Charito Rojas: Venezuela habló

por Charito Rojas

“Tengo gran miedo a estos congresos constituyentes, que no teniendo reglas ni ley alguna, hacen lo que les da la gana”.

Mariscal Antonio José de Sucre, en carta dirigida a Simón Bolívar desde Chuquisaca, Bolivia, el 6 de junio de 1826.

El domingo 16 de julio, los venezolanos en una demostración contundente de fuerza y civismo enviaron un clarísimo mensaje de rechazo a una constituyente madurista, a una Fuerza Armada divorciada de su rol protector de la nación y a la agresión a la Asamblea Nacional y la institucionalidad.

Un mandato imponente de 7 millones 676 mil 894 venezolanos en Venezuela y el mundo, que debe ser escuchado y acatado por un gobierno sostenido sólo por una cúpula militar sospechosa de corrupción y narcotráfico. Porque votos y plata, ya no tiene.

“Ésa es una consulta interna de los partidos de la derecha” dijo Maduro y repitieron los loros… sin pensar que si esos partidos tienen en el buche más de siete millones y medio de votantes, pues el gobierno se las verá de cuadritos para ganar cualquier elección. A menos, claro, que hagan fraude. A menos, claro, que se lancen la cruzada de llegar a unas elecciones con menos del 20% de apoyo partidista y menos del 12% de apoyo a la constituyente y pretendan cambiarnos la constitución con ese puñito de votos.

La jornada del 16 de julio fue gloriosa para los demócratas venezolanos: demostraron su capacidad para organizarse, entenderse, proveerse de logística, conseguir una meta sin tropiezos. Se demostró también que el plan República se ha convertido en un estorbo y no en un apoyo para el orden. Se demostró que el CNE convierte en una carrera de obstáculos estorbosos cualquier elección.  Se demostró que la elección manual es rápida y segura: en horas se contabilizaron millones de votos en Venezuela y el exterior.

De esta experiencia los venezolanos concluyeron que la oposición democrática pudo realizar esta consulta abierta a todos los ciudadanos en Venezuela y en 430 ciudades en el mundo en apenas 15 días, mientras el CNE necesitó más de 8 meses de idas y venidas para terminar anunciando que no había tiempo para hacer el referendo revocatorio solicitado por millones; sin contar con publicidad en los medios de comunicación masivos por la prohibición del gobierno (que en cambio dispone de toda la red pública y privada para sus mensajes publicitarios a favor de la constituyente, además de hasta cuatro cadenas diarias de tiempo ilimitado); sin presupuesto para realizar la consulta mientras el gobierno gasta millones en su espuria constituyente; levantando la logística a puro pulmón, con donaciones privadas y colaboración de los participantes; informando al país y a la diáspora criolla en el exterior a través de las redes sociales y los conversatorios cara a cara, casi como única vía de promoción.

La consulta empodera a la oposición, fortalece a un liderazgo joven y dinámico que está en la primera línea de acción, pone en evidencia  al paquidérmico y malintencionado CNE, ridiculiza la paranoia militar y confirma que las elecciones manuales son mucho más rápidas y seguras, decretando así la muerte de las smartmatics y de la baranda trasnochadora de las tan irreversibles como oscuras cuentas del aquelarre rectoral.

La consulta también sirvió para poner en las primeras planas mundiales la violencia y abuso que sufren los ciudadanos venezolanos. El pacífico día solo se vio manchado por la aparición de colectivos armados que dispararon a mansalva sobre la cola de firmantes en un punto de Catia, cercano a la Iglesia del Carmen, donde casualmente estaba ofreciendo una misa en honor al día de esta advocación mariana que es el 16 de julio, el cardenal Jorge Urosa Savino. Una señora muerta y tres heridos de bala fue el saldo del artero ataque. Los vídeos muestran a los PNB con cascos y escudos haciendo plantón a un lado de la iglesia, sin intervenir para detener a los violentos, mientras más de 200 personas corrían a refugiarse en la iglesia, donde permanecieron más de dos horas bajo la protección de los clérigos y el cardenal.

El lunes 17 de julio los principales medios del mundo abrían sus primeras planas y los titulares de los informativos con la increíble noticia de que los venezolanos, que hicieron notar en 70 países su presencia y su protesta contra el régimen de Nicolás Maduro, hubiesen realizado una jornada electoral, donde no elegían a nadie más que a su democracia perdida, organizada por ellos mismos de manera impecable y con una pasión que hoy muchos admiran. También resaltó la tragedia del exilio provocado por una terrible situación país, provocada por una revolución fracasada que acabó con la seguridad jurídica, con la liberta y la prosperidad. Los 102.000 votos del sur de la Florida, los más de 90.000 de España, revelan la masiva presencia de desplazados, provenientes de un país donde la gente no emigraba nunca.

Esa imagen hermosa de un pueblo luchando pacífica y democráticamente contrasta con un presidente que dice que lo que no logre con votos, lo conseguirá con las armas. Con un Adán Chávez que ofreció defender con las armas el legado de su finado hermano; con un Arias Cárdenas que reta a la oposición a acercarse con fusiles para responderle con fusiles (¡!); con un Diosdado Cabello que desesperado por conservar el poder, ofrece arrancarles la cabeza a la fiscal y a los diputados y meter a todo el mundo preso, al llegar él a la constituyente, mientras que Mario Silva hace su oferta candidatural: “caerles a coñazos a todos los opositores” (sic).

Millones de votos contra el gobierno tambalean las pocas ayudas internacionales que restan al régimen: Rusia no quiere pronunciamientos públicos a favor sino el cumplimiento de las obligaciones de su deudor. Cuba está negociando su supervivencia, como siempre ha hecho, al mejor postor, que no es precisamente Venezuela. Santos ve la oportunidad de deshacerse del molesto vecino, Trump amenaza con sanciones que tal vez no cumpla, pero asustan. La Unión Europea, la ONU y la OEA le dan un buen consejo a Maduro ante la peligrosa catástrofe que se avecina si no accede a suspender una constituyente que ni los mismos chavistas aprueban.

Al borde del precipicio, este presidente de comiquita ya no halla qué decir, repite y repite que la constituyente es para la paz, cuando es evidente que guerra es lo que provoca; saca del sombrero unos candidatos que parecen una comparsa de carnaval y los ridiculiza en cadena ante el país. “Buenos deseos no empreñan” dicen y yo agrego: la democracia no debe estar peleada con un baremo mínimo para cualquier cargo. Todos podemos votar y elegir, pero debe haber unas condiciones para ser elegido, que garanticen la aptitud para el cargo. Para muestra, el botón del presidente.

El mandato de la consulta marca una escalada de acciones que no se detendrán hasta lograr la suspensión de la convocatoria constituyente. Si el gobierno quiere una salida, deberá desistir. Si quiere que el país le estalle en la cara -aun más-, que siga en su imprudente camino provocador. Todas las fichas están sobre la mesa. Sobrevivirá quien sepa jugarlas como quiere la mayoría indiscutible.

Charitorojas2010@hotmail.com

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