Horacio Medina: Petróleo y política: OEA, Petrocaribe y Pdvsa

horacio-medina (1)por Horacio Medina

El 2 de febrero de 1999 cuando el difunto comandante asumió el poder, tenía muy claras sus prioridades. Desde el mismo momento de la juramentación, en el extinto Congreso, comenzó a poner en práctica el plan trazado:

a. La Constituyente para destruir el poder constituido que debía ser suplantado por un poder Constituyente que, a su vez, le permitiría armar un tinglado que, a muy corto plazo, le facilitaría tomar el control de las instituciones y, por ende, tomar el control de todos los Poderes.

b. De igual modo, dio inicio al proceso orientado a la toma de la institución castrense. Allí, la política de ascensos, el acceso selectivo al enriquecimiento corrupto sin sanción aparente, pero a muy alto costo pagadero con sumisión, además del allanamiento de la resistencia institucional al apoyo a las FARC y la intromisión cubana, señalaron su camino.

c. De manera simultánea, movía las primeras piezas para poner en práctica las acciones radicales necesarias para la captura total de la maquinaria y el mecanismo que le permitiría garantizar el plan: la toma de PDVSA y el control absoluto de la renta petrolera.

Sobre este último punto, mucho había sido discutido y adelantado, por quienes se propusieron tomar el poder por la vía electoral, aprovechando el estado minusválido de la democracia venezolana en la década de los 90’. PDVSA y el Ministerio habían sido penetrados por pequeños grupos que trabajaban en las sombras. Sin duda que este pequeño grupo recibió un impulso adicional inesperado que facilitaría su trabajo y lo haría menos evidente. De manera sucinta, por cuestiones de espacio y prioridades, trataremos de resumirlo.

No cabe ninguna duda que PDVSA también había sido afectada por el deterioro en la conducción política del país y por las desacertadas políticas económicas que incluían la pésima administración y distribución de la renta que, por supuesto, se tradujo en un evidente menoscabo de la situación social, en especial en los sectores populares (caracazo pej).

Era necesario un cambio estructural en PDVSA. Surgió entonces la transformación como vehículo. ¿Pero cuál transformación? Ese era el tema a debatir para buscar un acuerdo de consenso. Sin embargo, no fue así. Los acontecimientos políticos se precipitaron y una urgencia no justificada, de acuerdo a nuestra opinión, impulsó una solución que no contaba con el consenso interno. Sin embargo, la decisión fue tomada, lo cual podemos entender (se tiene el poder de decisión para ejercerlo). Pero la instauración y asentamiento de la transformación tuvo fallas estructurales que dejaron en el camino huellas profundas que, a muy corto plazo, se tradujeron en resentimiento y sed de desquite. Allí actuaron los infiltrados y, muy pronto, estos sentimientos encontraron en el nuevo gobierno un posible vehículo para la revancha.

En PDVSA se nombró como primer Presidente del nuevo gobierno, una figura incuestionable, de trayectoria amplia y que generaba confianza. Una figura que había sido afectada en el proceso de transformación o, cuando menos, así lo sentía. Sin embargo, tras bastidores el trabajo requerido para la toma avanzaba, conducido desde el Ministerio por uno de los ideólogos fundamentales del proceso: Alí Rodríguez Araque.

El avance se producía pero con resistencia y dificultad, de modo que se hacía necesario acelerarlo. La descarada violación de los términos y condiciones establecidas, de manera legítima por el gobierno, en el acuerdo de Caracas con Cuba que garantizaba el suministro de 53 mil barriles por día de crudo y productos a la isla, surgió como el detonador de la crisis que subyacía a lo interno, por más de dos años. La historia, al menos la oficial, ya se conoce y el resultado: la toma de PDVSA (realmente solo un requisito para el control total de los recursos y de la renta petrolera). De nada valieron las advertencias que se hicieron en el momento (no hay peor sordo que le que no quiere oír), sobre el objetivo de un gobierno no democrático, autoritario y militarista con una profunda convicción totalitaria del poder.

Doce años después, los recursos de hidrocarburos de la Nación, PDVSA y la Renta han servido para mantener y financiar un modelo fracasado. También han servido para comprar conciencias dentro del país y ganar el apoyo interesado de empresas estatales y privadas internacionales, pero además, han servido para garantizar el apoyo o la neutralidad política, por vía del chantaje del suministro y la creación de una amplia red de corruptelas de dimensiones hemisféricas o, tal vez, mundiales.

La reciente reunión de la Organización de Estados Americanos (OEA), ha servido como colateral, para que muchos ilusos o ingenuos (auténticos o farsantes), pudiesen entender que Petrocaribe fue convertido en un instrumento perverso de corrupción y de chantaje, plenamente sustentado en “el apoyo y la solidaridad para las naciones del Caribe y Centroamérica”.

Al margen de haber comprendido esto, parece no entenderse el asunto de fondo. Desde la alternativa democrática se produce un discurso que, aunque correcto, está fuera de contexto. “Venezuela no regalará más petróleo, esto se acabará con el nuevo gobierno”. Lo que se traduce, es se acabará Petrocaribe, lo cual consideramos un error grave. Veamos.

Esta organización no fue una creación del iluminado difunto o del iletrado Ministro/Presidente. Petrocaribe, es la derivación del Pacto de San José (por la capital de Costa Rica, en el cual participaban México, Colombia y Venezuela) con una visión “teórica” más amplia y válida, pero con un trasfondo político perverso. La descripción de sus objetivos (teóricos aparentes) ustedes los pueden encontrar en su página web, sin embargo, hemos querido rescatar esta frase para elaborar sobre el punto: “Hoy, esta iniciativa de integración regional suma 18 países agrupados por la solidaridad e inspirados en la independencia y soberanía de los pueblos.”

Es evidente que ninguno de los países que integran la organización cree en eso “de independencia y soberanía”, al contrario están conscientes que el recibo productos y algún volumen de crudo, en condiciones que más parecen un regalo condicionado, se hace a costa de entregar una parte importante de su independencia política y su soberanía en las decisiones internacionales. Tampoco podríamos pensar que alguien pueda todavía pensar en el carácter solidario y filantrópico de la “ayuda de Cuba” a Venezuela, cuando esa isla recibe 105 mil barriles diarios de crudos y productos, cuyos excedentes exporta como producto de Cuba y lo incluye en sus rubros de ingresos de divisas. Además, de la obligación de Venezuela de pagar en efectivo las cuentas de los “médicos y entrenadores”.

Es necesario revisar el discurso y la propuesta. Incluso para los Estados Unidos no sería conveniente, un cese del suministro porque ocasionaría un desequilibrio en Cuba y en mucha naciones del Caribe. Por lo contrario, estimamos que el “descuido premeditado” de los Estados Unidos hacia estos países nos abre una puerta importante para establecer una relación comercial de “ganar-ganar” que permita en realidad a esas naciones progresar y a nosotros obtener beneficios de ese progreso, tanto en lo económico como en lo político, sin tener que recurrir a la detestable práctica del chantaje que estos “robomalandros” aplican.

Se trata de producir un documento claro y preciso, de rescatar el espíritu del Pacto de San José que favorecía inversiones de empresas venezolanas privadas en los países signatarios para el desarrollo de áreas de prioridad social, de proyectos de clara inversión social: acueductos, generación eléctrica, agroindustria, etc. Inversiones que potencien el desarrollo de esos países de economías precarias y que paulatinamente puedan pagar por la energía. En todo caso, garantizar que los beneficios que se deriven de estos barriles lleguen a los pueblos y empresarios venezolanos crezcan y se desarrollen, lo cual significa, de manera indirecta, progreso para nuestro país.

En nuestra opinión esa sería una propuesta razonable (“fair”) que ofrecería una alternativa para los países de Petrocaribe que les permitiría liberarse del yugo de chantaje al cual hoy están sometidos, más allá que algunos usen esos recursos también para negocios oscuros y poco ortodoxos. Comprendamos que pagar más de 1,2 $/L de gasolina para economías tan precarias, es casi un imposible, más allá de las corruptelas que deben ser reducidas a su mínima expresión y eliminadas.

Nos proponemos continuar elaborando sobre este punto, incluyendo la posición ante Cuba, Brasil, Colombia y México, en materia energética.

PD. Nuestro reconocimiento a los gobiernos de Honduras y Guatemala miembros de Petrocaribe que no votaron en la OEA con el régimen de Venezuela. Algunos radicales solo atinan a decir que esos países no se benefician de Petrocaribe por posiciones políticas del pasado, cierto. Pero su posición al lado de la democracia, probablemente cerró el camino para recibirlos.

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