrección del presidente que seguramente lo haría disfrazado con el uniforme de la venganza contra todo aquel que haya siquiera pensado en contradecir su plan de batalla. Al parecer es una constante en todas las agonías de los tiranos: sus camarillas no se atreven a ir más allá. Y para mantener ese “status quo” son capaces de ser crueles y despiadados con su líder. Para mantenerlo vivo descuartizan su cuerpo, le niegan una salida digna y le impiden el descanso. A todos ellos el maltrecho presidente les sirve más vivo que muerto, por ahora.

Lamentablemente esta obsesión velatoria en la que está sumido todo el país deja por fuera la capacidad resolutiva de los problemas reales, aquellos que tienen que ver con la vida y los bolsillos de la gente. Porque las circunstancias económicas y políticas no se detienen en consideración de la salud presidencial sino que se agravan con él, ahora gracias al descuido deliberado y a la sensación de provisionalidad que cubre a todo el territorio nacional. No hay funcionario que no se encuentre involucrado en estos juegos de poder y que por lo tanto considere que lo único vital que tiene entre manos es “caer parado” en esta trama, quedar de lado de los que van a seguir gobernando. A nadie en su sano juicio le puede caber en la cabeza que un régimen provisional tome medidas impopulares. Ni devaluaciones, ni aumentos del precio de los servicios públicos. Más probable sería una mayor ralentización de todas las variables bajo la advocación del mientras tanto, esperando que a la larga se resuelvan los dramas sucesorios y alguien por fin se dedique a las difíciles tareas del gobierno. Por eso ese silencio del resto, ligeramente interrumpido por los cortos discursos de los gobernadores electos, obligados al acto público en el que ellos no son los protagonistas sino el relleno.

El 2013 se abre entonces como una inmensa oportunidad resolutiva. Pero para eso hay que hacer mucha política. Los de allá tendrán que revisar sus cartas. Y los de aquí reconocer que un nuevo juego se está abriendo, y que este exige una rápida recomposición de las alianzas y de esa unidad que dista mucho de ser emocional y organizacionalmente perfecta. Si algo deberíamos exigirle a los líderes políticos es que comiencen a entender la dinámica de un juego que es más rápido que su capacidad de respuesta. Lo que algunos critican con razón es que dejen pasar tantos “flaicitos” sin siquiera hacer  el amago respectivo porque en mucho esa lentitud esconde una arrogancia y carencia de empatía que provoca repulsa y angustia.  El 2013 será conclusivo. Dependerá de nosotros cómo resulte el desenlace.

e-mail: victormaldonadoc@gmail.com

Deja un comentario

*

Get Adobe Flash playerPlugin by rafaelmourad.com wordpress themes